Lino Pastoriza delante de El Tequeño.

Lino Pastoriza delante de El Tequeño. Quincemil.

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Lito Pastoriza, 40 años en la hostelería de A Coruña: "El día que me quiten la terraza, me jubilo"

El dueño de El Tequeño, en María Pita, afronta su retirada tras más de 30 años mientras la nueva ordenanza elimina las "peceras" de la plaza

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Ángel Pastoriza tiene claro cuándo colgará el delantal: el día que desaparezca su terraza. A sus 67 años, sigue acudiendo cada mañana a El Tequeño, su bar en la plaza de María Pita, como lleva haciendo desde hace más de tres décadas. Allí empezó junto a su mujer, Flor, y su hijo, Javi. Y allí sigue.

Mientras muchos cuentan los días para jubilarse, Lito —como lo conoce todo el mundo— no es capaz de dejarlo. "No viviría tranquilo sabiendo que no puedo echar una mano a mi familia", confiesa. Su rutina sigue siendo la de siempre: jornadas largas, "de sol a sol", aunque ya se permite algún descanso más que antes.

La idea de la jubilación activa siempre fue esa: quedarse para ayudar. "Estoy aquí por si me necesitan", explica.

Pero poco a poco ha ido soltando. Y ahora, con la retirada de las 'peceras' de María Pita cada vez más cerca, ve el momento de echar el freno. No tanto porque quiera, sino porque cree que ya no hará falta que esté.

La nueva ordenanza del Concello plantea eliminar estas terrazas cerradas y apostar por modelos abiertos, con toldos. Una idea que no convence a algunos de los hosteleros de la zona, que insisten en que necesitan cubrir las mesas para no depender del sol para tener gente.

En El Tequeño lo tienen claro. "En invierno vivimos de la pecera. El 80% de los clientes está ahí", asegura. Por eso cree que cuando desaparezcan la clientela va a caer.

La norma todavía no es definitiva, a falta de que se resuelvan las alegaciones. Entre ellas, las presentadas por su hijo, Javier Pastoriza, presidente de la Asociación de Comerciantes del Obelisco.

Pero Lito no le da muchas vueltas. Da por hecho que pasará. Y ahí es donde empieza a ver el final. Tampoco es mala excusa. A sus casi 68 años, parar no suena tan mal.

De la construcción a la hostelería

Su historia viene de lejos. Antes de El Tequeño hubo otro bar, La Viña. Empezaron en 1986 en la calle de la Franja. Diez años después se trasladaron a María Pita, ya con el nombre actual.

Las 'peceras' llegaron en 2002. Nunca le convencieron del todo. "No nos gustaban mucho, pero eran prácticas", reconoce. Quién le diría a él que al final las acabaría echando en falta.

Antes de todo eso, su vida fue otra. Con 18 años se marchó a Venezuela con sus hermanos. "Intenté lo del fútbol, pero no salió", dice entre risas. Allí trabajó en la construcción durante seis años. "Arreglábamos fachadas sin ninguna medida de seguridad", recuerda.

Continuación familiar

En 1983 volvió y decidió apostar por la hostelería. Algo ya conocía: de joven había trabajado de camarero en Val do Dubra. De Venezuela se trajo también a Flor. Y con ella, el tequeño. Un bocado que acabó formando parte de la infancia de muchos coruñeses.

Ahora, mientras él empieza a pensar en parar, el negocio sigue. Flor y Javi continúan al frente, peleando también por unas terrazas que les permitan mantener la clientela en invierno.

Porque si algo tiene claro Lito es que, aunque él se jubile, los tequeños van a seguir saliendo de esa cocina.