Local de A Mundiña en la calle Real de A Coruña.
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Las barras ganan terreno en A Coruña: comer bien, pero de una forma más informal
La hostelería coruñesa apuesta por espacios que combinan barra y mesas para atraer a clientes con ganas de salir más y gastar menos
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La barra está viviendo una nueva etapa en la hostelería de A Coruña. El tradicional espacio para tomar un café, una caña o un pincho rápido se está transformando en algunos establecimientos en una alternativa al restaurante convencional, con propuestas que permiten comer, picar y compartir producto sin necesidad de sentarse a una comida larga.
El fenómeno se puede ver en locales como La Bombilla o Vita-K, donde la barra y las mesas conviven, pero también en restaurantes que han decidido incorporar espacios específicos para este tipo de consumo. Uno de ellos es A Mundiña, que ha ampliado recientemente su propuesta con un formato más informal.
Para Maxi, de A Mundiña, la decisión responde directamente a una evolución de los hábitos de consumo. "La causa de haber tomado esa decisión obedece de una manera muy sencilla a lo que son los cambios y la evolución de los hábitos de consumo", explica en conversación con Quincemil.
Según su experiencia, el cliente actual quiere salir con mayor frecuencia, pero no necesariamente puede o quiere asumir cada vez el coste y el tiempo asociado a una comida tradicional en un restaurante de alta gama.
"La comida convencional establecida en los restaurantes de alta gama se convierte más que nada en una experiencia, de una vez al mes, una vez cada 15 días como mucho", señala Maxi. Frente a ello, observa un creciente interés por frecuentar los establecimientos más a menudo, reduciendo tanto el volumen de comida como el coste de cada visita.
Más visitas y un público más diverso
En A Mundiña aseguran que la apuesta por este formato está funcionando. El objetivo no pasa tanto por sustituir el restaurante tradicional como por ampliar las posibilidades para el cliente.
"Estamos ampliando el espectro de clientes", explica Maxi. Según detalla, el ticket medio no está sufriendo grandes oscilaciones, pero sí están comprobando una mayor afluencia y un público cada vez más diverso.
"Tenemos una afluencia, un flujo de público cada día mayor, más diverso. Entonces eso es un buen síntoma", apunta.
La clave está precisamente en ofrecer una experiencia diferente sin renunciar a la identidad del establecimiento. Para Maxi, hacer la propuesta más informal no significa rebajar la calidad.
"Es una nueva forma de vivir la esencia del restaurante convencional", resume. Y añade una condición que considera fundamental: "Mantener intactos los estándares de calidad, el criterio en la selección del producto y, sobre todo, la excelencia en el servicio". Por eso, en A Mundiña definen su nueva apuesta con una frase: “A Mundiña amplía la propuesta, pero no la simplifica”.
La barra ya no es solo para esperar
Esta transformación coincide con una tendencia que también percibe Héctor Cañete, presidente de la Asociación Provincial de Hostelería de A Coruña. En su opinión, el consumo tradicional de barra en las cafeterías continúa prácticamente igual.
“La barra principalmente es gente de trabajo y gente que quiere tomar un café rápido”, explica. En este ámbito, asegura que no ha detectado grandes cambios respecto a los últimos años.
La evolución se aprecia más claramente en la restauración. Cañete sí observa que ha crecido el tapeo y el picoteo y que algunos restaurantes están creando zonas específicas para consumir algo antes de acceder al comedor.
La barra se convierte así en una zona de espera, de picoteo o directamente de consumo, una fórmula que permite al cliente decidir sobre la marcha cuánto tiempo quiere permanecer y cuánto quiere gastar.
La Bombilla, Vita-K y una fórmula que se expande
En A Coruña existen establecimientos que llevan tiempo demostrando que barra y mesa pueden convivir dentro de una misma experiencia. La Bombilla es uno de los grandes referentes de la cultura del tapeo coruñés, mientras que Vita-K ha trasladado esa filosofía a un formato de mayor capacidad, con mesas que permiten sentarse y compartir sus propuestas.
La fórmula responde a una demanda cada vez más clara: salir más, pero hacerlo de una manera más informal. No necesariamente se trata de sustituir una comida de restaurante, sino de añadir nuevas ocasiones de consumo.
Maxi introduce además otro factor: el envejecimiento de la población. "La población cada día está más envejecida, es más mayor. Eso conlleva un ciclo de ocio mayor también", explica. Pero ese mayor tiempo de ocio viene acompañado, según su análisis, de una mayor cautela a la hora de afrontar el coste de cada consumo. De ahí que el cliente pueda buscar más ocasiones para salir sin convertir cada una de ellas en una comida completa.
El resultado es una hostelería en la que las fronteras entre barra, tapeo y restaurante son cada vez más difusas. Una caña puede convertirse en unas tapas, las tapas en una comida y la barra en el lugar donde pasar buena parte de la experiencia gastronómica.
Y los hosteleros parecen haber entendido el mensaje: el cliente quiere seguir saliendo, pero busca fórmulas que le permitan hacerlo más veces, de forma más flexible y sin renunciar al producto ni a la calidad.