La Casa de la Hiedra es uno de los edificios más reconocibles de la Ciudad Vieja
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La Casa de la Hiedra de la Ciudad Vieja de A Coruña
La Casa de la Hiedra es una obra del arquitecto Antonio Tenreiro Brochón. Construida en 1955 este edificio es una singularidad en la Ciudad Vieja.
No es posible construir el pasado. Y, sin embargo, la ucronía forma parte de muchos procesos creativos y de algunas obras emblemáticas del cine o la literatura. El escrito Philip K. Dick afirmaba que “¿Qué habría pasado sí…? Es la pregunta más antigua, más persistente y más humana de todas”. Pensar que se puede reconstruir el pasado para que este tenga otra forma completamente diferente es un acto creativo, pero también un truco, porque el contexto y la historia original han definido un modelo comparativo. Leerlo de forma ucrónica es un acto diferente que requiere de una voluntad por transformar el relato de la realidad. Reconstruir puede ser un juego si se hace con actitud provocadora en sentido literal, es decir, crear nuevas formas de ver el mundo que parecen inverosímiles porque la historia solo puede tomar uno de los caminos posibles y no todos a la vez.
“La historia alternativa no es solo un género de entretenimiento; es un recordatorio constante de que el presente que vivimos no era inevitable”. Robert Silverberg
En arquitectura, la ucronía no es una opción, pero se acerca a ella cuando se produce una intervención sobre cualquier tejido urbano preexistente. Las obras modifican la narrativa urbana, pero también pueden integrarse en ella reforzando su historia. Hay un caso particular en el que la ucronía puede resultar un juego arquitectónico. Cuando un área particular de la ciudad se asocia a un tiempo, es decir, se construyó en un determinado momento histórico, parece, al menos en las ciudades europeas, convertirse en un entorno intocable de límites estrictos. Pero el tejido urbano no es opaco, sino que su organicidad provoca cambios, transformaciones y desapariciones. Cuando un edificio deja un hueco y se toma la decisión de llenarlo se abre un debate que forma parte de una constante teórica del planteamiento arquitectónico: ¿se reconstruye el edificio en estilo, se adapta a las circunstancias, o se dota de una visión radical que contraste con el contexto?
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Una pequeña polémica
Actuar sobre un tejido consolidado es siempre un desafío arquitectónico, tanto si se conoce de forma detallada el contexto como si se desconoce por completo. Se puede proyectar una obra integrada que dialogue con la historia, o se puede extraer de esta algún concepto esencial que se pueda trasponer a los cánones de la arquitectura contemporánea. En el fondo, existe una intención de reparar lo irreparable porque esta condición se asocia a un estado emocional.
“Lo irreparable es que las cosas sean como son, en este o aquel modo, asignadas sin remedio a su manera de ser. Irreparables son los estados de cosas, tal como ellos son: tristes o ligeros, atroces o felices. Como e mundo es, como tú eres, esto es lo irreparable” Giorgio Agamben
En la ciudad vieja de A Coruña, su estructura interna está fuertemente condicionada por un entorno de enorme carga histórica y cultural. En este punto se originó la ciudad, por lo que la carga histórica y la memoria emocional asociada a la topografía. Introducirse en este contexto implica aceptar un conjunto de parámetros o rechazarlos, pero en cualquier caso es imposible permanecer al margen de ellos. En la plaza del Parrote 3, adyacente a la histórica Casa de la Reja Dorada, se encuentra un edificio que parece mimetizado con la arquitectura del lugar. Construida en 1955 sobre una preexistencia, es obra del arquitecto Antonio Tenreiro Brochón.
Tenreiro Brochón, hijo de Antonio Tenreiro (1893-1972), integró su obra arquitectónica dentro de los parámetros locales en lugar de buscar la modernidad más vanguardista como había realizado su padre con el proyecto del Banco Pastor. Y es que, cuando los tiempos cambian, la arquitectura también se adapta a ellos. En la década de los cincuenta, en plena autarquía, la arquitectura debía transitar por caminos más conservadores y cercanos a la tradición vernácula local para evitar ser catalogada como arte degenerado. La modernidad se apacigua dando lugar a una estética propia.
Foto: Nuria Prieto
La Casa de la Hiedra
El edificio de la plaza del Parrote 3, popularmente conocida como Casa de la Hiedra, resuelve una esquina de manzana dentro de un entorno muy transformado a lo largo del siglo XX. En la plaza del Parrote se encontraban la casa gótica y la cárcel, hoy desaparecidos. La cárcel, tras numerosos cambios y derribos se constituyó como edificio hotelero. Así la plaza modificó su imagen por completo. El edificio de Tenreiro es un volumen compacto de cuatro plantas y bajo que traslada la morfología de la arquitectura vernácula a una escala mayor. El edificio utiliza los materiales locales, así como algunos sistemas constructivos tradicionales desde una perspectiva estética burguesa. El proyecto desarrolla una estética entre la vivienda popular y la noble, es decir, una mezcla de sillería y mampostería ya que estas fronteras estéticas se diluyeron bastante en el siglo XX. Su proximidad a la Casa de la Reja Dorada hace necesaria una integración morfológica, por lo que acercarse a los rasgos de la arquitectura noble o aristocrática tradicional permite comprender una transición tanto estética como temporal. La materialidad elegida para este edificio es la propia de la ciudad vieja: muros de mampostería o sillería, cubierta de teja y carpintería de madera.
El edificio utiliza sistemas constructivos tradicionales como la galería o los muros de sillería y mampostería. La galería tradicional de madera ocupa las dos últimas plantas del edificio hacia la fachada del Parrote y la última hacia la plaza de la Constitución. Se trata de una galería tradicional ligeramente transformada, que incorpora paños opacos de madera. Los huecos de las fachadas que se insertan en los muros de mampostería se recercan con piedra dotándoles de mayor significación. Por otra parte, las plantas inferiores ejecutadas en sillería actúan como un zócalo. La primera planta incorpora, además, balcones con defensas metálicas. Esta jerarquía: zócalo, planta primera con balcón y plantas superiores con galería sigue la composición tradicional propuesta por la ordenanza municipal del momento. Al mismo tiempo, su organización remite a la tradición vernácula local. A pesar de ello, Tenreiro incorpora ligeros rasgos modernos como la galería o la composición de los huecos. También incluye escudos aristocráticos. La hiedra invadió la fachada ocultando en gran medida su imagen, pero dotándolo de una nueva identidad.
Foto: Nuria Prieto
Un truco
La arquitectura de Tenreiro Brochón siempre busca una relación directa con la ciudad, con su identidad vernácula. Cercano al mundo del arte, a menudo este rasgo aparece en su obra dotándola de una lectura singular. La utilidad del arte y de la estética aparecen en la obra de Tenreiro como una utilidad necesaria para el proyecto de arquitectura.
“Es indudable que la palabra utilidad no tiene para él [Tolstói] el sentido que le atribuyen los hombres de negocios, y con ellos la mayoría de nuestros contemporáneos. Él se preocupa poco de las aplicaciones de la industria, de las maravillas de la electricidad o del automovilismo, a las que considera más bien como obstáculos al progreso moral. Lo útil es sólo lo que puede mejorar al hombre” Poincaré
La ciudad no siempre necesita ser útil, a veces sólo necesita de una mirada con conciencia de lo que significa el arte. Una forma de observarla que lee la atmósfera del lugar, que la capta y la resuelve abatiendo la ucronía. La realidad quizás no sea un ‘¿qué habría pasado?’, sino una mirada que imagina un contexto y que es capaz de verlo cambiar a través del tiempo. La ucronía es solo un truco.
Foto: Nuria Prieto