Sofia Varela, trabajadora de Bonilla a la Vista

Sofia Varela, trabajadora de Bonilla a la Vista P.M

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Las excursiones de los cruceristas de A Coruña al Bonilla: "Hemos llegado a tener entre 80 y 90 a la vez"

Cada mañana, decenas de turistas llegan a la chocolatería de la calle Galera. Se trata de una de las paradas obligatorias de sus visitas guiadas y cuentan con un menú cerrado: chocolate y dos churros por persona

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El local de Bonilla a la Vista de la calle Galera tiene una agenda de clientes fijos. Cada mañana, un grupo de turistas con la piel más roja que morena y la cámara en mano entra por la puerta siguiendo a una mujer con un cartel. Son cruceristas. En fila india y mirando hacia los lados, suben a la planta de arriba y, en cuestión de segundos, ocupan todas las sillas.

Unas veces son tandas de 30, otras de 40 e incluso de 60. "Hemos llegado a tener entre 80 y 90 a la vez", cuenta Sofía Varela, trabajadora de Bonilla desde hace cinco años que, en todo este tiempo, ha visto entrar a miles de turistas por las puertas de la histórica chocolatería.

A pesar de lo muchos que son, son los más fáciles de llevar. "Vienen con menú cerrado", cuenta. ¿Y en qué consiste? "Un chocolate o café y dos churros", explica. Sí, solo dos churros. Suena raro teniendo en cuenta que los coruñeses piden medias docenas o, directamente, la docena entera.

Esta visita forma parte de los packs que les ofrecen desde los cruceros como parte de su visita turística a la ciudad. También hay tours privados que incorporan la chocolatería entre sus paradas obligatorias.

Estos avisan al local con uno o dos días de antelación de cuántas personas son para que puedan tenerlo todo listo cuando lleguen. "Están aquí cinco minutos y se van", ríe. Desde que les explican la visita hasta que se marchan no suelen pasar más de 15 minutos.

Un grupo de cruceristas en el local de Bonilla en la calle Galera de  A Coruña

Un grupo de cruceristas en el local de Bonilla en la calle Galera de A Coruña Quincemil

Antes de entrar, la guía les cuenta un poco la historia de Bonilla y, una vez dentro, prueban el chocolate y los churros. También con una charla de la guía de por medio.

"Les encanta", reconoce Sofía. Y no es solo el chocolate lo que les llama la atención. "También les encanta el café, sobre todo a los americanos o los de Reino Unido, que suelen estar acostumbrados a un café más aguado. Este les encanta", añade.

Y ya no se diga de los churros. Aunque no son de mucho dulce y se conforman con dos, esos dos les saben a gloria.

Llega el turno de los coruñeses

Así llevan años pasando por este Bonilla. Aunque el calor no perdona un buen chocolate con churros en A Coruña, lo cierto es que durante agosto quienes más pasan por allí son los turistas. Ahora, con el invierno, toca el turno de los de aquí.

Porque, al final, ¿qué hay mejor que encerrarse en el Bonilla una tarde de lluvia en la ciudad herculina?