Elon Musk durante una reunión con los accionistas de Tesla.

Elon Musk durante una reunión con los accionistas de Tesla. Tesla Omicrono

Tribunas

No blanqueemos las redes sociales opacas

Podemos respetar las redes sociales como iniciativas privadas de libre acceso que son. Pero una cosa es respetarlas y otra bien distinta es promocionarlas o blanquearlas publicando nosotros allí.

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Las redes sociales como X (antiguo Twitter) son iniciativas privadas y tienen un objetivo claro: maximizar sus beneficios. Esto es respetable.

El problema es cómo afectan al normal funcionamiento de la democracia algunas estrategias que utilizan y la opacidad de estas.

Para maximizar el beneficio necesitan que haya más gente publicando y más gente navegando durante más horas en su aplicación. Así generan más publicidad y mayores beneficios.

Esto también es respetable.

Para conseguirlo utilizan los famosos algoritmos: normas internas de la aplicación que determinan qué le aparece, y qué no le aparece, a cada usuario cuando accede a la aplicación. Se busca multiplicar la aparición de contenidos "atractivos" y limitar la de los "menos atractivos".

Si las normas fueran públicas y estuvieran claras, no veo problema. Cada uno podría decidir libremente si participa en un espacio privado con esas normas transparentes. Por ejemplo, una red puede premiar con mayor visibilidad poner música en las publicaciones o mencionar a otros usuarios. Cada uno podría decidir si lo hace, o no, sabiendo el efecto que esto tiene.

Un camión publicitario insta al primer ministro a plantar cara a Elon Musk y prohibir X y Grok, en Londres, Reino Unido, el 14 de enero de 2026.

Un camión publicitario insta al primer ministro a plantar cara a Elon Musk y prohibir X y Grok, en Londres, Reino Unido, el 14 de enero de 2026. Reuters

Pero si esos criterios se ocultan, la cosa cambia.

¿Se están incluyendo criterios que premian a unas ideologías frente a otras? ¿Se está promocionando contenido ilegal, noticias falsas o manipuladas frente a otras veraces?

El ocultamiento de los algoritmos genera este riesgo evidente para la democracia.

A partir de ahí existen dos caminos que hay que recorrer: legislar y dar ejemplo.

Francia y Australia han iniciado estos procesos de legislación, especialmente orientados a la protección de niños y jóvenes menores de edad. España se incorpora a dicho camino y seguro que otros muchos países lo harán.

Pero hay una segunda parte muy importante: dar ejemplo mostrando coherencia entre el discurso y la actuación de cada uno.

El éxito de estas redes sociales se basa, principalmente, en la participación de referentes sociales y políticos que emiten allí. Los ciudadanos-clientes utilizan estas redes para interactuar y acceder al contenido que generan sus usuarios, principalmente estos referentes.

Si hay menos referentes que emitan allí, habrá menos incentivos para participar. Y al revés. Cada vez que se emite en estas redes sociales opacas se está incentivando que los ciudadanos entren y participen en dichas redes.

Se hace con buena intención, claro, pretendiendo que los ciudadanos entren para ver lo que ese político o referente publica. Pero ahí operan estos algoritmos opacos. Publicando allí estás incentivando que los ciudadanos entren para que te vean a ti.

Pero lo que acaban viendo es lo que el algoritmo quiere que vean.

No es coherente denunciar que estamos ante un instrumento de odio y manipulación. Y al minuto siguiente estar nosotros ahí, publicando y ayudando a su éxito. Yo entiendo el agobio de perder nuestros cientos de miles de visualizaciones. Pero lo que hay que tener claro es que estos likes se convierten inmediatamente en euros para seguir con ese odio y manipulación que denunciamos.

Gente con influencia debe influir, ayudando a los ciudadanos-usuarios a conocer la realidad de estos instrumentos opacos. Y quizá así ayudar también a esas plataformas a cambiar su forma de generar negocio, aunque sólo fuera, de nuevo, por su interés económico.

Los ciudadanos-clientes votamos con los pies. Decidimos dónde estamos y dónde no. A quién hacemos rico y a quién no. La competencia es buena siempre. Si participamos en redes que sí son transparentes y dejamos de hacerlo en las que son opacas podemos cambiar las cosas.

Hace algo más de un año ya pasó con la red social X. Inspirados por otros referentes como Jaume Collboni, alcalde de Barcelona, algunos decidimos salir de X, debido a su cambio en la propiedad y a su decisión de opacidad en el algoritmo.

Podemos respetar a estas redes sociales como iniciativas privadas de libre acceso que son. Pero una cosa es respetarlas y otra bien distinta es promocionarlas o blanquearlas publicando nosotros allí.

No se trata de una cuestión de línea editorial. Un medio puede tener una tendencia de izquierdas o de derechas, pero, si respeta las diferentes opiniones, es muy positivo que participen políticos y referentes de diferentes ideologías. Aunque algunos crean que a medios de derechas no hay que ir siendo de izquierdas y al revés. Todo muy valiente y democrático...

En las redes sociales opacas el problema no es ideológico ni de línea editorial. Es una cuestión de transparencia.

Donald Trump, JD Vance y Elon Musk, en el partido de fútbol americano Army-Navy, en Landover, Maryland, hace un año.

Donald Trump, JD Vance y Elon Musk, en el partido de fútbol americano Army-Navy, en Landover, Maryland, hace un año. Brian Snyder Reuters

Lo expliqué hace más de un año en una entrevista con Carlos Alsina, poco después de abandonar X. Uno puede ir a una radio, de la tendencia ideológica que sea, y puede hablar sabiendo que lo que dice lo escuchan todos los oyentes. Claro que el entrevistador mostrará su línea editorial en las preguntas. Pero a mí me van a escuchar en mis respuestas.

En redes sociales con algoritmos opacos esto no sucede así. Un político, incluso un presidente, puede hincharse a poner tuits profundos o ingeniosos. Pero sólo los van a ver quienes quiera el algoritmo opaco.

La gente participa en estas redes sociales, inicialmente, para acceder a información y a mensajes de políticos o periodistas honestos e interesantes. Pero, fruto del algoritmo, acaban viendo decenas de posts que recogen ese odio y manipulación por cada uno de los posts honestos e interesantes de esos políticos o periodistas.

Esto no significa que las redes sociales no sean útiles ni deseables. Al contrario. Simplemente con que fuera transparente el algoritmo de emisión ya sería legítimo decidir si estar o no en esa red, conociendo cuáles son las reglas del juego.

Exijamos como clientes-ciudadanos lo que merecemos. Unas redes sociales transparentes y democráticas. Y no apoyemos a las que no lo son.

*** Juan Lobato es senador y técnico de Hacienda del Estado.