La guerra de Villanueva de Sijena tiene rostro: Casimira-María Pilar Sanjoaquín Gracia, "la madre Pilar". Entre los legajos y las sentencias que han enfrentado a Cataluña y Aragón se esconde una fotografía. Data de abril de 1988. Las monjas francesas de Belén acaban de llegar al monasterio que acabó despojado de sus tesoros. Posan acompañadas de una señora bajita, gruesa y de "inseparables" gafas oscuras, sor Pilar. La misma que les ha alquilado su nuevo hogar, la misma que entregó a la Generalitat el patrimonio de Sijena.

La madre Pilar murió en 2002. No ha conocido el desenlace judicial del caso. Nunca tuvo que responder ante el juez, pero "con ella empezó todo". Acordó tres ventas con el Govern: en 1983, 1992 y 1994. 10, 25 y 14 millones de pesetas respectivamente. El Ayuntamiento de Sijena las considera "presuntas transacciones". "Los catalanes no han podido probar en los tribunales haber abonado a las monjas ese dinero, por eso el argumento de que las reliquias les pertenecen cae por su propio peso", relatan fuentes consistoriales.

Pilar Sanjoaquín nació en Abiego, un municipio de apenas 250 habitantes a 30 kilómetros de Huesca. No llegó a vivir en el monasterio de Sijena. Ingresó muy pequeña en la orden de San Juan, pero en Barcelona.

La "poderosa" sor Pilar

El misterio de Sijena poco tiene que ver con una disputa entre Comunidades. Sólo ha sido carne de periódico tras la aplicación del 155 en Cataluña, pero su verdadero origen es el suspense alojado en las paredes de un convento, las rencillas entre las monjas de uno y otro monasterio, un relato de amores y odios hilvanado con las vivencias de dos prioras, cuatro monjas, un alcalde y el hombre que las amortajaba después de morir.

En 1957, cuando se cocina el nudo de esta crónica, las órdenes de San Juan, independientes entre sí, tratan de constituirse como una especie de agrupación federal, eligiendo una priora que pudiera representarlas a todas. De ese cónclave salió encumbrada sor Pilar. "No la eligieron, pero murió la ganadora y ella se quedó con el cargo de madre federal", relata a este periódico Alfonso Salillas, alcalde de Sijena desde 1995 y toda una vida ligada al convento. "Mi padre era el cantero, su hombre de confianza, el que las preparaba para el entierro".

Vista de los antiguos dormitorios del monasterio de Sijena.

Vista de los antiguos dormitorios del monasterio de Sijena. EFE

"Es importantísimo saber que las monjas de Villanueva de Sijena no firmaron su entrada en ese modelo federal, es decir; mantuvieron su independencia", reitera Salillas. El regidor se plantó en el registro para obtener un certificado y demostrar ante los tribunales que la hermana Pilar, a pesar de haberse arrogado el poder, nunca debió dictar órdenes al monasterio oscense. "No sólo eso, sino que todas las decisiones que tomó carecen de validez jurídica". Gracias a ese papel, rescatado por el alcalde en el ministerio de Justicia, Aragón ha ganado la batalla a Cataluña. "Da igual que sor Pilar vendiera el tesoro, no tenía potestad para hacerlo".

El duelo de prioras

En este punto, entra en juego la madre priora de Sijena, Angelita Opi, una mujer "muy alta", de "fuerte temperamento". "Ella no llevaba nada bien que les mandaran desde Cataluña porque sabía que, dijeran lo que dijeran, conservaban su independencia". En Barcelona, la orden era vigorosa, de mayor número y con una autoridad que se creía rectora. En Sijena las hermanas eran cada vez más mayores, sus aposentos necesitaban una reforma y el tesoro era visto en Cataluña como una oportunidad para llenar las arcas de la orden.

En 1972, el obispado de Lérida apuesta por el traslado de las monjas de Sijena a Barcelona para facilitar la reforma del monasterio oscense. "Angelita Opi intentó quedarse, sabía que el tesoro corría peligro, pero no le dejaron. Todas se fueron. Vino un camión desde Cataluña y se llevó gran parte del patrimonio", indica Alfonso Salillas.

En primer plano, la hermana Pilar Sanjoaquín.

En primer plano, la hermana Pilar Sanjoaquín. E.E

No quedan supervivientes

No quedan supervivientes que puedan desentrañar aquellas rencillas monásticas. Sor María Antonia, la hermana Josefa, la propia Opi, Montserrat y Encarna murieron, la que más tarde, a principios de este siglo. "Volvamos adonde estábamos -sigue Salillas-. La orden de San Juan traspasó el convento de Barcelona y se trasladó a Valldoreix, su último lugar de residencia. Puede pensarse que, durante esos años, Pilar Sanjoaquín vendió el tesoro por estar la orden en una situación perentoria, pero yo no me lo creo". ¿Por qué? "Encontré los papeles... Sacaron 20 millones de pesetas, lo de Valldoreix les costó 15". ¿Y qué ocurrió con el presunto dinero cobrado por las sanjuanistas de la Generalitat de Cataluña? "Ni siquiera sabemos cuánto se pagó del total de lo acordado... Sé que circulan en prensa unos justificantes a nombre de la hermana Pilar, pero ¿por qué no pudieron justificar las transferencias en el juicio?". Además, Salillas muestra una carta de sor Pilar a Jordi Pujol ofreciendo la venta de un grueso del tesoro en 1991 . "¿No había cobrado ya un pastón?", se pregunta Salillas.

En esta misiva, la madre Pilar insiste en su poder federal y le cuenta a Pujol que hubo "una fusión entre Sijena y Valldoreix hace muchos años". Después, pide recuperar una parte del patrimonio, pero se ofrece a "vender" otra.

La carta de Pilar Sanjoaquín a Jordi Pujol.

La carta de Pilar Sanjoaquín a Jordi Pujol. E.E

Las sanjuanistas, todavía bajo la batuta de Ángela Opi, cedieron las obras a distintos museos por no poder cuidarlas, con la condición de poderlas recuperar a su libre albedrío. "Fue entonces cuando Pilar Sanjoaquín vendió a Cataluña distintas partes del tesoro". Más allá de las autoridades canónicas, debería haber consultado con el ministerio de Cultura o el Gobierno de Aragón, puesto que, al ser el monasterio un monumento nacional, su patrimonio adquiere automáticamente una protección especial.

La lucha para evitar el expolio

Ángela Opi luchaba para evitar el expolio. En una carta al padre del actual alcalde, confesó: "Me desaparecen cosas de lo que he traído en los baúles". De niño, Salillas viajó a Barcelona creyendo que tan sólo "iban a ver el mar", pero fueron a asesorar a Opi: "Traslada las cosas a un museo o adonde sea". En otra de las cartas conservadas por Salillas, la priora en el exilio escribía con nostalgia: "Vale más una piedra de Sijena que toda Barcelona".

Alfonso Salillas trabó relación con Pilar Sanjoaquín porque ésta viajaba a Sijena para revisar el alquiler del monasterio a las monjas francesas que todavía lo habitan. "Era de trato afable, mentiría si dijera lo contrario... Aunque tenía cierto aspecto lúgubre, quizá por las gafas oscuras, que nunca se quitaba".

¿Por qué lo hizo Pilar Sanjoaquín?

¿Cree que vendió el tesoro a Cataluña con mala intención o piensa que lo hizo, verdaderamente, para sanear las cuentas de la orden? "No sabría decirlo. Solía hablar mucho del dinero. A veces se refería a las cruces del tesoro y repetía que las necesitaban para comer. La última vez que la vi fue durante una comida. Había más invitados y no pude recriminarle nada", resume Salillas.

"Sí que había algo raro", dice el alcalde prendido del recuerdo. "Cuando fui a Cataluña a visitar a las últimas monjas que vivieron en Sijena nunca me dejó solo con ellas. Pensé en contarles la verdad sobre el tesoro, pero las hubiera matado de un disgusto. Muchas veces lo he pensado... pero no lo hice. Además, sor Pilar controló el encuentro de principio a fin".

Por una razón u otra, Pilar Sanjoaquín fue la artífice de la mudanza del tesoro. Incluso regaló a una amiga suya, Pilar Alcalde, una de las reliquias, que fue encontrada por casualidad, a punto de encontrar nuevo dueño en una subasta.

Al despedirse, el alcalde desliza sobre la mesa un interrogante: "Las monjas de Sijena siguen siendo las dueñas del tesoro". Pero, ¿no murieron todas? "Sí, pero en derecho canónico una orden no queda extinguida hasta que pasan alrededor de cien años desde la defunción de su último miembro".