El 83 de la calle de Burriac, donde fue hallado el cadáver degollado de la niña de 13 años.

El 83 de la calle de Burriac, donde fue hallado el cadáver degollado de la niña de 13 años.

Reportajes

El misterioso ruso que entró en casa de la niña degollada en Mataró y el hermano desaparecido

A última hora del viernes pasado, un vecino vio a un hombre en el interior de la casa donde mataron a la joven. La madre ya había volado a Rusia.  

Mataró (Barcelona)

Hasta el momento, todo son incógnitas por resolver en el asesinato de la niña rusa de 14 años, que fue hallada muerta con una herida en el cuello en su casa de Mataró el domingo pasado. Los Mossos D' Escuadra intentar dar con el autor de la muerte, mientras buscan al hermano de 16 años de la menor, en paradero desconocido desde el sábado; y aparece en escena un hombre, de origen ruso, que podría haber estado con la víctima y su hermano dentro del domicilio horas antes del crimen, una vez que la madre de ambos se había marchado de viaje a Rusia. 

Así lo asegura a este periódico un comerciante de la zona, que solía tratar a menudo con esta familia, de origen ruso, y que estuvo a última hora del viernes frente a la puerta de su vivienda, en el cuarto segunda del número 83 de la calle Burriac de la localidad del Maresme. Había visto a la niña por última vez ese mismo día, cuando después del colegio fue a comprar a su tienda, como solía acostumbrar.  

Según cuenta, iba a visitar a un amigo que vivía en la misma planta y al ver que una puerta estaba abierta, hizo el amago de entrar. En ese instante, "apareció un hombre ruso y corpulento" que le hizo ver que no era la vivienda que buscaba. Se había equivocado, debía ir a la de enfrente. 

"No me dio tiempo a pedirle disculpas, simplemente cerró de un portazo la puerta", cuenta este vecino. En ese momento, asegura, la madre ya había tomado el vuelo a Rusia desde Girona, y los hijos estaban en el interior del domicilio. Cuarenta y ocho horas después, encontraban el cadáver degollado de la menor en su habitación. De su hermano y del supuesto y misterioso ruso, todavía nada se sabe. 

Sangre por todos lados

Las primeras sospechas de que algo ocurría partieron precisamente de la madre de los menores, Olga. El domingo por la tarde, después de dos días sin saber nada de sus hijos, intranquila, llamó a unos amigos rusos, residentes en Calella, para que se acercaran hasta la vivienda, en la que supuestamente estaban solos. 

Al llegar al inmueble, los dos amigos aporrearon la puerta, sin obtener respuesta. Si bien, el estruendo alertó a los vecinos, que salieron a su encuentro para preguntarles qué hacían. Estas dos personas les contaron que iban a buscar a un cerrajero para echar la puerta abajo ya que los hijos de su amiga no contestaban y debían estar allí. 

La calle de Burriac, en Mataró, a última hora de este lunes.

La calle de Burriac, en Mataró, a última hora de este lunes. ER

Los vecinos se negaron, pero finalmente, un inquilino del cuarto primera ofreció su balcón para que pudieran entrar en la vivienda. Al poco, el hombre que accedió por esa terraza abrió la puerta de la casa, cuya cerradura "no estaba forzada", según apuntan a este diario. Dentro de ella, esperaba una escena espeluznante. Había encontrado a la niña tumbada en una de las habitaciones, boca arriba y con un corte lateral en el cuello. El piso estaba hecho un desastre, desordenado y con sangre por todas partes.  

El presidente de la comunidad de vecinos alertó entonces al 112 y se activó la comitiva judicial y policial. A las tres de la madrugada, la titular del juzgado número 3 de Mataró, autorizó el levantamiento del cadáver y decretó el secreto de todas las actuaciones. Durante todo el lunes, la policía científica de la Región Policial Metropolitana Norte, trabajó en el domicilio. Poco después, según informaba La Vanguardia, la autopsia confirmaba las primeras sospechas: la muerte de la menor no se trataba de un suicidio, había sido provocada por otra persona. 

Conmoción en el barrio

Mientras la Policía sigue investigando los hechos, los vecinos del barrio de Cerdanyola de Mataró siguen sin entender qué es lo que ha podido pasar. Esta familia apenas llevaba un año viviendo en el 83 de la calle de Burriac y no tenían mucha relación con el vecindario. Principalmente a causa del idioma, pues según cuentan ninguno de los tres sabía hablar español ni catalán. 

"Cuando venían a la tienda, siempre me pedían lo mismo, les decía lo que costaba, me daban el dinero y se iban sin mediar palabra", cuenta un comerciante sobre la familia, formada por la madre y los dos hijos. Del padre, por lo pronto, lo único que se sabe es que abandonó el domicilio familiar hace varios meses después de terminar su relación sentimental con Olga. 

Estos vecinos, además, desconocen a qué se dedicaba la madre de los menores y apuntan a la posibilidad de que el hermano sufriese algún tipo de trastorno psicológico. Hace unos días, según cuentan a este diario, vieron al joven "con varios cortes en los brazos" y un comportamiento "fuera de lo normal".