Óscar Piñón junto a sus compañeros de la comisaría de Maspalomas.

Óscar Piñón junto a sus compañeros de la comisaría de Maspalomas.

Reportajes

El declive de Óscar, policía y narco: "No salía de los calabozos" desde que lo intentó matar un preso

Sus compañeros explican su cambio en cuatro años: el intento de asesinato de un preso y la muerte de su madre, claves en su conversión en narco. 

21 abril, 2023 03:15
A Coruña

Han pasado menos de 10 años desde que sacaron esta foto, la única que ha trascendido de él. Óscar Piñón Casal posaba contento, sonriente, junto al resto de sus compañeros. El policía ferrolano prestaba servicio en la comisaria de Maspalomas (Gran Canaria), que en octubre de 2014 cumplía 30 años desde su apertura. Por este motivo, el entonces ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, le había concedido la cruz al mérito policial a Óscar y al resto de sus compañeros. Todo iba bien hasta entonces. Nadie podía pensar que, en los años sucesivos, acabaría traficando con droga, tomando estupefacientes, con problemas mentales y abatido por sus compañeros en una gasolinera de Burgos este mismo miércoles tras robar un arma. 

Quienes lo conocieron los últimos días dicen que "en la foto está irreconocible, está muy cambiado". Las entradas que ya se dejaban ver habían dado paso a la calva y "físicamente estaba muy estropeado". "Estoy segura de que es él, pero de verdad que hasta me cuesta reconocerlo", asegura alguien que coincidió hasta poco antes de su desenlace. 

Óscar llevaba ocho años en la comisaría de Lonzas, en A Coruña. El edificio es una de esas moles de hormigón y un revestimiento gris, construidas en los noventa como parte de un distrito policial. Enfrente está el cuartel de la Guardia Civil. Tanta protección junta con un aspecto tan serio debían generar seguridad. 

Impacto de bala en la ventana de una vecina tras el tiroteo en la gasolinera de Burgos.

Impacto de bala en la ventana de una vecina tras el tiroteo en la gasolinera de Burgos. Ismael Monzón E.E.

El agente se ocupaba, precisamente, de la seguridad y la vigilancia. Son los primeros en atender los avisos cuando pasa algo. A él, sin embargo, no le gustaba estar en la calle. “Llevaba años casi sin salir de los calabozos, vigilando a los presos. Había dejado de relacionarse con sus compañeros y se le veía como un hombre muy introvertido y solitario”, señala otro miembro de las Fuerzas de Seguridad que compartía lugar de trabajo con él. Tampoco tenía redes sociales, prefería pasar desapercibido.

Nadie sabe qué pasa por la cabeza de alguien para perder el control. Pero dicen quienes estuvieron con él que en los calabozos fue donde cambió todo. Hace cuatro años, un reo peligroso intentó estrangularlo. Estuvo a punto de matarlo, pero en el último momento consiguió zafarse. El episodio, especialmente traumático, lo dejó muy tocado. 

Problemas con las drogas

Todas las fuentes consultadas apuntan a ese momento como el principio del fin. Durante la pandemia, la muerte de su madre lo empeoró todo. Vivía con sus padres en el domicilio de estos en Ferrol. Una noche Óscar salió y cuando regresó, la mujer había muerto. También se culpó de ello. Desde ese momento siguió viviendo y atendiendo a su padre, que se encontraba enfermo. 

Si ya había tomado distancias con sus colegas de trabajo, a partir de ahí la ruptura fue radical. Dejó de relacionarse con ellos para buscar amistades mucho más conflictivas. Hace un tiempo fue investigado porque se sospechaba que le había dado el chivatazo a unos narcos antes de que la Policía Nacional iniciara una operación antidroga. Y hace un mes fue detenido junto a otras cuatro personas que estaban en posesión de 161 gramos de cocaína, 18 pastillas de éxtasis y 23 de la llamada cocaína rosa. 

Gasolinera donde se produjo el tiroteo.

Gasolinera donde se produjo el tiroteo. Ismael Monzón E.E.

El policía fue el único que quedó en libertad tras la operación. Una de sus anteriores parejas, que lo había denunciado por violencia de género -aunque después retiró la denuncia- también se relacionaba con este clan. Otra de las novias que había tenido hizo exactamente igual. Óscar deja una hermana, que vivía también en Ferrol, y ningún hijo. 

Problemas psicológicos

Ya llevaba tiempo bajo tratamiento psicológico. El cóctel entre los antidepresivos, la droga y la bebida, que también consumía, siguió enturbiándolo todo. Hace un par de años estuvo de baja por depresión y desde el primer incidente por la operación antidroga estaba siendo investigado por Asuntos Internos. Desde la última baja por problemas psicológicos le habían retirado su arma reglamentaria.

Al parecer había contactado con una asociación contra la drogadicción en Ferrol para salir del agujero. La salida era sencilla: el mismo día que acudió a la comisaría de Lonzas debía firmar una especie de jubilación anticipada, debido al historial que presentaba. En lugar de eso, abrió la taquilla de un compañero, le robó su arma y comenzó una huida de 500 kilómetros que terminó con un espectacular tiroteo en una gasolinera de un inhóspito pueblo de Burgos. Tras un intercambio de disparos que había comenzado ya en carretera, los agentes lo remataron con tres impactos en el cuerpo. 

El Sindicato Unificado de Policía (SUP) pidió dotar a las dependencias policiales de armeros para impedir que los agentes dejen la pistola en sus taquillas y un mayor control de la salud mental de los agentes. La historia de Óscar Piñón Casal es la de un pobre diablo. Un hombre al que sus allegados ya ni recuerdan cuando la vida le trataba bien.