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A Coruña esconde en Cuatro Caminos un restaurante de barrio que lleva doce años llenando mesas
Cocina de temporada, menús que cambian cada mes y una vinoteca muy viva definen la propuesta de Cosecha 81
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Hace casi doce años, en junio de 2014, dos profesionales curtidos en la hostelería decidieron dar el salto y abrir su propio negocio en Cuatro Caminos. Eligieron una zona de barrio, lejos del circuito más turístico del centro de A Coruña, y apostaron por un concepto que combinaba restaurante y vinoteca, con cocina de producto, atención cercana y una propuesta gastronómica pensada para fidelizar al cliente habitual.
Así nació Cosecha 81, el establecimiento de la calle Nicomedes Pastor Díaz, impulsado por Juan Martínez, al frente de la sala, y Marcelo Mato, responsable de cocina. Ambos llevaban cerca de dos décadas trabajando en el sector cuando decidieron emprender juntos. "Lo típico: llevábamos veinte años en esto y pensamos que era el momento de hacer algo por nuestra cuenta", recuerda Marcelo.
El comienzo fue modesto: un pequeño comedor con capacidad para apenas 15 personas y un equipo de solo tres trabajadores. "Arrancamos Juan y yo, junto a una cocinera más en el equipo. Empezamos poquito a poco, como todos", explica. Hoy, tras tres reformas y un crecimiento progresivo, el local cuenta con espacio para 34 comensales y una plantilla de seis personas.
Un menú degustación que cambia cada mes
Uno de los sellos distintivos del restaurante es su menú degustación, una fórmula que renuevan mensualmente y que elaboran únicamente bajo reserva previa. Cuesta 65 euros -para dos personas- e incluye dos aperitivos, varios platos salados y un postre.
"Cada mes buscamos ingredientes distintos, siempre adaptados a la temporada, intentamos dar protagonismo a lo que marca el momento", señala Marcelo, que diseña personalmente cada propuesta. El objetivo es ofrecer variedad a una clientela que repite con frecuencia: "Aquí no somos un sitio de paso; mucha gente viene todos los meses, así que hay que sorprenderla".
Además del menú degustación, el local ofrece menú del día por 16 euros.
Platos que nunca desaparecen
Aunque la carta evoluciona, hay tres platos que permanecen desde el primer día: los mejillones gallegos en escabeche rojo, la croca y las picas de pollo. "Son intocables. Hay clientes que vienen expresamente por ellos", reconoce el chef.
Junto a estos clásicos, el restaurante incorpora guiños a nuevas tendencias gastronómicas, como baos, brioche o una focaccia negra de pulpo que se ha convertido en uno de los platos más llamativos. "Intentamos seguir las tendencias, pero siempre dándoles nuestro toque personal", dice Marcelo.
La vinoteca, otro motor del negocio
La vinoteca sigue siendo una pieza clave dentro del proyecto. Sus catas-maridaje, con aforo para unas 35 personas, mantienen una excelente acogida. Tanto es así que muchas de estas citas se completan en muy poco tiempo, a veces incluso antes de anunciarse en redes sociales. Marcelo atribuye ese éxito a una fórmula basada en ofrecer "una experiencia muy cuidada y a un precio ajustado".