Maldini y Antoni Daimiel, hace 30 años y el pasado 13 de febrero, en Madrid.

Maldini y Antoni Daimiel, hace 30 años y el pasado 13 de febrero, en Madrid. Sara Fernández E.E. | Twitter

Reportajes

Maldini y Daimiel, 30 años después de compartir piso en Barajas: "Se acabó cuando se echó novia"

EL ESPAÑOL conversa con ambos sobre todo y sobre nada. Maldini es el Daimiel del fútbol y Daimiel el Maldini del baloncesto.

25 febrero, 2023 01:53

La tele fue para ambos una prolongación confortable de su propia casa. La tele, ese Canal Plus de los 90 capitaneado por Alfredo Relaño que, de tanto poner partidos, de tanto probar cosas antes y después de las conexiones, repeticiones, análisis, estadísticas, parejas besándose, niños sacándose mocos, hinchas resacosos, abuelas que se duermen en un penalti, de radiografiar el césped y la grada como un todo, terminó por crear una adicción definitiva al fútbol. La década de los 90, la del optimismo más salvaje y las risas enlatadas, no fue en España sino la posibilidad de viajar del Bernabéu a San Siro pulsando un botón.

La tele fue para ambos una prolongación confortable de su propia casa. Y 32 años después de presentarse comen al fondo de un restaurante a la sombra de los rascacielos de Madrid. Es lunes, 13 de febrero y casi nadie recuerda todavía a Enríquez NegreiraJulio Maldonado "Maldini" (Madrid, 1967) y Antoni Daimiel (Ciudad Real, 1970) charlan sobre las pocas sobras que han dejado del almuerzo. Al que apodaron con el apellido milanés más dinástico por lo grotesco de la comparación se le caen de la boca jóvenes promesas del fútbol. A la voz española más autorizada para hablar de la NBA lo invaden recuerdos de aeropuertos americanos y canastas imposibles.

Tienen el baloncesto y el fútbol inyectado en las venas como una enfermedad sin cura. Se conocieron en 1990 y dos años después se fueron a vivir juntos, con Nico Abad. La casa, cerca del aeropuerto de Barajas, era un desastre. Un jardín descuidado como una jungla, un salón sin muebles y pilas de VHS con a saber qué derbys asiáticos. Aguantaron hasta que Maldini se fue con una novieta en febrero del 95. No deja de tener gracia que Maldini sea el Daimiel del fútbol y Daimiel, el Maldini del baloncesto. 

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Maldini, madrileño de Leganés, empezó a grabar partidos a los 14 años. Pronto comenzó a menudear con los encuentros históricos de los 60, 70, 80, hasta convertirse en uno de los mayores camellos futbolísticos del mundo. El techo de su casa, llena de parabólicas, parece una base de la CIA. Maldini se convierte en el protagonista de La vida de los otros para ver la Superliga Turca.

"Un día le mandé una carta a José Ángel de la Casa, que era de Televisión Española, diciéndole que tenía muchos partidos", cuenta sobre una propuesta de intercambio. De la Casa, el que narró el gol de Mijatovic en Ámsterdam [¡ha marcado el Madrid!], lo derivó a Relaño, que se creía que era un tipo de 40 años y no un joven de 20 aquejado de una precoz demencia futbolera. "Vente un día y te enseño El País", le dijo el entonces jefe de Deportes del periódico de Prisa. Quedaron para comer, hablaron de fútbol y le contó que se cocía una tele. "Ahí es donde empieza todo". 

Julio Maldonado Maldini, durante la conversación con EL ESPAÑOL.

Julio Maldonado "Maldini", durante la conversación con EL ESPAÑOL. Sara Fernández E.E.

Daimiel lo tuvo, quizás, más crudo. Su familia no podía permitirse los años de estudio en Madrid, la facultad de Periodismo, y hubo de conformarse con lo que había. "Empecé Derecho en Valladolid, pero quería ser periodista, era mi vocación". Maldini se ríe cuando cuenta que para el primer examen, el de Romano, estudió como un perro pero suspendió, para más inri maltratado por el profesor en la revisión. Aprobó unas pocas, pero se tiró a las cartas en la cafetería como un tahur. "Me di a la vida poco académica", resume. Lo más provechoso fue un curso de radio al que se apuntó. Dos años después vio el cielo abierto cuando una tía le ofreció cama y techo en la gran ciudad. Cogió las maletas y se puso a la cola. 

Una vez en Madrid, alguien llegó a la facultad diciendo lo del Plus. Que estaban montando un canal, que buscaban gente, que aquello era el futuro. "No me habías contado a mí eso, macho", se sorprende Maldini. Daimiel contrastó la información y se plantó en la Torre Picasso para conocer al Tony Soprano de los periodistas deportivos. Lo recibió amablemente Joaquín Maroto, actual director adjunto de As. Relaño lo mandó a un Valladolid-Atlético con el periodista Chus del Río. Tenía un pie dentro. 

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Cuentan que su ocio era el trabajo y que ahí se creo el vínculo. Recuerdan un viaje a Benidorm en la primavera del 91, cuando Maldini tenía algo de pelo. No son tan viejos como para rememorar los tiempos de la ginebra en las cajoneras, salvo por un compañero apodado El Polvorilla que se ponía tibio. Hacía anuncios de radio. 

—Puede que sea la mejor cantera de periodismo deportivo que haya habido.

—Eso le va a gustar a Relaño que lo digas —responden al unísono—. Es verdad que era muy buena cantera —sigue Maldini—. Salió mucha gente. Los tres que estábamos en casa, Carlos Martínez, que venía de La Ser; Pedrerol sale de ahí también, que venía de La Ser de Barcelona... Pero los que realmente empezamos el trabajo periodístico ahí fuimos Antoni, Nico y yo. 

—Luego hay gente que no se conoce tanto —tercia Daimiel—. Como Juanjo Vispe, que era un chaval con un talento tremendo. Se fue a Australia. Le gustaba mucho el rugby. Pasó de ser periodista a ser cámara y ha estado en los Máster Series de tenis recorriéndose el mundo. Era de San Sebastián, pero se casó con una chica australiana. Tenía inventiva.

Porque de eso se trataba. "Cuando nosotros empezamos en la tele teníamos que inventar cosas nuevas: esa era la clave. Y Relaño nos dio vía libre para hacer lo que quisiéramos e inventáramos. Él es el que lo funda, pero entre todos montamos El Día Después, una nueva forma de hacer la previa de los partidos", rememora el loco del fútbol. 

Antoni Daimiel, durante la conversación con EL ESPAÑOL.

Antoni Daimiel, durante la conversación con EL ESPAÑOL. Sara Fernández E.E.

La conversación sigue al trasluz de una vidriera. Le preguntamos por cómo es la fama, la influencia en un periodista. Maldini cree que ambos se han "convertido en marcas". Que los jóvenes -le sucedió en el reciente Mundial de Qatar con hinchas y periodistas hispanohablantes- lo conocen como el de Mundo Maldini [su canal de YouTube] y no como el tipo que sale en prensa, televisión y radio buceando en las biografías de los nuevos cromos.

"La carrera se te pasa demasiado rápido, no tienes tiempo para pensar... A mí me gustaba fabular con qué sería de nosotros dentro de 25 años. No podía tener ni la más mínima idea de que nos iría tan bien", recuerda Daimiel, alguien que se conformaba con ser un cronista de provincias y no con cubrir en Salt Lake City el All Stars de la NBA. "No pensábamos que la tele fuera a durar tantos años. O toda la vida".

Andrés Montes y América

Maldini no cumple años, cumple mundiales. El de Estados Unidos en el 94 lo vieron entre la casa de Barajas y la tele, todavía en España. Debutó en Francia 98 y ubica la cumbre de su carrera, el momento más dulce, cuando compartió con Maradona cabina para Cuatro en Alemania 2006. El Mundial de Messi no lo baja del caballo: Maradona fue el más grande. La competencia aquel verano fue La Sexta de Andrés Montes. 

Pocos en la profesión lo conocieron como Antoni, con quien compartió en Canal Plus durante más de una década. Comenzó Daimiel en las ligas universitarias americanas y el fichaje del icono de la pajarita, el tándem que ambos formaron en las madrugadas, fue crucial para popularizar la NBA en España

—¿De dónde salió Andrés Montes?

—Venía de una mala etapa cuando lo fichó Relaño —cuenta Daimiel—. Fue curioso. Había sido un histórico de Antena 3 Radio con José María García y eso, pero aquello sé disolvió. Se llegó a quedar en el paro. Empezó a trabajar en Radio Voz, una radio gallega que se expandió con el grupo Voz. Hacía un programa local de deportes al mediodía y luego retransmitía los partidos como local de Real Madrid y Atlético de Madrid, una semana cada uno. Fue el año precisamente del doblete del Atleti con Radomir Antic. Él imitaba y decía: ¡Algo se mueve al sur de la ciudad!, Buenas tardes, me llamo Milinko Pantic... Como diciendo que era un jugador que no conocía nadie cuando fichó el Atleti. Entonces Nico Abad, precisamente, que lo oía en la radio, empezó a decir este tío es tremendo, le voy a hacer un reportaje para El Día Después. Cuatro o cinco años después compramos derechos de baloncesto y a Relaño se le ocurrió ficharlo.

—Después de aquello se fue a La Sexta a hacer el Mundial, contra nosotros —recuerda Maldini—. Yo lo hice con Maradona y Carlos Martínez en Cuatro, entonces del grupo Prisa. Y él lo hizo en La Sexta con Antonio Esteve, Salinas y Kiko. Hacía una narración muy distinta a la nuestra. Pero otro que, si bien no descubrió Alfredo, le dio la oportunidad de la tele. Alfredo siempre ha buscado gente peculiar. No quiere gente normal. Él es muy peculiar.

—Hace pocos días se han cumplido 27 años del primer viaje que hicimos: un All Star a San Antonio (Texas). Y en esos días yo cumplía 26 años. Habíamos comprado los derechos de la NBA tres meses antes y ficharon en Canal Plus a Andrés Montes. Era la primera vez que ambos estábamos en Estados Unidos, pero él tendría como 38 o 40 años. Además, era un enamorado de la música, del cine, de la cultura americana.

—Estaríais flipando.

—Sí. Hicimos dos escalas, Atlanta y Houston, y casi perdemos un avión corriendo por el aeropuerto. Estuvimos allí cuatro o cinco días.

—¿Y cómo era Andrés Montes en las distancias cortas? Fue un tipo muy querido y popular.

—Era peculiar, sorprendente, porque tenía reacciones poco previsibles para todo. 

Los nuevos tiempos

Reconocen Maldini y Daimiel que han sabido adaptarse a los nuevos tiempos. De lo analógico al permanente scroll en redes y a los cortos vídeos de urgencia. Que los pronósticos de Maldini a veces sean nefastos en las redes es motivo de simpática coña. 

—¿No créeis que los futbolistas se parecen cada vez menos a la gente normal? Que están más encapsulados y se codean menos con el pueblo.

—Las distancias las marcan los propios clubes —estima Maldini—. Me acuerdo que cuando Vieri llegó al Atlético de Madrid me fui a cenar con él, que era una súperestrella de la selección italiana. Y cuando fichó Cambiasso por el Madrid, a él y a su hermano, me los llevé a comer.

—Yo he ido a jugar al baloncesto con Cambiasso —apunta Daimiel—.

—Con Mijatovic y con Suker yo tenía relación de salir de copas con ellos —sigue Maldini—Jugando en el Madrid ellos.

—Puede que haya influido en todo esto los teléfonos móviles.

—Puede ser —dice Maldini.

—¿Tienes relación con algún jugador del Madrid ahora?

No, no, no.

—Me parece una tragedia que eso ocurra.

Pero ocurre. Ellos están metidos en una burbuja, que yo estoy seguro que a muchos les gustaría. Quedar un día para comer y hablar de mil cosas, de fútbol. Estoy segurísimo. Me acuerdo cuando quedaba con Suker y con Mijatovic para comer, te pongo ese ejemplo porque era clarísimo, hablabámos de todo, de fútbol croata, de la vida en general, y disfrutaban mucho, le encantaban.

—Por esas mismas comidas, por esa manera de estar en el mundo y aprender, quizás acabara Mijatovic de director deportivo del Madrid también.

Pues puede ser. Pero están muy metidos, yo creo que también casi por miedo de lo que les dice el club. No creo que lo tengan por contrato, hasta tal extremo, pero es muy difícil. Pasa ya hasta con jugadores juveniles. Mira, se está jugando el Sudamericano Sub-20, bueno, acabó ayer. El Madrid tiene dos jugadores: Nico Paz, que ya ha vuelto, Álvaro Rodríguez, el delantero uruguayo, que a mí me parece bastante bueno. A ese chaval estoy seguro de que le gustaría hacer una cosa, hablando de él, de Uruguay. Los jugadores no se fían porque saben que muchas cosas que se digan.

—Puede que el hecho de que el Periodismo tenga que ser incómodo muchas veces los espante y prefieran ir a lugares más confortables como el canal de Ibai Llanos. Por ejemplo, ficha Messi por el PSG y lo entrevista Ibai en el Parque de los Príncipes. No sabemos lo que dijo, pero sí que lo entrevistó Ibai. 

¿Pero qué tipo de entrevista? —recoge el guante Maldini—. Vamos... Yo no considero una entrevista periodística lo que hizo. La vi, llegó Messi y le dijo que es increíble estar aquí tío, no sé qué. Eso no es una entrevista, es colegueo entre dos tíos. Los jugadores no quieren por miedo a decir algo que no quieren decir. Por eso precisamente buscan no periodistas la mayoría.

—Pero hace 25 años estaba Maldini con Suker y Millatovic tomando copas y ahora están el Kun Agüero y Courtois jugando online en streaming. La literatura para mí está en otro lado. Por esto nos pueden tachar de nostálgicos.

Lo que pasa es que si yo le hago una entrevista a un jugador le voy a preguntar por una serie de cosas que a lo mejor él no quiere que se las haga. Porque yo soy periodista, pero ellos huyen un poco de eso. Lo puedo llegar a entender, eh.

Entonces entra Daimiel y nos lo explica a los dos.

Es un asunto bastante complejo, porque yo creo que el deportista ni sabe ni tiene por qué saber manejarse en estos ámbitos, en estos entornos. Normalmente, la gente que asesora a los deportistas desde que son niños, es gente con unos intereses y gente que tampoco conoce bien de qué va en concreto el mundo de la comunicación, de la explotación de la marca de un deportista. Yo entiendo que no lo saben, porque si no sería muy difícil de explicar cosas que se hacen a la hora de no potenciar la imagen o la marca de un deportista. Y luego yo soy bastante crítico también con la profesión. El periodismo se ha ganado la desconfianza en muchas ocasiones con una mala praxis. Entonces les ha dado la razón a los que nos confiaban del periodismo. Se ha juntado todo eso.