Las excelentes cifras turísticas vuelven a dar titulares: España encadena datos récord y Galicia consolida su crecimiento. Los números están ahí. Y, como cada año, se presentan y se comentan coincidiendo con FITUR, la gran cita del turismo: ese lugar donde no solo se exhiben destinos, sino donde el sector hace una radiografía de sí mismo.
Según el INE (Encuesta de Ocupación Hotelera), en 2025 los hoteles gallegos superaron los 5,3 millones de viajeros y rozaron los 10 millones de pernoctaciones. En concreto, Galicia pasó de 9.817.780 pernoctaciones en 2024 a 9.845.824 en 2025. Se aprecia, por tanto, un crecimiento moderado, ligeramente inferior al del conjunto nacional, con un incremento de alrededor del 1%.
También debemos mirar con atención el gran motor turístico del territorio: el Camino de Santiago, que sí marcó un récord histórico en 2025. Según la Oficina del Peregrino, más de 530.000 peregrinos recogieron su Compostela en 2025, un 6% más que en el año anterior. Entre ellos, más de 300.000 extranjeros. Cifras que lanzan dos mensajes claros: consolidación del turismo internacional y desestacionalización, algo que en Galicia tiene valor estratégico porque permite repartir el flujo, reduce picos y da un respiro al sector.
Estos datos se publican siempre coincidiendo con FITUR. Y tiene lógica: la feria es el escaparate, sí, pero también el foro donde se interpretan tendencias, se discuten riesgos, se plantean retos y se analizan consecuencias.
Porque FITUR no es únicamente una feria para vender destinos. Para mí es el lugar donde el sector se escucha a sí mismo. Y este año el runrún era constante entre los profesionales: cuando crece mucho, el turismo deja de ser una buena noticia… y se convierte en una gran responsabilidad. ¿Qué ocurre cuando el récord deja de ser una meta y se transforma en presión?
Afortunadamente, en Galicia podemos estar relativamente “tranquilos”. Ese crecimiento moderado es un alivio (salvo algunas excepciones). Las palabras saturación y conflicto aún parecen lejanas, aunque no podemos olvidar que están muy presentes. En turismo, avanzar sin correr es inteligencia. Porque el turismo no puede ser una competición por ver quién atrae más. El turismo es una industria transversal. Y cuando el ecosistema crece demasiado rápido, se resiente.
Crecer significa más gente, más uso de los espacios públicos, más carga en las infraestructuras. Requiere más servicios urbanos: limpieza, gestión de residuos, mantenimiento, movilidad… En resumen: recibir más visitantes genera un evidente desgaste material en los destinos. Y el que más me preocupa: un desgaste social, concepto más sutil y, para mí, más peligroso.
Cuando el turismo crece demasiado, cambia la vida cotidiana de los locales. Se saturan zonas de la ciudad, se encarece la vivienda, aparece tensión en barrios, se alteran rutinas. Y es entonces cuando entra en escena un término incómodo, pero cada vez más presente (y recientemente incorporado al diccionario de la RAE): turismofobia.
Para mí, más que fobia al turista, lo que flota en el ambiente es cansancio. Hartazgo. La percepción de los locales: que la ciudad, poco a poco, se aleja de quienes la habitan. Por eso en turismo el récord no puede ser el fin, más bien debe entenderse como una alarma suave, un síntoma que exige cambios de modelo, de gestión y adaptación.
El gran cuello de botella: personas
En FITUR 2026 este tema fue un latido constante, recurrente en charlas públicas y conversaciones privadas. La demanda de soluciones está en el aire. Y todos lo tenemos claro: el sector necesita más manos, más profesionales, más talento… y otra mirada.
Porque cada turista extra implica más trabajo: limpieza, atención, guías, transporte, mantenimiento, infraestructuras. Y hoy no es fácil cubrir esas necesidades. No por falta de personas con ganas de trabajar, creo que las hay. Sino porque el sector arrastra retos históricos: condiciones laborales duras, horarios complejos, trámites administrativos imposibles…
Aquí Galicia ha tenido un acierto: tener claro el foco, lo que sostiene el modelo. Me encantó escuchar al Clúster Turismo de Galicia poniendo el acento en el valor del capital humano. En un acto con presencia institucional celebrado en FITUR se destacó que los más de 129.000 profesionales vinculados al turismo gallego (me gusta pensar que sou uno de ellos) son un “elemento diferenciador del destino”. Y se insistió en la necesidad de “poner en valor las profesiones turísticas, mejorar su percepción social, fomentar vocaciones y retener talento”.
En otras palabras: si queremos que el, para mí acertado, eslogan “Galicia Calidade” sea cierto, hace falta un modelo que lo permita.
Nuestros visitantes se van maravillados por la belleza de nuestros paisajes, por nuestra gastronomía y por nuestra oferta natural… pero lo que se queda grabado en la memoria es la gente. Porque somos “riquiños”.
Conclusión: los récords seguirán. El turismo seguirá creciendo. España se mantendrá como líder y referencia. Pero el debate ha cambiado. El turismo del futuro no puede medirse solo por cuántos vienen. Debe incorporar otros parámetros: gestión del volumen, protección del territorio, convivencia con los locales, condiciones de empleo, profesionalización, y sobre todo creación de riqueza y valor, no de desgaste.
Esa es una de las conclusiones que extraigo de FITUR 2026: crecer no siempre es positivo.