Donald Trump durante su rueda de prensa. Detrás, Marco Rubio.

Donald Trump durante su rueda de prensa. Detrás, Marco Rubio. EFE

Tribunas

Marco Rubio es la esperanza de la oposición venezolana para un cambio real

Las caras que pone Rubio cuando su jefe comienza a enlazar astracanadas cuya visión estratégica brilla por su ausencia dan a entender que Rubio simplemente se presta al juego.

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La reacción de Marco Rubio ante el desprecio de Donald Trump por María Corina Machado en la rueda de prensa del pasado sábado vuelve a poner de manifiesto la distancia entre ambos y presenta la posibilidad de que, una vez superada la vorágine mediática, Rubio trate de remar a favor de la oposición venezolana.

La alegría experimentada por la oposición venezolana tras la operación militar llevada a cabo por Estados Unidos en Venezuela durante la madrugada del sábado ha durado poco. Unas horas, nada más.

Concretamente, hasta el turno de preguntas posterior a la rueda de prensa ofrecida por Donald Trump en su residencia de Palm Beach para aclarar qué pasará con el país ahora que Nicolás Maduro se encuentra en manos estadounidenses.

A lo largo de ese rato, entre promesas relacionadas con la revitalización de la industria petrolera venezolana y brindis retóricos en torno al nuevo futuro que supuestamente le espera al pueblo venezolano, Trump declaró que María Corina Machado, líder de la oposición, no cuenta ni con el apoyo suficiente ni con el respeto necesario para abanderar el cambio político que podría llevarse a cabo ahora que Maduro ya no está.

Además, el comentario llegó acompañado por la confirmación de que su secretario de Estado, Marco Rubio, se encuentra manteniendo conversaciones con Delcy Rodríguez, la vicepresidenta de Maduro, para convertir Venezuela "en un gran país de nuevo".

Dicho de otro modo: si los nuevos responsables del régimen chavista se pliegan a los deseos de Trump (estrechamente vinculados a la industria del crudo) igual no hace falta desmantelar el régimen.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio. Reuters

Rubio, que en ese momento estaba justo detrás de Trump, parecía estar asistiendo a un funeral.

No es la primera vez. Ya ocurrió durante aquella visita de Volodímir Zelenski a la Casa Blanca el pasado mes de febrero, por ejemplo.

Mientras Trump y su vicepresidente, J.D. Vance, se enganchaban con el líder ucraniano, Rubio optó por hundirse ligeramente en el sofá donde se encontraba sentado, fijar la vista en el horizonte y esperar a la conclusión de la bronca.

Su mal disimulado espíritu de resignación no tardó en convertirse en meme.

"Rubio creía que el aislacionismo esgrimido por Vance no era una doctrina ni deseosa ni beneficiosa para Estados Unidos"

Rubio, cabe recordar, se enfrentó a Trump en las primarias del 2016.

Hasta ser nombrado secretario de Estado en el otoño del 2024, tras ganar Trump su segunda presidencia, era conocido por ser uno de los adalides del intervencionismo proatlantista en el Congreso.

Rubio creía, en fin, que el aislacionismo esgrimido por Vance no era una doctrina ni deseosa ni beneficiosa para Estados Unidos.

"Neoconservador internacionalista" (¡idealista!), decían algunos al referirse a él.

En línea con esa creencia su apoyo a Ucrania era férreo… hasta que Trump le ofreció el puesto.

Ídem con la ayuda internacional. Cuando era senador, Rubio apoyó la labor de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (la famosa USAID) como una herramienta de "poder blando" con la que hacer frente al expansionismo chino en lugares como África o América Latina.

Ahora, en cambio, se ha amoldado a la visión de la Casa Blanca y considera ese tipo de iniciativas una pérdida de tiempo y, sobre todo, de dinero.

En cuanto a la oposición venezolana, su apoyo hasta la fecha parecía bastante sólido. Que ahora esté manteniendo conversaciones con Delcy Rodríguez para diseñar el futuro de Venezuela indica, sin embargo, que también se ha visto obligado a adaptarse a los deseos de Trump.

¿O no del todo?

Delcy Rodríguez junto al resto de la cúpula chavista venezolana.

Delcy Rodríguez junto al resto de la cúpula chavista venezolana.

Las caras que pone Rubio cuando su jefe comienza a enlazar astracanadas o comentarios cuya visión estratégica brilla por su ausencia dan a entender que, quizás, Rubio simplemente se presta al juego.

Rubio dice lo que Trump quiere escuchar y asiente con obediencia. Pero luego, en cuanto detecta cierto margen de maniobra, intenta tocar según qué teclas para que no todo sea como parece sugerir la rueda de prensa de turno.

Es más. Si uno se fija en algunas de las cosas que están sucediendo durante el segundo mandato de Trump, pareciera que Rubio está consiguiendo tocar varias de esas teclas.

El bombardeo de Irán sería, quizás, el ejemplo más claro de cómo la retórica aislacionista desplegada en campaña y aplaudida por el universo MAGA se aparta en pos del intervencionismo clásico estadounidense.

Algo que, por cierto, ha conseguido agrietar las bases trumpistas y generar enfrentamientos internos que no se vieron durante su primer mandato (cuando Rubio no estaba en el gabinete).

El caso es que también parece haber ocurrido con Venezuela.

Al margen del argumento dado (la lucha contra el narcotráfico que tanto afecta a la sociedad estadounidense), el operativo desplegado contra Maduro parece sacado de la doctrina que manejaba Washington hace décadas. Lleva, en fin, la firma de un perfil como el de Rubio.

De hecho, si bien Trump ha deslizado cierta legitimidad a la hora de hablar de Delcy Rodríguez durante el turno de preguntas, también ha dejado muy claro que su secretario de Estado será una de las personas encargadas de "dirigir Venezuela" durante la fase que comienza ahora.

Marco Rubio tendrá que atender a los caprichos petroleros del jefe, cómo no. Pero si en ese frente da lo que este quiere, igual consigue vía libre para remar a favor de María Corina Machado, Edmundo González y el resto de la oposición venezolana logrando, así, la defunción del régimen chavista y un cambio político de envergadura en el maltratado país caribeño.

El tiempo dirá, como siempre.

*** Borja Bauzá es periodista.