Vicente Vallés.

Vicente Vallés. ESPASA

Reportajes

Vicente Vallés: “Sánchez ha roto una regla no escrita de la democracia al gobernar sin el apoyo del Parlamento”

El periodista alerta sobre el "ejercicio del poder" antes que la gobernabilidad y de una polarización creciente que "ya ha normalizado lo inaceptable".

Más información: Felipe González: "Hay una crisis de representación política; la polarización viene de arriba abajo"

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Vicente Vallés, periodista y analista geopolítico, combina el rigor informativo con una visión estratégica de los conflictos internacionales. En La caza del ejecutor traslada esa mirada a la ficción, explorando guerras de influencia y operaciones encubiertas que rara vez llegan a los titulares.

La novela analiza la cooperación entre autocracias, la vulnerabilidad de Occidente y cómo decisiones estratégicas lejanas pueden afectar directamente a la política nacional.

Tras analizar la fragilidad de las democracias en La caza del ejecutor, Vallés aplica esa misma mirada al escenario español.

Con su estilo preciso y sin eufemismos, advierte de que el país vive más pendiente de conservar el poder que de ejercerlo, y que "Sánchez gobierna en la táctica del día a día, no en la estrategia del largo plazo".

Entre la polarización, la corrupción y la ausencia de reformas, en una entrevista con EL ESPAÑOL resume: "En España hay más ejercicio del poder que gobernabilidad".

P.— La novela arranca con la idea de que "China manipula, Rusia ejecuta y Occidente duda". ¿Es un reflejo de la situación internacional actual?

R.— Sí, y lamentablemente ya lo estamos viviendo. La guerra en Ucrania muestra estas dinámicas: Rusia provoca con drones y aviones sobre la OTAN, mientras Estados Unidos muestra poca empatía hacia los países del este europeo.

China observa con calma, mantiene su comercio, evita que Rusia colapse y, al mismo tiempo, desafía a Occidente, aprovechando su poder militar, demográfico y tecnológico. Además, sigue siendo la gran fábrica del mundo, algo difícil de sustituir.

P.— El corredor de Suwalki, un tramo de apenas 65 kilómetros entre Polonia y Lituania, se presenta como clave. ¿Por qué un espacio tan pequeño es tan estratégico para Europa y cómo se relaciona con otros territorios como Gaza?

R.— El corredor de Suwalki es estrecho, pero estratégico: conecta con Kaliningrado, un enclave ruso cuya costa no se congela en invierno, permitiendo el movimiento de barcos y submarinos.

Si cayera bajo control ruso o bielorruso, aislaría a las repúblicas bálticas y a Finlandia del resto de la OTAN. Las recientes maniobras militares junto a este territorio muestran su importancia.

Además, los mapas determinan el poder: cada frontera y cada espacio controlado influye en decisiones políticas y militares.

Lo mismo ocurre en Gaza: su tamaño no reduce su relevancia, porque geografía, historia e intereses estratégicos concentran allí conflictos y tensiones que afectan a actores locales e internacionales.

Vicente Vallés presenta su nuevo libro.

Vicente Vallés presenta su nuevo libro. ESPASA

P.— La alianza ruso-china parece un matrimonio de conveniencia. ¿Cree que Occidente está preparado para un eje tan complejo?

R.— Europa podría enfrentarlo si logra mantenerse unida. El problema es que el interés de Estados Unidos por participar es limitado; el presidente estadounidense no muestra un compromiso especial con Europa y la defensa constante de la región, que se mantuvo desde la Segunda Guerra Mundial, ya no funciona igual.

Esto será así, al menos durante el mandato de Trump, y quizá más allá, por lo que Europa debe prepararse tanto tácticamente como estratégicamente a largo plazo.

La menor implicación estadounidense obliga a Europa a asumir su propia defensa, desarrollar su industria estratégica y fortalecer su autonomía tecnológica. Hoy, EE. UU. y China dominan la tecnología, y Europa depende de ambos.

Para competir y consolidar su posición global, debe participar activamente en áreas decisivas como la inteligencia artificial, lo que representa una gran oportunidad.

P.— Dicho esto, ¿considera usted que España está preparada para enfrentar la desinformación y los desafíos de política exterior en el mundo actual?

R.— España debería contar con una política exterior consensuada y respaldada por la mayoría, algo que hace décadas no ocurre y que constituye un déficit importante.

Cada gobierno tiende a diseñar su propia estrategia, sin continuidad ni coordinación con los anteriores, lo que aumenta la vulnerabilidad, sobre todo en un contexto de polarización creciente.

Saber cuál es la política hoy está bien, pero la falta de previsibilidad sobre el futuro debilita la posición de España a medio y largo plazo. Mantener una política exterior consistente y consensuada sería lo ideal.

P.— Volviendo a casos concretos como Gaza, ¿cree usted que la polarización también afecta a la percepción de España en el exterior?

R.— Efectivamente. Uno de los problemas en España es que, lamentablemente, la política exterior se ha utilizado durante mucho tiempo como herramienta de política interior.

Episodios como Gaza, la guerra de Irak u otros han servido para polarizar a la opinión pública, y quienes buscan ese efecto lo explotan deliberadamente.

Esto no es una buena estrategia, porque a medio y largo plazo debilita la posición de España al hacerla imprevisible ante otros países. La utilización de la política exterior con fines internos compromete la estabilidad y la credibilidad internacional, y es algo que convendría corregir.

P.— ¿Considera usted que la polarización en política exterior, unida al manejo contradictorio de información y terminología, contribuye a confundir a los ciudadanos sobre los grandes conflictos internacionales?

R.— Sí, la polarización en política exterior no es exclusiva del actual gobierno; ya ocurrió, por ejemplo, durante la guerra de Irak.

Casos recientes, como la decisión sobre el Sáhara Occidental, tomada sin consultar a socios de coalición y conocida solo por medios, muestran cómo se genera inestabilidad y dependencia de la postura del gobierno de turno.

Incluso en Gaza, donde la mayoría coincide en que lo ocurrido no se puede tolerar, la polémica sobre la terminología (si usar o no "genocidio") ha polarizado a la sociedad, aunque casi todos compartan la misma postura. Esto evidencia cómo la batalla terminológica puede dividir incluso sobre asuntos con consenso mayoritario.

P.— Esa misma polarización que menciona en el ámbito internacional parece haberse instalado también en la política nacional, donde la tensión entre los partidos y la desconfianza ciudadana se han vuelto constantes. ¿Pedro Sánchez está al borde de perder legitimidad ante los ciudadanos tras los últimos escándalos y la gestión económica?

R.— No estamos tanto ante un problema de legitimidad, sino de buenas costumbres democráticas. En democracia hay leyes escritas y otras que nunca fue necesario escribir, porque entran dentro de lo que se consideran normas éticas y estéticas.

Una de esas normas no escritas es que un gobierno deja de serlo cuando pierde el apoyo del Parlamento. Pero Sánchez tiene su doctrina particular. Ya anunció a los españoles hace dos años que estaba dispuesto a gobernar con o sin el apoyo del Parlamento, y lo está haciendo.

P.— ¿La polarización creciente puede impedir que Sánchez tome decisiones estratégicas efectivas antes de las elecciones?

R.— El Gobierno no está en condiciones de adoptar medidas estratégicas, porque para eso hace falta que las apruebe el Parlamento. Sánchez está más en la táctica que en la estrategia. Todo es corto plazo: qué hay que hacer hoy para seguir en el poder mañana.

P.— ¿Hasta qué punto la influencia de Begoña Gómez en Moncloa afecta la percepción de transparencia del Gobierno?

R.— Los casos de presunta corrupción, en general, dañan la imagen de los gobiernos, y de la democracia, en todos los ámbitos, también en el de la transparencia.

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P.— ¿Su papel como asesora cercana de Sánchez podría condicionar políticas clave sin control parlamentario?

R.— No conozco qué nivel de influencia haya podido tener en cuestiones políticas.

P.— ¿Las declaraciones públicas de Óscar Puente refuerzan o debilitan la cohesión interna del PSOE a nivel nacional?

R.— Óscar Puente ejerce de agente movilizador, utilizando tácticas trumpistas en las redes sociales. En tiempos de normalidad democrática, ese tipo de mensajes provocativos impropios de un alto cargo institucional, acaban con la carrera de un político. Pero en estos tiempos de polarización y extremismo, parece que todo da igual.

P.— ¿El protagonismo mediático de Puente puede desviar la atención de la agenda oficial de Sánchez y generar fricciones?

R.— Generar fricciones es el único objetivo de ese estilo de hacer política, para provocar un cierre de filas.

P.— ¿El Gobierno está midiendo correctamente el impacto del 'caso Koldo' sobre la confianza ciudadana?

R.— Moncloa conoce perfectamente la gravedad de ese caso. Y también de los otros.

P.— ¿Podría el 'caso Koldo' convertirse en un símbolo de impunidad que la oposición utilice para erosionar al Ejecutivo?

R.— No creo que el 'caso Koldo' quede impune. La investigación está en marcha, y cada día conocemos más datos. Los tribunales actuarán.

P.— ¿Los últimos escándalos de corrupción revelan un patrón que amenaza la gobernabilidad de Sánchez?

R.— Dado que no hay una mayoría parlamentaria estable, en España hay más ejercicio del poder que gobernabilidad.

P.— ¿Es posible recuperar la confianza ciudadana sin reformas profundas en la gestión del Ejecutivo?

R.— Las tensiones políticas son tan intensas, que hay más preocupación por mantener el poder, que por las reformas que pudieran ser necesarias.

P.— ¿España está preparada para elecciones anticipadas en medio de polarización y escándalos políticos?

R.— En España estamos acostumbrados a votar cada poco tiempo. Y hemos tenido elecciones en momentos de gran tensión y de muchos escándalos. No es nada nuevo.

P.— ¿La incertidumbre sobre las próximas elecciones está afectando la estabilidad de las instituciones?

R.— No creo que la estabilidad dependa de la incertidumbre electoral. Las cosas que han ocurrido en los últimos años ya han provocado esa inestabilidad. Y tiene difícil remedio a corto plazo.

P.— ¿La presión de los socios de investidura limita la capacidad de Sánchez para ejecutar políticas estratégicas?

R.— Sánchez está en la táctica del día a día, no en la estrategia del largo plazo.

P.— ¿Podrían los aliados de coalición bloquear decisiones clave y afectar la gobernabilidad del país?

R.— Los socios de investidura ya son casi irrelevantes. Si un presidente está dispuesto a gobernar al margen del Parlamento, y sin aprobar presupuestos un año tras otro, ¿para qué necesita socios?

P.— ¿Se está utilizando RTVE como instrumento para influir en la opinión pública y polarizar la sociedad?

R.— Esta pregunta se viene planteando desde que tengo memoria, y con todos los gobiernos.

P.— Para terminar, ¿qué lecciones podría extraer España sobre gobernabilidad y estrategia desde la perspectiva de La caza del ejecutor?

R.— La novela muestra que incluso decisiones pequeñas forman parte de un plan más amplio. España necesita mirar más allá de la táctica diaria: planificar a largo plazo, asumir responsabilidades estratégicas y mantener coherencia institucional para garantizar estabilidad y confianza ciudadana.