El área de Traumatología, este domingo, durante la atención a los heridos del siniestro ferroviario de Adamuz.
"La primera cirugía fue una amputación": la noche de terror en el hospital que atendió a los heridos del accidente de tren
Elena García, directora médica y coordinadora del plan de catástrofes del Hospital Reina Sofía de Córdoba que gestionó el siniestro ferroviario: "Tuvimos que afrontar un pico asistencial de 58 heridos". "Montamos 30 quirófanos".
Más información: Juan, víctima del accidente de Chinchilla en 2003 en el que perdió 9 dedos: "El tren de Adamuz ha hecho el 'látigo'"
Elena García recuerda que “desde los 8 años” quería ser médica “por vocación”. Tales palabras no son un cliché. Así lo demostró este domingo, cuando regresaba a casa tras visitar a la familia y nada más ser informada de que dos trenes habían colisionado en Adamuz, no lo dudó un segundo: se marchó a trabajar al Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba.
“Cogí mi fonendoscopio, el iPad y le dije a mi hija que no me esperase”. “Lo primero que pensé fue en ayudar a los heridos”. Esta afirmación define a esta doctora y pone de manifiesto que el mayor activo que tiene la sanidad pública española son sus profesionales.
“Hubo compañeros que terminaron su guardia y se quedaron a ayudar, pero también hubo otros que vinieron desde sus casas para ponerse a trabajar”, tal y como relata Elena García, directora médica del Hospital Reina Sofía y coordinadora del plan de catástrofes que se activó este domingo, después de producirse uno de los mayores siniestros ferroviarios en la historia de nuestro país con 42 fallecidos y 170 heridos.
- ¿Cuál es la imagen que se le ha quedado grabada cuando llegó al hospital este domingo?
- Elena García: Me encontré a un ejército de sanitarios en el vestíbulo del servicio de urgencias, esperando a que empezasen a llegar los heridos. Estaban todos los profesionales preparados para clasificar a los pacientes en la misma puerta de urgencias, atendiendo a su gravedad.
También estaban organizadas las líneas de atención con personal de todas las especialidades: Urgencias, UCI, Servicio de Cirugía, Traumatología, Enfermería… Había hasta celadores y limpiadoras que estaban dispuestos a ayudar. Todos estábamos esperando a que llegase la primera ambulancia.
La doctora Elena García, directora médica y coordinadora del plan de catástrofes del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba.
Del primero al último miembro de la plantilla de este hospital eran conscientes de que se iban a enfrentar a una emergencia inédita.
Lo sabían desde el mismo momento en el que se les informó de que a las 19.39 horas del domingo, un tren Iryo de alta velocidad había descarrilado, con 317 pasajeros a bordo, mientras cubría la ruta Málaga-Madrid, y que tras invadir la vía contigua había impactado contra un Alvia, con 184 pasajeros, que cubría el trayecto Madrid-Huelva.
“Algunos heridos llegaban al hospital trasladados por vecinos de Adamuz”. “El cribado de los pacientes se hacía en la misma puerta de urgencias”. “No podíamos perder ni un minuto”, subraya la doctora Elena García (Sevilla, 1975) en una entrevista con EL ESPAÑOL.
Hubo subdirectores empujando camillas por los pasillos; enfermeras ejerciendo de psicólogas para tranquilizar a los familiares de los heridos que llegaban al hospital; cirujanos atendiendo traumatismos; personal de farmacia repartiendo suero a pie de box…
“De media, un domingo solemos atender a 400 personas a lo largo del día, pero de repente, tuvimos que gestionar un pico asistencial de 58 heridos procedentes de los trenes”. De hecho, el accidente ferroviario de Adamuz ha sido el suceso de mayor envergadura al que se ha enfrentado el Hospital Universitario Reina Sofía desde que abrió sus puertas en Córdoba en el año 1976.
Una vista aérea del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba.
“Hemos vivido otras eventualidades, como un incendio que afectó al hospital, obligando a evacuar una zona, o un accidente de un autobús que cayó al río, pero eran situaciones que teníamos dimensionadas. Esta es la primera catástrofe de estas características porque no sabíamos lo que nos iba a llegar a urgencias ni lo que iba a durar esta emergencia”, según confiesa la directora médica del hospital de referencia en la provincia.
La doctora García se conoce cada palmo de este complejo porque empezó a recorrerse sus pasillos en el año 2000, para hacer su residencia en Pediatría, especializándose en Nefrología Pediátrica, hasta ascender a la cúspide directiva a base de currar mucho. “Nunca había participado como profesional de base ni como miembro del equipo directivo en la activación del plan de catástrofes del Reina Sofía”, insiste.
Este domingo se estrenó a lo grande porque le tocó coordinarlo y tomó la decisión de activar el plan de catástrofes, nada más ver el amasijo de hierros en el que quedaron reducidos varios vagones del Iryo y el Alvia, a la altura del edificio técnico del AVE en Adamuz.
“Puse la televisión para visualizar lo que había ocurrido”, recuerda la doctora García. “En la primera conversación que mantuve con el gerente del hospital, ya vimos que la dimensión de la tragedia podía ser grande y tendríamos que preparar el hospital para atender a muchos heridos en las áreas más sensibles: Urgencias, Traumatología, Críticos, Quirófanos…”.
Prueba de ello es este dato demoledor: el Hospital Universitario Reina Sofía tenía preparados 3 quirófanos para adultos y 3 para niños, este domingo 18 de enero, pero se vieron obligados a habilitar sobre la marcha la friolera de 30 quirófanos. “La primera cirugía que hicimos fue una amputación”, tal y como precisa la directora médica.
Un grupo de sanitarios, este domingo, durante la activación del plan de catástrofes por el accidente de los dos trenes.
El inicio de la gestión de esta emergencia advirtió a cada médico y a cada enfermera de que se enfrentaban a horas muy críticas, desde que atendieron al primer herido del siniestro ferroviario a las nueve de la noche.
Eran dantescas las lesiones que presentaban los supervivientes del choque de trenes que llegaban a urgencias: perforaciones en los pulmones; amputaciones de miembros; daños en órganos internos, como el bazo; laceraciones hepáticas; politraumatismos; fracturas en extremidades; neumotórax: traumatismos craneoencefálicos...
“Podían necesitar una transfusión de sangre, una cirugía o una prueba diagnóstica, así que teníamos que clasificarlos de manera inmediata para asignarles un circuito asistencial”, según explica la doctora García, sobre las dificultades con las que lidiaron desde lo más básico en la gestión de una emergencia, como el triaje médico. "Algunos pacientes no podíamos ni identificarlos porque llegaban inconscientes”.
- ¿Qué supuso la activación del plan de catástrofes?
- Elena García: Vinieron servicios enteros al hospital. Al menos, 100 sanitarios. También ampliamos nuestros puestos de UCI, habilitamos 30 quirófanos y movilizamos a los equipos de salud mental para atender a los familiares de los heridos. Además, avisamos a los puntos de urgencias extrahospitalarios por si les teníamos que derivar pacientes leves que no estaban relacionados con el accidente de los trenes.
Este no fue el momento de mayor colapso del hospital, gracias a la movilización que hubo y al compromiso de sus profesionales sanitarios. Unos se dedicaron a atender pacientes y otros a gestionar los recursos asistenciales. Entre todos, hicimos una cadena humana perfecta.
- ¿Cómo es posible que un sanitario no colapse ante semejante avalancha de heridos de una tacada?
- La clave está en el sentido de responsabilidad de los profesionales, la vocación y la colaboración entre especialidades. Nadie colapsó porque todos nos sentíamos respaldados, veíamos que no estábamos solos y trabajábamos en equipo, a pesar del terror de lo que estábamos viviendo y el drama que estaban sufriendo las familias de los pacientes.
Pero no nos sentimos satisfechos porque hubo algunos heridos que se quedaron atrás, no llegaron al hospital y fallecieron. Nos quedamos con la pena de no haber podido llegar a más personas.
El tren de Iryo tras descarrillar, impactando contra un Alvia de Renfe.
- ¿Cómo se saldó el parte asistencial del domingo?
- Elena García: En total, se atendió a 58 heridos y más de la mitad ya han podido regresar a su casa, tras recibir el alta médica. No murió ninguno de esos 58 pacientes. Pero todavía tenemos ingresados a 19, entre adultos y niños. Algunos de los pacientes están en la UCI, entre ellos, una niña, y otros están en Traumatología o Neurocirugía.
Los 112 heridos restantes fueron derivados a otros centros sanitarios, atendiendo a sus lesiones de menor entidad o por criterios de proximidad. Este martes, el rey Felipe VI y la reina Letizia visitaron el Hospital Reina Sofía de Córdoba, para mostrar su apoyo a los supervivientes de esta tragedia ferroviaria, muchos de los cuales son vecinos de Huelva.
Además, los Reyes de España aprovecharon para felicitar al personal sanitario por su labor el 18-E y por el buen desarrollo del plan de catástrofes del centro hospitalario.
- Un sanitario no es un superhéroe ajeno a la huella emocional que deja un siniestro de esta magnitud, ¿cree que algunos necesitarán asistencia psicológica tras vivir una noche así?
- Elena García: Seguramente, la vamos a necesitar. El mismo día, sobre el terreno, lo comentamos en el equipo directivo. La situación era horrorosa y es importante que todo el mundo tenga la sensación de que el trabajo que hicimos era el que debíamos hacer, eso es salario emocional y la mejor medicina. Hemos planteado varias acciones que desarrollaremos con los profesionales del Reina Sofía durante las próximas semanas.
Los reyes Felipe VI y Letizia, este martes, visitando el Hospital Reina Sofía de Córdoba.
- ¿Qué lección le deja el haber activado por primera vez en 25 años de carrera profesional el plan de catástrofes?
- Elena García: Los profesionales, para no colapsar, se tienen que ver apoyados y que nunca les falten recursos suficientes porque tenemos que pensar que estas cosas pueden ocurrir. Tenemos que estar preparados y con la disponibilidad del personal que siempre reclamamos en sanidad porque para trabajar bien, tiene que haber gente suficiente para evitar el agotamiento y el cansancio en las guardias de urgencias.
Hay que entrenar estas situaciones porque ocurren poco, pero nos desplazamos mucho en alta velocidad y no somos conscientes de lo que cuesta montar un plan así.
Cualquier accidente se puede convertir en una catástrofe y ya estamos viviendo situaciones comprometidas por el cambio climático, como la Dana en Valencia. Eso requiere preparación, personal en las plantillas de emergencias y tranquilidad para que todo fluya cuando llegue el momento.