Deja de regar, zorra, que me jodes los Picasso: el marqués de Serrano tenía atemorizados a sus vecinos

"Deja de regar, zorra, que me jodes los Picasso": el marqués de Serrano tenía atemorizados a sus vecinos

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"Deja de regar, zorra, que me jodes los Picasso": el marqués de Serrano tenía atemorizados a sus vecinos

El presunto asesino también amenazaba a otros nobles mediante audios de WhatsApp: "Cuando le vea se va a enterar de lo que vale un peine".

22 junio, 2022 03:17

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En el 205 de Serrano, una céntrica calle del barrio de Salamanca (Madrid), una mujer riega las plantas de su balcón. El agua rebasa las macetas y cae desde el tercer piso hasta el patio interior del edificio, una zona comunitaria para todo el bloque. La plácida labor de jardinería se interrumpe por una voz aflautada que truena desde más abajo, colérica y chillona. Tarda apenas un segundo en reconocer el timbre de su vecino del 1ºC, ese que conocen como El Marqués y que, desde que se mudó al bloque, no ha dejado títere con cabeza.

“¡Deja de regar, zorra, que me jodes los Picasso!”, se desgañita el hombre, golpeando lo que parece ser un mueble -luego se sabrá que es una vitrina de armas de fuego-. Se llama Fernando González de Castejón y Jordán de Urríes y, como su propio apodo indica, desde 2012 es marqués de Perijá y conde de Atarés. En el momento de la refriega es un grande de España, un maltratador y un vecino conflictivo. Hoy por hoy es el principal sospechoso de un doble asesinato, el de su esposa y una amiga, y de suicidarse con el arma del crimen.

El Marqués heredó los títulos nobiliarios de su tío abuelo, José Miguel López y Díaz de Tuesta, que murió sin descendencia pero con una inmensa fortuna. Lo que no llegó a captar el sobrino fue la impresionante colección de arte del viejo conde, una de las más exclusivas de Madrid, por lo que es difícil comprobar si el marqués tenía uno, dos o ningún cuadro de Picasso en su casa. Por si acaso, la vecina dejó de regar.

El marqués Fernando González de Castejón, principal sospechoso del crimen de Serrano.

El marqués Fernando González de Castejón, principal sospechoso del crimen de Serrano. E.E.

El perfil que dibujan los que conocen a Fernando González de Castejón esboza a un hombre iracundo, incapaz de controlar sus impulsos y con un historial de maltratos contra las mujeres de su familia, entre ellas su hermana y su madre. En el ámbito de la alta sociedad madrileña se le conocía por sus apariciones en los clubes más exclusivos, sus amistades de alto standing y sus excesos nocturnos, sobre todo en los últimos tiempos. En su barrio, la fama le venía por sus desvaríos, sus extravagancias y su violencia.

“Maricones, idiotas, lameculos”

Hace años que los vicios del marqués le habían alterado más que de costumbre. Si por algo era conocido, además de por sus títulos, era por sus actitudes machistas y filofascistas. Obligaba a sus vecinos a cantar el Cara el Sol en las reuniones de la comunidad, ondeaba una bandera preconstitucional desde el balcón y solía practicar tiro con escopeta en el patio interior del bloque. En el salón de la casa -propiedad de su pareja- exhibía retratos de Adolf Hitler y Francisco Franco.

[El marqués de Serrano mató a su mujer tras 10 años de malos tratos a ella, su hermana y su madre]

EL ESPAÑOL ha tenido acceso a grabaciones de voz del marqués en un grupo de WhatsApp repleto de miembros de la nobleza española. En ellos, un Fernando González de Castejón visiblemente excitado no escatima en responder, con varios insultos machistas y homófobos, a otros aristócratas e incluso a la Familia Real. Este periódico ha decidido no publicar estos audios ni mencionar los nombres que aparecen en ellos por respeto a los susodichos.

Un alterado marqués se refería, entre respiraciones y tartamudeos, a sus pares como “maricones, idiotas, lameculos y más tontos que mis cojones”. “Estás más tieso que el palo de un churrero. ¿Os vais del chat? Pues iros, que me lo paso por el arco del triunfo”, amenazaba a quienes abandonaban el grupo. “¿Quién será este gilipollas? Porque cuando le vea, y espero verle, se va a enterar de lo que vale un peine”, le espetaba a otro noble. “¡Soy Fernando González de Castejón, Jordán de Urríes, conde de Atarés y marqués de Perijá por mis cojones!”

Fernando González de Castejón y Jordán de Urríes.

Fernando González de Castejón y Jordán de Urríes. EP

Las mismas actitudes las replicaba con gente de más baja alcurnia. Un vecino cuenta cómo hace unas semanas se lo encontró mientras el marqués paseaba a su perro, un yorkshire blanco, por la zona alta de Serrano. “Era un tío muy raro, muy conflictivo. Amenazaba con pegarte un tiro a las primeras de cambio”, cuenta a este diario. Otra mujer del barrio fue perseguida e increpada verbalmente mientras caminaba por la calle, diciéndole que parecía “una zorra con esos pantalones”.

Una pistola de 9mm

Fernando González de Castejón era el mayor de tres hermanos, el único chico, pero no tenía relación con su familia. En 2009 una de sus hermanas y su madre le denunciaron por malos tratos y acabó con una orden de alejamiento. En 2018 se repitió la jugada y la Policía actuó de oficio y lo detuvo por maltratar a Gemma Jiménez, la mujer a la que presuntamente mató, pero ella retiró la denuncia y volvieron a convivir. En la actualidad no tenía cautelares.

Gemma Jiménez, la esposa del marqués.

Gemma Jiménez, la esposa del marqués. E.E.

Tampoco ella contaba con ninguna medida de protección. La pareja tenía una hija de 10 años que en el momento del suceso se encontraba en Disneyland París con la familia de una amiga. De allí venía precisamente Gemma Jiménez la noche del domingo, recién desembarcada en Barajas, cuando volvió al piso de la calle Serrano a recoger unas cosas. Lo habría hecho acompañada de su amiga -la otra víctima- precisamente porque temía una reacción violenta de su marido.

Esa noche, alrededor de la una de la madrugada, los vecinos escucharon ruidos muy fuertes provenientes del 1ºC, “como si estuviesen tirando muebles”. La principal hipótesis que baraja el Grupo V de Homicidios de la Policía es que Fernando González de Castejón pudo haberlas matado en ese momento, a su esposa en la cocina y a la amiga en el salón; luego se habría suicidado con el mismo arma del crimen, una pistola de nueve milímetros encontrada junto a su cadáver.

Nadie escuchó los disparos mortales. Los agentes no aparecieron hasta la mañana del lunes, alertados por un vecino -otras fuentes hablan del portero del edificio- que creyó ver un cadáver desde el patio interior. Echaron la puerta abajo al filo de las 10.00 horas armados con escudos protectores, pero sólo pudieron certificar las tres muertes. La Policía investiga el caso como un crimen machista.