Moncho Méndez y Mon Fernández, durante su encuentro en Millo Orzán.

Moncho Méndez y Mon Fernández, durante su encuentro en Millo Orzán. Cedida

Ofrecido por:

GastroCoruña

A Coruña, territorio de autor: cuando un chef y un entrenador hablan el mismo idioma

Cocina y entrenamiento, dos universos aparentemente distantes, convergen en una reflexión sobre la autoría y la manera de entender el oficio

Publicada

Contenido patrocinado

Uno pasa las mañanas entre fogones; el otro, entre barras, respiraciones y técnica. A simple vista no hay nada que vincule el trabajo del chef Moncho Méndez con el del entrenador Mon Fernández. Pero cuando se sientan a conversar, la sorpresa no está en sus diferencias, sino en todo lo que comparten: una misma filosofía, un mismo nivel de exigencia, una misma obsesión por el detalle. Lo que empieza como una charla entre dos profesionales acaba convirtiéndose en una interesantísima reflexión conjunta sobre la autoría y sobre cómo cada uno concibe su oficio para hacerlo propio.

"En nuestro caso, reinterpretamos recetas urbanas mediante técnicas artesanas", afirma Méndez, chef del restaurante Millo, donde lo tradicional y lo contemporáneo conviven en una cocina basada en ingredientes frescos y de temporada.

Habla del producto gallego con la calma de quien lo ha manipulado una y mil veces. No hay artificio en su forma de cocinar; hay precisión, respeto e intención. Cada corte, cada punto de cocción, cada gesto nace de un proceso largo que el comensal no ve, pero que define su cocina. "Es importante transmitir identidad, tanto en el plato como en la experiencia - añade -, pero, sobre todo, es importante ser honesto con uno mismo".

Fernández escucha y sonríe. Él podría firmar esa frase. "En entrenamiento sucede igual. No existen rutinas universales. Existen personas, cuerpos, historias y ritmos distintos", explica. En 4h Sport Studio, su trabajo parte de la misma lógica que la cocina de autor: interpretar a quien tiene delante. "No entrenamos músculos ni dinámicas - dice -. Entrenamos a las personas que hay detrás".

Martín R. Garaboa, portero del Deportivo Liceo, durante una sesión en 4h Sport Studio; Moncho Méndez prepara un servicio.

Martín R. Garaboa, portero del Deportivo Liceo, durante una sesión en 4h Sport Studio; Moncho Méndez prepara un servicio. Cedida

En apariencia, no hay nada que conecte un restaurante con un estudio de entrenamiento. Hasta que hablan del tiempo. Tiempo para probar un plato. Tiempo para ajustar la técnica de un movimiento. Tiempo para esperar el punto exacto. Tiempo para no acelerar lo que aún no está listo. "La prisa se nota siempre, apunta Méndez. "En cocina quema". "Y en entrenamiento lesiona", completa Fernández. La paciencia, coinciden, es otro de los ingredientes fundamentales.

Mientras intercambian impresiones, el fotógrafo retrata algo que une sus oficios más que cualquier palabra: sus manos. Las de Méndez, firmes y tatuadas, trabajando el producto. Las de Fernández, ajustando un gesto milimétrico que cambia la biomecánica de un movimiento. Dos trabajos que parecen distintos, pero que comparten una misma idea: la importancia de lo invisible. "La gente ve el resultado final - señala Moncho -, pero no las horas de pruebas previas". "En nuestro caso - continúa Mon -, pasa exactamente lo mismo. Lo palpable es solo la superficie".

Las manos de Fernández durante un ajuste técnico y las de Méndez trabajando el producto.

Las manos de Fernández durante un ajuste técnico y las de Méndez trabajando el producto. Cedida

A medida que el encuentro avanza, se vuelve evidente que ninguno está hablando de cocina o deporte. Hablan de cómo entienden un oficio, de una filosofía compartida que va más allá de la técnica, de tomar decisiones basadas en criterio y no en tendencia. De tener una forma propia de hacer las cosas. "La autoría es la coherencia con uno mismo", concluyen.

En A Coruña está emergiendo una sensibilidad común: una manera de trabajar basada en el rigor, la autenticidad y el respeto por el proceso. Ni la gastronomía de autor ni el entrenamiento personalizado son fenómenos aislados; forman parte de una cultura que valora el origen y el criterio. El encuentro entre Moncho y Mon así lo refleja. Dos universos distintos, dos disciplinas que nunca se habían cruzado y un mismo hilo conductor: la autoría como forma de entender un oficio.

Cuando la entrevista termina, continúan charlando sin prisa. Hablan de fuego, de respiración, de ritmo, de cómo cuidar a alguien a través de lo que hacen. Quizá por eso este cruce funciona: porque, más allá del plato y del entrenamiento, ambos creen en lo mismo. En que la autoría no es una técnica ni una moda. Es una actitud. Y quienes la comparten, aunque trabajen en mundos distintos, se reconocen al instante.