Donald Trump estrecha la mano de Xi Jinping durante una reunión bilateral en Busan, Corea del Sur, el 30 de octubre de 2025.

Donald Trump estrecha la mano de Xi Jinping durante una reunión bilateral en Busan, Corea del Sur, el 30 de octubre de 2025. Evelyn Hockstein Reuters

Tribunas

Trump y Xi: la cumbre que puede ordenar o incendiarlo todo

El Emperador de Oriente y el de Occidente acuden al Templo del Cielo a preservar la armonía global. Y de su acuerdo o desacuerdo depende el agravamiento de las crisis a las que asistimos en el último lustro.

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El Templo del Cielo, el edificio sagrado y político más importante del milenario imperio chino, vivirá hoy su millonésimo acontecimiento histórico: abrirá sus puertas para acoger a Donald J. Trump.

Todo está en juego: la gobernanza de una Inteligencia Artificial que crece desbocada, las balanzas comerciales que reflejan el colchón de intereses entre ambas superpotencias, el nudo gordiano de Taiwán, la crisis de salud pública provocada por el fentanilo…

Y el destino de la Primera Guerra de Oriente.

En la cosmovisión china, el cielo reflejaba el mundo de las ideas, el cosmos, lo divino. Y, en definitiva, todo aquello que levitaba sobre lo terrestre, sobre lo temporal y sobre lo humano.

Y ahí entraba el Emperador, el hombre divino que trascendía para encarnar el orden de las cosas, el orden del universo. Esa "armonía" social y política de tintes orwellianos que tan bien parece funcionar en China desde hace eones.

Hoy son dos Emperadores, el de Oriente y el de Occidente, quienes acuden al Templo a preservar la armonía global. Y de su acuerdo o desacuerdo depende el agravamiento de las crisis a las que asistimos en el último lustro.

Donald Trump es recibido por el vicepresidente chino, este miércoles.

Donald Trump es recibido por el vicepresidente chino, este miércoles. REUTERS/Evan Vucci

La reunión original estaba planeada para el 31 de marzo y hasta el 2 de abril de 2026, pero Estados Unidos forzó su aplazamiento debido a la Primera Guerra de Oriente.

Hay muchas esperanzas puestas en Pekín para que utilice su palanca económica para forzar a Irán a una rendición, pero no cabe hacerse ilusiones.

Es cierto que Teherán es un socio político relevante. Es cierto que las arcas de Persia dependen de las compras chinas. Y es cierto que sin las rutas terrestres que conectan Sinkiang con Irán, este último quedará limitado a la limosna estratégica que Rusia quiera donar a través del mar Caspio.

China ya ha propuesto una solución a la Primera Guerra de Oriente. Un principio de acuerdo basado en cuatro puntos que podría haber redactado cualquier país experto en el arte de la inacción y de estar a favor de lo bueno y en contra de lo malo.

O, lo que es lo mismo, basado en "una solución diplomática acompañada del Derecho Internacional". Una vaguedad que sólo demuestra lo encarrilada que está la guerra hacia su continuación.

Puede que la República Popular China se atreva.

Puede que intenten algo en Oriente Próximo, como proponer a los Estados árabes e Irán una nueva arquitectura de seguridad que excluya a Washington.

Pero si algo así se está tramando en esta reunión, sólo será una ocasión para ocultar los verdaderos planes de Xi Jinping.

"Aunque la IA amenaza la economía global y las estructuras sociopolíticas, los incentivos no dejan margen a un compromiso para regularla"

Más importante es el asunto de la gobernanza de la Inteligencia Artificial. Un asunto que corre desbocado y sobre el que no cabe esperar nada más allá de declaraciones, y quizá los primeros pasos hacia una negociación más seria a futuro.

Esa metaherramienta amenaza a la economía global y a las estructuras sociales y políticas a corto y medio plazo. Pero los incentivos se disponen de tal modo que no hay margen para el compromiso.

Estados Unidos no puede perder la delantera imponiéndose guardarraíles en beneficio de un adversario en el que no confía, y con razón.

Además, el ritmo de crecimiento de la IA es tal que un acuerdo China-EEUU no garantiza que, dentro de unos años, otros países europeos o asiáticos que no han alcanzado el mismo tipo de acuerdo aprovechen para recortar distancias.

Vamos, que aunque sería fantástico que se alcanzara un acuerdo, no lo habrá. Aunque sí se hablará de este asunto.

La esperanza de que salga un acuerdo real está puesta en la dimensión comercial.

China está hambrienta de aviación para articular las conexiones nacionales, y padece un déficit de cientos de máquinas.

El CEO de Boeing acompañará a Trump en el viaje, así que es posible que Pekín anuncie la compra de hasta 500 aviones a cambio de concesiones arancelarias de Trump, que en estos momentos necesita demostrar más que nunca a su electorado que el America First se traduce en negocio y carga de trabajo.

El margen de negociación, no obstante, es limitado.

EEUU sólo puede ofrecer relajar las medidas punitivas y vender petróleo y gas, pero no va a levantar los bloqueos a la venta de microelectrónica puntera ni va a permitir al coche chino invadir el mercado automovilístico norteamericano.

China, por su parte, puede ofrecer más control policial sobre el contrabando de fentanilo a México-EEUU, y una reducción en las sanciones económicas a través de materias primas (como el galio, el germanio o las tierras raras).

Pero poco más.

"Quizá lo más importante de la reunión entre Trump y Xi sea que, pese a la guerra comercial, China y EEUU mantienen los canales abiertos al máximo nivel"

Finalmente, Taiwán, el nudo gordiano, la abuela que falta por parir para que empiece la fiesta de la Tercera Guerra Mundial.

La alcaldesa de uno de los suburbios de Los Ángeles se ha autoinculpado como agente de China, así que la cita promete.

Sabemos que Trump sacará a colación el encarcelamiento del activista hongkonés Jimmy Lai, pero lo más importante en realidad es la venta de armamento a Taiwán.

Desde hace décadas nadie se atreve a venderle armamento a la isla de Formosa por miedo a las represalias de China. Los últimos en hacerlo fueron los franceses en la década de 1990, y los ataques comerciales y diplomáticos chinos fueron tan agresivos que no volvieron a repetirlo.

Taiwán depende de Estados Unidos para poder seguir modernizando sus Fuerzas Armadas, y de ello depende la capacidad de Taipéi para rechazar una invasión.

Paralizar la ya atrasada modernización del ejército taiwanés sería una señal de debilidad política muy grave para los aliados asiáticos de Estados Unidos. Pero las necesidades de Trump en Oriente y su visión utilitarista y cortoplacista de Taiwán podrían inducir una decisión de ese tipo.

Cabe esperar pocas nueces y mucho ruido, aunque el conejo en la chistera de Irán y el mago Trump siempre dejan margen a la sorpresa.

Quizá lo más importante sea que, pese a la guerra comercial, China y Estados Unidos mantienen los canales abiertos al máximo nivel. Algo es algo.

*** Yago Rodríguez es analista militar y geopolítico, y director de The Political Room.