La familia de Ainhoa en A Coruña.

La familia de Ainhoa en A Coruña. Cedida

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La familia de Sada que lleva 30 años viviendo con tres generaciones bajo el mismo techo: "Aprendes a adaptarte"

En casi uno de cada cuatro hogares gallegos con menores de edad conviven también los abuelos

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En casa de Ainhoa Guimarey conviven tres generaciones desde que nació ella, hace 27 años. Sus abuelos vivían con sus padres en Sada debido al trabajo del padre, militar de profesión, que le obliga a pasar largas temporadas lejos de su hogar. Unos años después llegaría su hermano, dando lugar así a una familia numerosa bajo el mismo tejado.

Los abuelos de Ainhoa, Amparo y Marcelino, continuaron viviendo con ellos para echarle una mano a su madre, Teresa, en el cuidado de los más pequeños.

Ahora, casi 30 años después, las tareas se han invertido ligeramente. "Mi abuela es muy dependiente porque tiene demencia así que esa condición cambia el día a día", explica la joven.

Crecer tan cerca de sus abuelos fue para ella una experiencia muy buena: "Mi abuela nos hacía de comer, nos iba a buscar cuando íbamos al colegio o nos llevaba a la parada del bus. Nos daba muchos abrazos y mucho cariño en general y mi abuelo, que falleció en 2017, también nos daba cariño a su manera".

En Galicia, según un estudio reciente de Funcas, en el 26% de hogares en los que hay menores viven también sus abuelos; una de las cifras más elevadas de España, solo superada por Canarias (31,4%) y muy lejos del 8% en el que se mueven La Rioja, País Vasco o Extremadura.

La misma entidad explica que los hogares multigeneracionales han aumentado en los últimos años y que, en el caso concreto de España, las escasas políticas familiares, un mercado laboral segmentado y los problemas de acceso a la vivienda han favorecido la corresidencia entre generaciones.

En este contexto, el cuidado de los menores se perfila como motivo principal para esta convivencia.

En la familia de Ainhoa su abuela también fue la encargada de criar a sus primas. Una de ellas ya es madre, así que cuando toda la familia se junta, suman ya cuatro generaciones desde la bisabuela hasta la bisnieta.

Una familia con raíces en Sada

Mucho antes de que Ainhoa naciera, su madre Teresa ya vivió en un hogar multigeneracional.

Cuando era una niña vivía junto a su hermana, sus padres y su abuela, una experiencia que también recuerda con cariño.

Sus padres llegaron al municipio coruñés procedentes de Coiro y aquí se establecieron para hacer su vida, con mucha implicación en la localidad. "Mi padre tenía el bar Orella y, en las fiestas, echaba los fuegos artificiales porque vendía pirotecnia y cohetes en Rocha. Además, iba a las sardiñadas y una vez lo llamaron para ir a asar sardinas a Pontevedra", cuenta.

Ella, como Ainhoa, fue criada por su abuela.

De manera muy similar a como habla su hija, explica que "la abuela era la que nos daba los mimos, la que nos llevaba a la misa los domingos y al cine por la tarde. Mamá estaba más ocupada entonces era ella la que nos llevaba a los sitios o nos compraba unas chuches".

Ahora como madre ve sus más y sus menos en compartir hogar con sus propios padres y sus hijos: "En algún momento siempre te dicen cómo criar a los niños y se meten un poquito en el tema de educar, pero también colaboramos muchísimo. A mí me ayudaron muchísimo para poder trabajar. La convivencia es como la de cualquier familia".

El secreto, explica Teresa, tiene dos aspectos.

Por una parte, "aprendes a adaptarte mejor a las circunstancias".

Por la otra, "aprendes también a respetar. Nuestra casa no es muy grande, pero hemos creado una segunda salita pequeña para tener nuestra intimidad. La clave es que haya una cierta intimidad dentro de la convivencia".

Una experiencia para repetir

Preguntadas por separado si repetirían la experiencia, Ainhoa y Teresa dan la misma respuesta.

La madre asegura que "a mí no me importaría si ellos quieren; no quiero molestar. No creo que lo hiciera porque siempre damos apoyo con los nietos, con esto y con lo otro. Si la relación es mala ya lo ves en el camino de la vida, pero no creo que hubiera problemas o que me llevara muy mal con el yerno o la nuera. Malo sería".

Y su hija coincide: "No me importaría porque tengo buena relación con ella. A no ser que mi futuro marido se llevase mal con ella, que no creo que fuera el caso, no me importaría. Mi madre es maravillosa y sería una gran ayuda, como fueron mis abuelos con nosotros".