La ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Milagros Tolón, clausura un curso de verano del CIS, en el Palacio de la Magdalena, a 31 de julio de 2026.

La ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Milagros Tolón, clausura un curso de verano del CIS, en el Palacio de la Magdalena, a 31 de julio de 2026. Juanma Serrano / Europa Press.

Tribunas

La ministra Tolón y la cultura de la mediocridad

El sistema educativo es equitativo porque los resultados de nuestros alumnos se hunden en bloque sin diferencias de clase.

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La catástrofe educativa revelada por el informe PISA de 2025 en España ha quedado rápidamente sepultada entre la maleza que empantana al Gobierno.

La devastación política, institucional y de la convivencia que ha provocado este Gobierno es tal que un desastre sin paliativos como el que describen los resultados de nuestros alumnos en PISA, los peores de la historia (que ya es decir), apenas ha pasado factura a la ministra del ramo.

Milagros Tolón ha protagonizado intervenciones parlamentarias y mediáticas bochornosas tratando de escamotear la verdad a los españoles.

Tolón compareció ante los medios para valorar la hecatombe.

Y vino a decir que sí, que los resultados son malos en compresión lectora, ciencias y matemáticas. Pero que podemos estar tranquilos porque el informe refleja también fortalezas de nuestro sistema educativo, sobre todo en cuanto a equidad, perseverancia en el aprendizaje y sentido de pertenencia al centro educativo.

La capacidad de Sánchez y sus ministros para falsear la realidad es digna de mejor causa. Y constata hasta qué punto el Gobierno desprecia la inteligencia de sus votantes.

Especialmente indignante resulta la insistencia de la ministra en la equidad del sistema.

Un gráfico que muestra cómo han bajado las resultados de Ciencia, Lectura, Matemáticas, según el Informe PISA 2025.

Un gráfico que muestra cómo han bajado las resultados de Ciencia, Lectura, Matemáticas, según el Informe PISA 2025. Diseño: Arte EE

Porque lo que refleja PISA no es precisamente que los alumnos rezagados en la lectoescritura se aproximen al alza a los brillantes, sino todo lo contrario: que el descalabro de los alumnos excelentes es incluso mayor que el de los alumnos con más dificultades.

Asimismo, la caída de los alumnos de familias acomodadas es aún mayor que la de los alumnos de familias vulnerables, que en cualquier caso también empeoran.

Es decir, nuestros hijos se igualan por lo bajo y la ministra de Educación se vanagloria de ello.

Es difícil encontrar un ejemplo más claro de lo que Gregorio Luri denomina exaltación de la mediocridad, que con tanto ahínco preconiza y practica este Gobierno en todos los ámbitos.

El desastre de PISA es la consecuencia previsible de la aplicación de la LOMLOE y su desprecio por el conocimiento, el rigor académico, el mérito y el esfuerzo intelectual. Todo ello constituye la base para una sociedad adocenada, sin capacidad crítica y que entroniza la ignorancia y la estupidez.

Como dice Luri, "cualquier discusión sobre la equidad educativa que no sea en primer lugar una discusión sobre lectoescritura, no es una discusión seria", pues la lectoescritura es la base de todo lo demás. Un sistema que no garantiza para nuestros hijos la adquisición en condiciones de la lectoescritura no puede en ningún caso llamarse equitativo.

De hecho, es un sistema por definición injusto que mina sobremanera las posibilidades de los niños españoles en un mundo competitivo y desigual.

"En lugar de asumir el fracaso de la LOMLOE y su dogmatismo pedagógico a ultranza, la ministra se aferra a la trampa de la equidad para echar balones fuera"

Sin embargo, en lugar de asumir el fracaso de la LOMLOE y su dogmatismo pedagógico a ultranza, la ministra se aferra a la trampa de la equidad para echar balones fuera. Sostenella y no enmendalla, y nuestros hijos cada vez más indefensos en una esfera pública profundamente fragmentada y polarizada al calor de las redes sociales.

Oyendo a la ministra Tolón sacar pecho por la equidad del descalabro de PISA, me viene inmediatamente a la cabeza la viñeta de Daniel Gascón en la que aparece la silueta de un supuesto gobernante dirigiéndose a sus votantes en estos términos: "No es que os tomemos por tontos, es que lo sois".

No en vano, lo de este Gobierno es una tomadura de pelo tras otra.

El ministro de Exteriores también ha sacado pecho estos días por la gestión de la invasión de Ceuta diciendo que en 48 horas España ha devuelto a Marruecos más inmigrantes que toda la Unión Europea en 2025.

Se vanagloria de que el 90% de los que entraron por su culpa hayan vuelto a su país. Y han vuelto por voluntad propia, a pesar de (y no gracias a) la inacción del gobierno.

Los argumentos del Gobierno en torno a Ceuta, de tan absurdos, resultan ofensivos para los ceutíes y para la inteligencia de todos los españoles. Es tan difícil rebatir esta estupidez de Albares que no vale la pena malgastar energía intentándolo.

Es lo que se conoce como la Ley de Brandolini, también conocida como el principio de asimetría de la estupidez, según la cual la cantidad de energía necesaria para refutar una estupidez es diez veces superior a la necesaria para producirla.

El problema es que son argumentos que ni siquiera son necesariamente falsos, pero carecen de toda lógica interna.

Es cierto que el sistema educativo español es cada vez más equitativo, porque los resultados de nuestros alumnos, excelentes y rezagados, ricos y humildes, se hunden en bloque sin apenas diferencias.

Pero lo que no tiene ningún sentido es que la ministra presente ante la opinión pública esa equidad perversa como una fortaleza del sistema que compensa el estrepitoso fracaso en compresión lectora, ciencias y matemáticas.

Eso no es equidad, sino, simplemente, el corolario previsible de la cultura de la mediocridad instaurada por Sánchez y su gobierno.

*** Nacho Martín Blanco es diputado del PP en el Congreso.