A la izquierda, Roberto y a la derecha el compañero Carlos.

A la izquierda, Roberto y a la derecha el compañero Carlos. EL ESPAÑOL

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Compañerismo policial: Carlos sale a la calle por Roberto para que cuide a su hijo con leucemia

Para que pueda atender al pequeño durante su enfermedad, su compañero le cede las 24 horas diarias que le corresponden por liberación sindical.

Carlos Ortiz hace dos meses que no puede estar junto a su hijo apoyándole en las sesiones de quimioterapia por las que el pequeño pasa desde que le diagnosticaron leucemia. El viernes pasado, el chiquillo tuvo que pasar 13 horas seguidas de esta complicada técnica terapéutica. Está convirtiéndose en algo habitual, pero su padre, hasta ahora, no lograba disponer el tiempo necesario para estar junto a él. Ahora la cosa ha cambiado. 

Nuestro protagonista es policía nacional, es de Cantabria y vive desde hace años en A Coruña, donde trabaja destinado en la Unidad de Intervención Policial (UIP) de la ciudad. La buena acción de un compañero del cuerpo al que no conocía le va a facilitar el poder estar más pendiente de su pequeño.

Ese colega del cuerpo se llama Roberto González, tiene 36 años y es el secretario general del Sindicato Unificado de la Policía (SUP) en Galicia y ha empleado una de sus capacidades como tal para poder echar un cable a su compañero. De ese modo, le ha cedido las 24 horas diarias que le corresponden por liberación sindical para que pueda cuidar al niño. Varios días después de obtener el permiso atiende a EL ESPAÑOL. "Estuvo 53 días seguidos ingresado. Es una situación grave, y cualquiera habría hecho lo mismo en mi lugar".

Al pequeño le detectaron la enfermedad antes de cumplir los dos años. Apenas contaba 18 meses cuando los médicos  dieron a conocer a los padres la terrible noticia. "Yo ahora le cedo mi liberación de servicio a tiempo total al compañero para que pueda ir al hospital y estar con el hijo".

"Leucemia aguada linfoblástica"

La situación resulta de extrema gravedad. Al pequeño le diagnosticaron "leucemia aguada linfoblástica". Esto implica ingresos hospitalarios constantes y la necesidad de cuidado directo, continuo y permanente duración. El informe médico, a cuyo contenido ha accedido este periódico, detalla con claridad que los galenos recomiendan que resulta preciso estar muy pendiente de él.

El motivo de que se haya llegado a la situación actual tiene que ver con el hecho de que Carlos solicitó a la Dirección General de la Policía una reducción de jornada laboral del 99 % para poder dedicarse por entero a velar y a cuidar de su hijo. Lo hizo el pasado 18 de febrero. Le fue denegada. En su lugar, se le concedió una reducción de jornada del 50 por ciento, que consideraba insuficiente, dado el estado y la gravedad de la situación del menor. "Se la concedieron solo por seis meses", dice Roberto. 

Carlos lleva unos años viviendo en A Coruña, pero es de Zaragoza. Hasta allí demandó el traslado, para volver al lugar de donde provenía su familia. Demandó esta condición por una razón muy sencilla: "La familia de su mujer es de allí, y él pidió que le ayudasen, por eso exigió que le moviesen".

En esa zona residen los abuelos del pequeño. Allí se sienten más protegidos y mejor acogidos para poder pasar por el duro trago que viene por delante. 

No se conocían

Las complicaciones surgieron desde el primer momento junto con la localización de la enfermedad. Y parecía no existir una salida, pero finalmente apareció Roberto para solventar la extrema situación del compañero y su familia. 

Como representante sindical, Roberto tiene disponibilidad a tiempo completo para liberarse de sus funciones del día a día. Es algo habitual. También suele ser habitual que los permisos en el cuerpo se concedan "por defecto". "Es decir, suelen conceder lo mínimo, que es el cincuenta por ciento. Nosotros lo que decimos es que lo que se debe hacer es entrar a valorar cada caso en función de las necesidades". 

La liberación de sus funciones será, por el momento, temporal. Lo que va a suceder ahora es que Roberto retomará sus antiguas labores de vigilancia ciudadana, de calle, de patrullar por las plazas. "Mi trabajo seguirá siendo donde tenía la plaza antes, en la comisaría provincial de Ourense. Tengo que compaginar la labor sindical con el trabajo. Va a ser complicado, pero una causa así lo requiere". 

El niño de Carlos, cuenta su compañero, parece estar mejorando, pero está pasando por el calvario de las largas y agresivas sesiones pertinentes con las que erradicar el mal de su interior. Y por suerte, ahora su padre está cerca de él para poder apoyarle. Había dejado de andar con los tratamientos, pero ya vuelve a tenerse en pie.

Roberto y Carlos no se conocían hasta esta semana, pero el gesto del primero con el segundo les ha terminado uniendo. Este domingo, por primera vez, se vieron las caras en la comisaría de Lonzas, en A Coruña. Y escenificaron esa especie de traspaso de funciones del uno al otro. Carlos le entregó su camisa reglamentaria a Roberto y posaron para la foto. Luego se fundieron en un abrazo.