Cuarenta años cocinando caracoles en Santiago: El valor diferencial es el equipo humano

Cuarenta años cocinando caracoles en Santiago: "El valor diferencial es el equipo humano"

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Cuarenta años cocinando caracoles en Santiago: "El valor diferencial es el equipo humano"

Abierto en 1986 por Germán y Esclavitud, a principios de los 2000 su hija Nati y su pareja Manuel cogieron las riendas de Los Caracoles. Tras el fallecimiento de Nati en 2023, Manuel continúa el legado familiar: "Para ella esto no era un negocio, era su casa"

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En 1986, Germán y Esclavitud abandonaron la discoteca que tenían en A Coruña para abrir en una antigua fontanería, la Fontanería Muñoz, el restaurante Los Caracoles. Ahí, hicieron de su nombre un emblema en la ciudad, preparando los caracoles a través de dos tipos de salsa: una con vino blanco y albariño y otra con vino tinto, y ambas bajo una base de tomate, guiso de carne en salsa y picantes. A principios de los 2000, el restaurante pasó a manos de su segunda generación: la de su hija Nati y su pareja Manuel. En 2023, Nati fallecía a causa de un cáncer, dejando un vacío imborrable entre su familia y sus clientes. Ahora es Manuel quien continúa el legado familiar, y de su mujer, en este restaurante que el pasado mes de abril cumplió cuatro décadas en la ciudad, abierto a iniciarse en "otra etapa".

La historia de Los Caracoles comenzó en Santa Cristina, donde Germán y Esclavitud tenían una pulpería. Allí le visitaban varios médicos y clientes del antes conocido como Hospital Juan Canalejo (ahora Hospital Universitario de A Coruña) y Esclavitud comenzó con la receta de los caracoles. Cuando llegaron a Santiago "estaba el mejillón, la orella... Entonces mi suegro dijo: "vamos a poner caracoles". Se convirtió en un local con bastante solera" recuerda Manuel.

Interior de Los Caracoles

Interior de Los Caracoles Quincemil

Hijo de funcionarios y economista, el mundo de la hostelería parecía que a Manuel nunca le iba a pillar. Sin embargo, cuenta que "me metí en esto por amor" y junto con Nati, fotógrafa en A Coruña, continuaron con el restaurante familiar cuando sus suegros le pidieron ayuda. "Su madre la llamó y le dijo: ' te vienes o tenemos que dejar esto' y decidió venirse". Explica Manuel que en la cocina fue "el puesto en el que más disfruté y el que más me gustó" cuando llegó y aprendió todo "de la abuela y lo que fui aprendiendo de la gente que tuve", como de Esclavitud, el alma máter de Los Caracoles.

Una nueva etapa con "las recetas de siempre"

Con la llegada de Nati y Manuel mantuvieron "la esencia del local, pero ajustándonos en horarios", trabajando más como restaurante y menos como bar "porque aquello era insostenible". "Hicimos un negocio muy familiar, muy personal: una carta corta basada en producto de temporada y local" explica Manuel.

La esencia de restaurante familiar y el uso de productos de temporada y de proximidad continúa en Los Caracoles, pero "ahora es otra etapa". Con dos niños pequeños a su cargo, Manuel comenta que necesita "más equipo" porque el restaurante vuelve a hacerse "un poquito más grande". Así, amplió el horario de apertura, de 12:30 a 23:30 horas, con cocina ininterrumpida y donde "el valor diferencial es el equipo humano", formando un equipo de ocho personas "que estén contentos, trabajando a gusto y funcionando": "aquí siempre se ha respetado al equipo porque creemos que es la parte más importante del negocio, y ahora aún más, porque la forma de diferenciarte es esa".

La cocina de Los Caracoles se basa en una cocina "sencilla" con "las recetas de siempre", pero con un matiz actualizado: "aligerando grasas, potenciando sabores, cuidando mucho el producto o los puntos de cocción", explica Manuel. Los caracoles también se siguen haciendo como siempre los hizo Esclavitud. Hacen elaboraciones propias, como sus empanadas, y utilizan productos de proximidad, como el pulpo y los calamares que utilizan para sus platos. "Diferenciarte de eso sin tener que marcar un precio súper disparado requiere un trabajo durísimo", señala Manuel.

Tapa de caracoles en Los Caracoles

Tapa de caracoles en Los Caracoles loscaracolesscq

En un sector donde las franquicias van ganando el pulso a los locales que han acompañado durante toda la vida a los vecinos, cumplida la cuarta década Los Caracoles "sigue siendo un local que la gente de aquí le tiene mucho cariño, con prestigio de calidad y un bar de siempre". Un bar abierto "a todo tipo de público", tanto extranjero como local y que buscará potenciar ese posicionamiento local con la vuelta de grandes clásicos de la casa, como el ron oro, típico de Venezuela, y que su suegro traía desde el propio país.

Un local que aún recuerda a Nati, "siempre pienso en plural, porque para mí esto sigue siendo yo y Nati, sigue siendo mi familia" cuenta Manuel y donde el motor principal de todo "son mis hijos": "Si yo no puedo atenderlos, tengo que deshacerme de esto. Nati al final se crio aquí, vino con nueve años. Para ella esto no era un negocio, era su casa. Siempre tuvo la ilusión de mantener el local en la familia y que estuviera aquí, que los niños lo vivieran y todo eso. Yo sigo un poco ese proyecto que ella tenía, porque fue algo que compartimos durante casi veinte años en el local. Seguimos con eso", comenta Manuel.