El próximo 22 de agosto se cumplirá un año desde la desaparición de Diana Quer.

El próximo 22 de agosto se cumplirá un año desde la desaparición de Diana Quer.

Reportajes La investigación sigue estancada

Los Quer, una familia sólo unida por Valeria tras un año sin Diana

Juan Carlos Quer y Diana López-Pinel coinciden en una obsesión: que su hija de 17 años tenga estabilidad.

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“Claro que la desaparición de Diana ha hecho explotar todo lo que existía entre los Quer. Que de la noche a la mañana desaparezca una hija, sin dejar rastro, haría tambalear a la más fuerte de las familias. Pero los Quer tenían muchas cosas, demasiadas, que eran tensas. Y todo lo que ha sucedido en el último año ha hecho estallar por los aires cualquier atisbo de normalidad que existía entre ellos. Ahora su vida gira en torno a una tragedia sin certezas, por mucho que intenten aferrarse a la normalidad, y en Valeria, la hermana menor. Ojalá algún día puedan saber qué es lo que realmente ocurrió con Diana”.

Quien habla es un amigo del matrimonio Quer. Ha compartido con Juan Carlos y con Diana López-Pinel muchas veladas. Ha visto crecer a Diana, desaparecida desde hace un año, y a la hermana de ésta, Valeria. Sigue con preocupación obsesiva los avances de la investigación, “aunque desde que encontraron el teléfono móvil, el iPhone 6 del que no se separaba la niña, no se ha sabido mucho más”.

Según su relato, la vida de los Quer ha sufrido una sacudida irrecuperable: “Para ellos ha sido muy duro formar parte de las investigaciones, que la Guardia Civil hurgue en sus vidas y tanta exposición mediática… Pero han sido ellos mismos quien se han ofrecido a eso, tratando de obtener cualquier pista, cualquier detalle que sirva para saber algo de lo que ocurrió. Comprenden que es el precio que tienen que pagar y lo repetirían una y otra vez si así supieran algo más sobre el paradero de Diana”.

Juan Carlos Quer y Diana López-Pinel, poco después de la desaparición de su hija.

Juan Carlos Quer y Diana López-Pinel, poco después de la desaparición de su hija. GRES

Porque desde que desapareciera la joven el pasado 22 de agosto en la localidad coruñesa de A Pobra do Caramiñal –esta semana se cumplirá un año-, las entrañas familiares de los Quer han quedado al descubierto. Juan Carlos Quer y Diana López-Pinel atravesaban una crisis de pareja como otras muchas que ya habían sufrido, aunque sus allegados creían que esta era la definitiva, que el matrimonio estaba roto. “Los dos salieron ante las cámaras para pedir ayuda a sabiendas de que exponían toda su situación, pero se agarraban a ese clavo ardiendo clamando ayuda para dar con Diana”.

Su llamamiento centró sobre ellos los focos mediáticos. Pronto se supo las indagaciones de la Guardia Civil en su historial familiar: las discusiones en el hogar habían propiciado algunas fugas temporales de la joven, y que Diana hubiese abandonado su casa el pasado 22 de agosto era una de las líneas de investigación.

“Saben que han pagado un precio alto en su intento de saber algo más sobre dónde está la niña”. El amigo de la familia se refiere constantemente a Diana como la niña. “Ellos son adultos y asumen esa carga. Sólo hay una cosa que lamentan: lo que ha sufrido su otra hija, Valeria [de 17 años], con tanta exposición. Y que esto pueda afectarle de un modo irreparable”.

¿Qué sabe Valeria?

Agentes de la Guardia Civil hablaron largo y tendido con Valeria para obtener todos los datos posibles sobre su hermana Diana. La relación entre ambas atravesaba altibajos –“como en cualquier otra relación de hermanas”-, pero ambas se sostenían en los momentos difíciles. Con quién se movía Diana, en quién se refugiaba en los momentos difíciles, qué lugares frecuentaba tanto en A Pobra do Caramiñal como en Boadilla del Monte (su lugar de residencia en Madrid)… Toda información era fundamental en la investigación.

Diana López-Pinel, con su hija Valeria.

Diana López-Pinel, con su hija Valeria.

La joven Valeria manifestó desde el primer momento sus esperanzas en que los agentes encontrasen viva a Diana. Lo hizo a través de las diferentes redes sociales en las que tenía cuentas públicas. En Instagram subía vídeos y fotos en los que expresaba sus añoranzas por su hermana; en Facebook le pedía que volviese; en Ask.fm –un espacio en el que de forma anónima le hacían preguntas y ella respondía- afirmaba que sus padres y su novio eran el pilar en el que se sostenía ante el trance.

Más allá de ese mundo virtual, los cimientos de la vida de Valeria se han tambaleado. Diana López-Pinel trató de alejarla de los focos y por eso vio con buenos ojos el viaje que la menor realizó con su novio a Kenia en enero de 2017, pese a saltarse algunos días de clase en su instituto. “Su madre creyó que le vendría bien para despejar la cabeza, para olvidarse de todos los líos que hubo en torno a la custodia que sus padres se disputaban sobre ella, para aclarar ideas”, cuenta este amigo de la familia.

Valeria Quer viajó con su novio a Kenia las pasadas navidades y se saltó algunos días de clase en el instituto.

Valeria Quer viajó con su novio a Kenia las pasadas navidades y se saltó algunos días de clase en el instituto.

A su regreso, la relación entre Valeria y sus padres se normalizó. “Le sentó bien el viaje”, explica. “Al menos, a corto plazo. Porque después…”. El amigo de los Quer se refiere al episodio que tuvo lugar el 7 de abril de este año en la vivienda de Boadilla del Monte, en la que residen la menor de edad y su madre. Diana López-Pinel llamó a la Policía después de que su hija le amenazase con un palo y le gritase “mala madre”.

“Este ha sido un curso muy difícil para Valeria. Está perdida. Ojalá encuentre pronto el camino”.

La relación entre los padres

Juan Carlos Quer y Diana López-Pinel saltaron al escenario mediático por su propia iniciativa, pero hubo un episodio que desbordó a ambos por completo: cuando en septiembre de 2016, apenas un mes más tarde de la desaparición de Diana, tuvieron que declarar ante el juez para dirimir quién tendría la custodia de Valeria.

“Aquello les sobrepasó. Llegaron y se encontraron un montón de periodistas, de curiosos que querían saber quiénes eran y qué relación unía a la familia. Desde entonces optaron por aparecer menos en los medios y, cuando lo hicieran, centrarse casi en exclusiva en la desaparición de Diana y no tanto en ellos mismos”.

Diana López-Pinel comparece ante los medios a las puertas de los juzgados.

Diana López-Pinel comparece ante los medios a las puertas de los juzgados. EFE

Diana López-Pinel ha cambiado su actitud desde que se le perdiera el rastro de su hija. Según explican algunos de sus allegados, antes era más propicia a la vida social, a participar en fiestas y en divertirse. Ahora ha reducido esos movimientos. Se ha recluido en un pequeño grupo de personas de máxima confianza.

Sigue viviendo en su casa de Boadilla del Monte con su hija Valeria y no ha dejado de visitar A Pobra do Caramiñal tras la desaparición de Diana: “Al contrario, cree que en cierta medida si va allí estará más cerca de su hija desaparecida”. Habla de Diana en presente y muestra su convicción de que esté con vida, posiblemente en Estados Unidos o en algún otro país.

Juan Carlos Quer, padre de Diana, antes de comparecer ante el juez por la custodia de su hija Valeria.

Juan Carlos Quer, padre de Diana, antes de comparecer ante el juez por la custodia de su hija Valeria. EFE

Juan Carlos Quer sigue desempeñando su labor como agente inmobiliario de éxito. “Es consciente de que su vida no va a volver a ser como la de antes, pero intenta que sea todo lo normal que pueda”, afirma el amigo del matrimonio. Su trabajo le permite vivir de forma holgada y pasar la pensión pactada con su mujer Diana.

“Quizá Juan Carlos es más consciente de los riesgos de la exposición mediática. Ha habido ocasiones, especialmente cuando se trataba de su hija Valeria, en las que se ha debatido sobre si mantener firmes sus convicciones o en ceder terreno para no crear tanto revuelo o alarma”.

Los avances en la investigación

Un año después de la desaparición de Diana Quer y pese al ‘carpetazo’ judicial en torno al caso al no haber sospechosos, la Guardia Civil mantiene a cinco agentes que se dedican casi en exclusiva en estas labores de investigación. La Benemérita es consciente de que se encuentran ante uno de los casos más complicados a los que se ha enfrentado en los últimos años, pero se aferra al cruce de los datos que tienen en sus manos para encontrar un fleco suelto que les permita avanzar en sus pesquisas.

Por ahora, casi todo el trabajo se centra en torno al teléfono móvil de la joven rescatado por un mariscador en una ría en Taragoña, a unos 20 kilómetros del lugar en el que se le perdió el rastro a Diana.

“A partir de ahí, no hay nada más –añade el amigo de la familia-. La madre, Diana, se aferra a que su hija se encuentre bien, quizá en contra de su voluntad. Juan Carlos quizá es menos optimista y, en caso de que haya un desenlace fatal, seguramente lo acepte con más entereza. Más allá de eso, comparten un anhelo común: que su hija Valeria encuentre estabilidad y sea capaz de sobrellevar lo mejor posible una situación que ha cambiado por completo su vida”.

Diana y Valeria Quer.

Diana y Valeria Quer.