Pura Villar, entre roscones, pan y pasteles en la confitería La Vienesa de A Coruña.

Pura Villar, entre roscones, pan y pasteles en la confitería La Vienesa de A Coruña. Quincemil

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Los pasteles que endulzan A Coruña desde 1954 enfilan la despedida: "Siempre calidad artesanal"

Pura Villar se jubilará en los próximos meses y dejará de cocinar y vender los postres de la confitería La Vienesa, en Pla y Cancela, donde el olor a pastel y mantequilla seduce a los vecinos desde hace más de 70 años

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Unos metros antes de entrar en La Vienesa, el entrañable olor a pasta y mantequilla embriaga los sentidos, no solo el olfato. El cliente accede a una confitería como las de siempre, las de un pasado al que remiten las fotografías antiguas de A Coruña que muestran la memoria de la ciudad desde una de sus paredes: los Cantones, Méndez Núñez, la playa, la plaza de Pontevedra.

Pero al local y al obrador de La Vienesa, en el 33 de la calle Pla y Cancela, le queda poco tiempo para propagar ese olor a nostalgia que invita a pedirse una bandeja de pastas nada más entrar, a comprar un pastel o una empanadilla, a hincarle el diente a un roscón. El negocio cerrará en los próximos meses por la jubilación de su dueña, María Pura Villar Manteiga.

Desde hace treinta años esta mujer está al frente de esta modesta fábrica de pasteles, también de pan, que no ha dejado de producir desde 1954. El marido de Pura era el repostero que cocinaba manjares para los dos hermanos que habían abierto el negocio. En 1997 la pareja se hizo con el bajo en traspaso, que hace esquina con la calle Juan Castro Mosquera, mantuvo el nombre y la actividad.

"Mi marido falleció poco después y yo continué. Mi hijo me ayudó pero ahora estoy sola", resume Pura Villar, cuyas manos son las únicas responsables del pan, las empanadas, las pastas, los bombones y los pasteles que salen del obrador. "Todo lo que hay se hace aquí".

La memoria de A Falperra

Como en las mercerías y las ferreterías, otros negocios tradicionales del comercio de proximidad, en las pastelerías parece no haber relevo. El adiós de La Vienesa se debe a una próxima jubilación, que coincide con unas reformas que realizará en la planta baja el propietario del edificio.

Mientras no llega el retiro, los vecinos seguirán comprando las especialidades más sabrosas de su pastelera de confianza: las empanadas, las milhojas de crema, el cabello de ángel. "Solo puedo decir que aquí trabajamos siempre la calidad artesanal. Nata pura, mantequilla pura, crema que se hace todos los días. En todo esto podemos competir con la producción industrial".

Dibujo del local de la pastelería La Vienesa hecho por Engracia Peral.

Dibujo del local de la pastelería La Vienesa hecho por Engracia Peral. Cedida

Asegura Pura que "no se puede quejar" de la clientela que tiene. Los más habituales ya le han dicho lo apenados que se sienten por su marcha. "Llegas a un momento en la vida en el que, por edad, te corresponde descansar. Echaré de menos todo, el trato humano, que te digan lo bien que huele aquí, y estar todos los días haciendo pasteles en el obrador".

De La Vienesa, cuando cierre, quedarán siempre los recuerdos, que además en A Falperra, el antiguo Gurugú, se cuidan con dibujos. Desde hace tres años la artista Engracia Peral Villaverde retrata a sus vecinos y traza las líneas de las fachadas de sus edificios y sus bajos comerciales más tradicionales. Esta pastelería, por supuesto, tiene cabida en su colección, en su memoria personal y colectiva de barrio.