El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, en el Congreso de los Diputados. Europa Press
Feijóo debe ser él mismo: los despistes populistas harán crecer más a Vox
Feijóo no puede, ni debe, estar pendiente cada mañana de repartir juego: un día buscando el aplauso de la derecha radical y otro el de la derecha liberal. Debe ser él mismo. Parece casi un asunto de autoayuda.
Es difícil contarlo desde dentro. Es muy complicado hacerlo sin saltarse el compromiso elemental de proteger a las fuentes y las conversaciones que se mantienen con ellas.
Pero cualquier periodista que escribe información en el Congreso coincidiría en la conclusión: la estrategia indisimulada de PSOE y PP para inflar a los extremos que atenazan a su adversario.
Primero fue el PP con Podemos. Echaron el resto. Filtraciones, medios de comunicación, tertulias, entrevistas… Cualquier excusa era buena para azuzar a Pablo Iglesias con la esperanza de que diera el sorpasso.
Y estuvo a punto de conseguirlo.
Ahora es el PSOE, con el mismo descaro, capaz de convertir agitadores residuales en grandes protagonistas de la escena política con tal de echar más gasolina al ascenso de Vox.
Sánchez es quien está yendo más lejos. Rajoy no quiso, no supo o no tuvo tiempo. Pero Sánchez ya lo ha fiado todo a que los gobiernos de coalición PP-Vox sean un desastre, como efectivamente apuntan, y pueda pelear en 2027 como mesías salvador de la Democracia.
La cuestión es: ¿cómo puede Feijóo quitarse del traje esa mermelada pegajosa de la extrema derecha con la que lo rocía Sánchez cada vez que puede? El problema es que esa pregunta ya no puede estar en primer plano, porque debemos hacernos esta otra: ¿cómo es posible que un perfil como el de Feijóo abrace un par de días por semana tácticas de la extrema derecha para acceder al poder?
¿Cómo es posible que un tipo que, en lo más hondo, siente un profundo rechazo por el populismo protagonice de tanto en cuando declaraciones y posiciones típicas de los movimientos populistas de derechas que aprovechan su oportuidad como la aprovecharon los populismos de izquierdas en 2014?
Claro que un líder de centro derecha debe ser contundente y ofrecer soluciones en materias de seguridad, inmigración o nación, pero debe hacerlo con su propio discurso: priorizando al individuo sobre la identidad y remarcando la igualdad ante la ley. Todo esto, que puede parecer un poco abstracto, como de filosofía política, lo dejó explicado el otro día Michael Ignatieff en una entrevista con este periódico. Ignatieff sabe lo que es participar de un partido liberal con responsabilidades de gobierno.
De un tiempo a esta parte, se ha revelado como ineludible que la mimetización del PP con Vox no da votos al PP, sino que los extravía. En ninguna de las dos últimas convocatorias electorales, el PP ha conseguido su objetivo de gobernar en solitario. Y en la de Aragón, incluso ha perdido escaños. A las dos elecciones concurría el Partido Popular con un discurso más duro, más contundente; entendiéndose por tal un discurso más parecido al de Vox.
Estos fracasos deberían ser un aliciente para que, asumiendo la dinámica que lleva en volandas a Vox, el PP intente generar un proyecto sólido de país que una a liberales y conservadores a través de la marginación de la extrema derecha. Aparcando los instintos que empujan a combatir nacionalismo con nacionalismo y disgregación del Estado con estatismo proteccionista.
Porque, como ha escrito José Peláez, si el PSOE trabaja para Vox, el PP trabaja para Vox, y Vox trabaja para Vox, ¿cuál es el resultado de la ecuación? ¿Qué es el PP? ¿Qué piensa realmente el PP?
Lo primero, antes que las propuestas, debe pasar por la autenticidad del candidato. Feijóo no puede aparentar lo que no es. Feijóo puede ser contundente, pero no ridículo. Feijóo puede ser conservador, pero no extremista. Feijóo puede intentar adaptarse a la comunicación moderna, pero no ser un populista.
Por decirlo con claridad: se le vio incómodo cuando leyó en el Congreso esta semana lo del “galgo de Paiporta”. Un potencial presidente del Gobierno jamás debería hablar como un tuitero desesperado. Que transmita esa idea, el abandono de Sánchez en el ejercicio del cargo, su irresponsabilidad, pero con elegancia.
Feijóo tiene hoja de servicios: trece años de buen gobierno en Galicia. Y Feijóo tiene lo que ahora necesita España: un perfil aburrido, ajeno a la sentimentalización de la política y el populismo. ¿Por qué no explotarlo? Eso no es óbice para atacar a Sánchez con fiereza, como hizo en algunos fragmentos de su último discurso en la tribuna del Parlamento.
Por razones que se escapan a la razón, el PP parece empeñado en adentrarse en todos los debates-trampa que le plantean Sánchez.. y Vox: la memoria, la inmigración, los tecnoligarcas. Y, al tratarse de asuntos emocionales, se acaba filtrando por algún flanco de Génova el populismo que practica Vox. Entonces, Sánchez logra lo que quiere. Y Abascal también.
Feijóo no va a ganar las elecciones siendo liberal. Tiene suerte, porque no es lo que se conoce como un liberal –ahí tampoco va a tener que fingir– y porque España castiga a los liberales en cualquiera de los contextos. Pero Feijóo tendrá su mejor oportunidad si practica su conservadurismo ecuánime y tecnocráticamente eficaz.
Las carencias en la fabricación de la idea embriagadora debería suplirlas con perfiles muy distintos a los que le aconsejan expresiones y adjetivos que le quedan muy pequeños. A los que revisan lo que dice Abascal para intentar tamizarlo y convertirlo en algo asumible para el PP.
Que miren a la acera de enfrente: cuando el PSOE intentó parecerse a Podemos porque Podemos navegaba el mar propicio –como ahora Vox–, el PSOE dejó de ser un partido de mayorías.
Puede que enfrentar al sanchismo con las técnicas del sanchismo acelere la sensación de que el Gobierno está más cerca, pero es tiempo perdido. El Gobierno llegará en 2027 y no le quedará más remedio que pactar con Abascal, salvo que la caída de Sánchez encumbre a un verdadero socialdemócrata en Ferraz que promueva la abstención para que el PP gobierne solo.
Esa utopía permitiría a España romper el ciclo del populismo extremista. El populismo pendular que, parece, nos acabará llevando de una disolución de consensos por la izquierda a una disolución de consensos por la derecha. De los que creen que la Transición fue una patraña que perpetuó el franquismo a los que piensan que el franquismo, en realidad, no estuvo tan mal. Sánchez ha demostrado tener flexibilidad de sobra para sumergirse en algo así.
El otro día llegó a decir en el Congreso que el Partido Comunista ha sido nefasto "en otras latitudes", pero que en España ha sido siempre una maravilla, olvidándose de que en 1934 dieron, con algunos socialistas, un golpe a la República.
¿Os imagináis a Feijóo diciendo en la tribuna que, hombre, no conviene desprestigiar al franquismo en su conjunto? No. Y por eso es tan preocupante el camino que está recorriendo.
La inseguridad en las fronteras, el aumento de la inmigración, el cabreo frente al nacionalismo y frente a Sánchez, la crisis de la vivienda y un sinfín de factores están logrando abonar el terreno para Vox del mismo modo que estuvo abonado para Podemos en la crisis de 2014.
Cuando un país se asoma a un precipicio y su funcionamiento elemental queda en vía muerta, cuando la política tradicional se muestra ineficaz, el votante se echa en manos de la solución alternativa, de la otra que queda, sea cual sea.
Sin esfuerzos, sin candidatos reseñables, Vox crece exponencialmente cada vez que se abren las urnas. Feijóo probablemente no esté a tiempo ya de armar un proyecto sólido e ilusionante que lo impida.
Pero sí puede hacer algo: marcar distancia, hacerse fuerte en los principios irrenunciables y ser él mismo, no una caricatura tambaleante diseñada por factorías comunicativas que hace de él un político impostado, algo que no fue nunca.
Feijóo no puede, ni debe, estar pendiente cada mañana de repartir juego: un día buscando el aplauso de la derecha radical y otro el de la derecha liberal. Debe ser él mismo. Parece casi un asunto de autoayuda.
Urge un programa definitivo, estable, blindado ante los vaivenes y las provocaciones de Vox: vivienda, pensiones, economía productiva, inmigración, impuestos, industria, inteligencia artificial, nación… Y apostarlo todo.
Sánchez ganó a corto plazo, pero se irá dejando al PSOE en muerte cerebral. ¿Feijóo quiere ser presidente asumiendo ese riesgo?