Una boda en María Pita
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Una boda en el ayuntamiento de A Coruña y una tuna de Salamanca se cruzan en María Pita
La Tuna Universitaria de Salamanca fue la gran protagonista de este sábado. Mientras parte de ellos animaban a unos novios que se acababan de casar, los otros que faltaban ponían música a las terrazas de La Marina, con un concierto que se alargó más de cinco horas
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El de hoy fue uno de esos días en A Coruña en los que no hacía falta plan. Bastaba con salir. Con caminar un rato y mirar alrededor para darse cuenta de que la ciudad necesitaba esto.
Grupos de amigos que quedaban tras meses sin verse para ponerse al día. Los primeros paseos en carrito de recién nacidos por el paseo marítimo. O quienes simplemente salían a disfrutar y a recuperar toda esa vitamina D perdida a lo largo del invierno.
De esos días que pasan a la posteridad y que, años después, te arrancan una sonrisilla cuando vuelven a la cabeza. Eso será lo que les ocurra a la pareja que escogió el sábado idóneo para casarse en el Ayuntamiento de A Coruña. Acertaron de lleno. Después de casi 45 días seguidos sin parar de llover, el de hoy fue la excepción.
Al salir del Palacio de María Pita, la imagen del sol radiante se convirtió en el prólogo de uno de los mejores días de su vida. Y parecía que, esta vez sí, todos los astros se habían alineado para que fuera perfecto. A escasos metros del consistorio, varios músicos que se habían separado de la tuna que tocaba en el paseo de La Marina decidieron regalarles unas canciones.
Allí, entre las peceras de la plaza y rodeados de mesas de clientes que por un momento se transformaron en invitados improvisados, el baile nupcial se adelantó.
Casualidades de la vida:la Tuna de la Universidad de Medicina de Salamanca había viajado a la ciudad para pasar el fin de semana. Desde el viernes recorrían las calles con sus instrumentos, poniendo banda sonora al ambiente festivo que ya se respiraba en A Coruña.
Así, sin planearlo, los novios se vieron coreados por los suyos y bailaron al ritmo de "Clavelito". Te lo puedes imaginar: todas las terrazas llenas, una despedida de soltera por un lado, gente que ya llevaba alguna caña de más… Más de uno, seguro, se quedó con ganas de colarse en el salón donde continuó la celebración.
Cinco horas sin parar de tocar en La Marina
Mientras tanto, el resto de la tuna, alrededor de medio centenar de músicos, seguía cantando en la terraza de Obdulia, en La Marina. Empezaron sobre las dos del mediodía y, hacia las 18:30 horas, todavía continuaban allí.
Era imposible pasar por allí y no detenerse un rato. Algunos sacaban fotos o grababan vídeos; otros, directamente, se sumaban a la fiesta improvisada. Y cuando se acabó el repertorio más clásico, la música dio paso a himnos más populares, de esos que todo el mundo corea sin necesidad de ensayo: "No estaba muerto, estaba de parranda".