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El lujo de la sencillez: Quechova y sus cabañas modulares "made in" Carballo (A Coruña)

Edificaciones auxiliares de jardín, glampings o oficinas de turismo… el proyecto impulsado por el piloto de motocross Fran Gómez convierte estas cabañas en todo tipo de espacios seguros y respetuosos con el medioambiente
Modelo cabaña modular de Quechova.
Pombo Fotógrafos
Modelo cabaña modular de Quechova.
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Alojamientos turísticos, casas de jardín, segundas residencias o incluso oficinas multifución… Las cabañas modulares y de alta calidad de Quechova pueden convertirse en cualquier tipo de espacio, pues aquí el límite es la imaginación. Este singular proyecto con sede en Carballo (A Coruña) empezó a tomar forma durante los primeros meses de la pandemia de la mano del piloto gallego de motocross Fran Gómez Pallas, que por aquel entonces se preparaba para participar en el Rally Dakar. "Con la pandemia aproveché para empujar un poco más el proyecto (...) Al principio tenía pensado crear un camping de aventura muy relacionado con el mundo del motor", rememora, aunque finalmente las cabañas fueron el resultado final de aquella primera idea.

Con el bosquejo ya sobre la mesa crearon la primera cabaña piloto en el entorno de Bértoa y esta pronto empezó a despertar el interés de vecinos y foráneos. ¿La fórmula del éxito? Un diseño disruptivo y una estética minimalista capaces de generar el menor impacto visual; y un equipamiento completo, eficiente y sostenible son sólo algunos de los puntos fuertes de estas construcciones de Quechova. "Las cabañas están pensadas, fundamentalmente, como opción recreacional, de ahí su especial concepción y diseño, algo que, además de confortables, las hace seguras y respetuosas con el medio ambiente", explican desde la empresa gallega.

Las cabañas modulares de Quechova

Cabaña de Quechova sobre plataforma. Foto: Pombo Fotógrafos (Cedida)

Si bien desde Quechova trabajan con un modelo base para la construción de sus cabañas ―cuyo diseño se encuentra ya "estandarizado y patentado"― lo cierto es que desde la empresa atienden a todo tipo de peticiones de sus clientes para crear espacios totalmente personalizados. "Nosotros siempre partimos de un ancho, que es lo máximo que se puede transportar por carretera, que son 4 metros y medio", aclara Fran Gómez. "Después de largo, como es modular, puede alcanzar hasta 16 metros si quieres", añade. 

Por lo general, el grueso del proceso constructivo de una cabaña modelo de Quechova suele rondar los dos meses; mientras que el montaje de las mismas se extiende tan sólo un par de horas en el tiempo. "La cabaña sale del taller totalmente lista (...) Una vez llega al lugar, entre bajarla, instalarla y hacer las conexiones… en una mañana puede estar funcionando", asegura su impulsor. 

En cualquier caso, todas las cabañas incorporan durante la obra una serie de técnicas y materiales que les permiten alcanzar la mayor sostenibilidad y eficiencia posibles. La cubierta de las estructuras de hierro imita la pizarra gallega y en el exterior de las mismas se pueden llegar a instalar incluso paneles solares. También, según aclara Gómez, "la madera utilizada en el resto de zonas de la cabaña es termotratada", lo que garantiza que esta no se hinche ni se deforme con las lluvias. Por su parte, el interior de las estructuras de Quechova se encuentra equipado con los principales elementos "que encuentras en una casa, pero más reducido, tipo caravana". Cocina, cuarto de baño con ducha, lavabo y aseo, así como cocina con nevera y vitrocerámica… Todo ello, claro está, en función de las necesidades y peticiones de cada cliente.

Otros proyectos bajo la firma

Chiringuito de playa de Quechova. Foto: Pombo Fotógrafos (Cedida)

Cuando le preguntan sobre el futuro de Quechova, Fran Gómez lo tiene claro: "la idea es crear marca". Por lo pronto, en menos de dos años, esta empresa carballesa ya ha conseguido posicionarse como un auténtico referente en el mercado de las cabañas turísticas y particulares más allá de las fronteras gallegas. "Acabamos de vender varias para Pontevedra, otras para la zona de Bergantiños y ahora estamos acabando una para Cantabria", explica Fran. "Ya hay gente de Madrid, Barcelona y otras zonas que están interesados", añade. 

También el perfil del cliente ―desde jóvenes emprendedores a matrimonios jubilados― y las utilidades de las cabañas de Quechova han resultado ser de lo más variadas. "Estamos fabricando oficinas de turismo o chiringuitos de playa, que en diseño varía un poco por las necesidades", comenta el propietario sobre la diversificación que está experimentando la empresa. De hecho, tal y como reconoce su impulsor, actualmente están trabajando en un proyecto para convertir en flotantes las cabañas modulares de Quechova y poder instalarlas en embalses, lagos u otros espacios de la misma naturaleza. "Estamos sopesando cosas, pero si sale adelante es algo que nos ilusiona mucho porque puede ser un proyecto muy chulo", sentencia.

Quechova con el deporte

Los tres pilotos carballeses de motocross patrocinados por Quechova. Foto: Cedida

Más allá de los proyectos de cabañas modulares de Quechova, la empresa gallega ha querido mantener una vinculación directa con el deporte, y especialmente con el mundo del motor, apostando por el talento joven y patrocinando con materiales y asesoramiento a varios pilotos carballesés en su ascenso hacia la élite gallega del motocross y el karting, entre los que se encuentran los hermanos Daniel y Leo Díaz Rama, de tan sólo 10 y 8 años de edad. El mayor de los Díaz cuenta con un palmarés a sus espaldas de dos campeonatos autonómicos ―el gallego de 65cc y el de 50cc de Castilla y León―, entre otros títulos en sendos torneos. El más pequeño por su parte terminó como segundo clasificado en el campeonato gallego de 50 centímetros cúbicos y la próxima temporada competirá junto a su hermano. También, en la misma línea deportiva, Fran Gómez nos adelanta que se encuentra preparando un proyecto pionero y muy ambicioso a título personal: correr el Rally Dakar 2023 con una moto eléctrica.

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