Plantilla del Racing Club Villalbés en 2023, en el campo del Arosa SC, en una fase de ascenso.

Plantilla del Racing Club Villalbés en 2023, en el campo del Arosa SC, en una fase de ascenso. Racing Club Villalbés.

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El nombre también juega: los clubes gallegos de fútbol que aún no han abrazado la toponimia oficial

La consulta vinculante abierta por el Deportivo para decidir si pasa a llamarse oficialmente "Real Club Deportivo de A Coruña" ha reabierto un debate que parecía dormido. Mientras la mayoría de entidades deportivas gallegas adaptaron hace años sus denominaciones a los topónimos oficiales, varios clubes históricos siguen compitiendo con nombres heredados de una época en la que las formas castellanizadas eran la norma

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El Deportivo afronta estos días una de las decisiones más simbólicas de sus 120 años de historia. Desde el pasado miércoles, miles de abonados están llamados a participar en una consulta vinculante para decidir si el club mantiene la denominación de "Real Club Deportivo de La Coruña" o la adapta a la toponimia oficial de la ciudad, pasando a denominarse "Real Club Deportivo de A Coruña" en castellano y "Real Club Deportivo da Coruña" en gallego. La votación permanecerá abierta hasta el 21 de junio y el resultado se aplicará si obtiene mayoría simple.

La propuesta ha generado un intenso debate entre los aficionados. Para algunos supone una actualización lógica y coherente con la realidad administrativa de la ciudad; para otros, el nombre tradicional forma parte inseparable de la identidad sentimental del club. Más allá del resultado, la consulta ha conseguido algo que parecía difícil: reabrir una conversación sobre la relación entre fútbol, historia y lengua en Galicia.

Un cambio que la mayoría ya hizo

Desde la aprobación de la Ley de Normalización Lingüística y la oficialización de la toponimia gallega, la inmensa mayoría de municipios han consolidado sus nombres oficiales. Con el paso de los años, muchas entidades deportivas fueron adaptando también sus denominaciones.

Por eso, en el fútbol gallego actual resulta más sencillo encontrar clubes cuyos nombres coinciden plenamente con la toponimia oficial: Bergantiños, Arenteiro, Estradense, Noia, Viveiro, Somozas, Barbadás o Silva son algunos ejemplos. Otros, como Celta, Racing de Ferrol o Lugo, nunca tuvieron que afrontar un debate de este tipo porque sus denominaciones ya coincidían con las formas oficiales.

Sin embargo, todavía sobreviven algunas excepciones que conservan nombres nacidos en otra época.

Villalbés, el caso más visible

Probablemente el ejemplo más conocido sea el del Racing Club Villalbés. El conjunto de la capital chairega, habitual en las últimas temporadas en Tercera RFEF con un paso por la categoría superior, mantiene en su escudo y denominación una referencia directa a "Villalba", nombre que dejó de ser oficial hace décadas.

Mientras el municipio se llama oficialmente Vilalba, el club continúa utilizando la forma histórica "Villalbés", una denominación profundamente arraigada entre varias generaciones de aficionados.

Arosa, un clásico del fútbol gallego

Otro caso especialmente llamativo es el del Arosa Sociedad Cultural. La entidad arlequinada acaba de regresar a Segunda RFEF y sigue siendo uno de los clubes más históricos de Galicia.

Su nombre conserva la grafía "Arosa", una forma que durante décadas estuvo presente en multitud de documentos, mapas y publicaciones deportivas. Aunque la comarca y la ría utilizan oficialmente la denominación Arousa, el club nunca ha modificado su identidad corporativa.

De hecho, el peso histórico del nombre es tal que para muchos aficionados resulta imposible separar la palabra Arosa de la propia historia del fútbol gallego.

Órdenes y Puenteceso, dos supervivientes en el fútbol autonómico

Más discretos mediáticamente, pero igualmente significativos, son los casos de la Sociedad Deportiva Cultural Órdenes y de la Sociedad Deportiva Puenteceso.

El primero mantiene la forma castellanizada del municipio coruñés de Ordes, mientras que el segundo continúa utilizando la denominación tradicional de Puenteceso pese a que el nombre oficial del municipio es Ponteceso.

Ambos representan una realidad común en muchas entidades fundadas durante el siglo pasado: el nombre deportivo acabó adquiriendo personalidad propia, independientemente de la evolución administrativa o lingüística del territorio.

Mucho más que una cuestión de letras

Lo que ocurre estos días en Riazor va mucho más allá de un simple cambio de denominación. La consulta ha puesto sobre la mesa una pregunta que afecta a numerosas entidades deportivas: ¿debe prevalecer la tradición o la adaptación a la realidad oficial?

Para algunos aficionados, modificar una denominación histórica supone alterar parte de la memoria colectiva del club. Para otros, adaptar los nombres a la toponimia oficial es una evolución natural, igual que ocurrió con instituciones, calles o administraciones públicas.

Sea cual sea el resultado de la votación, el Deportivo ha logrado convertir una cuestión aparentemente administrativa en uno de los grandes debates del fútbol gallego de 2026. Y si finalmente la masa social apuesta por el cambio, el club coruñés dejará de formar parte de un grupo cada vez más reducido de entidades que todavía conservan en su nombre los ecos de la vieja toponimia castellanizada.