Obuses autopropulsados rusos disparando durante el combate en la región de Donetsk.

Obuses autopropulsados rusos disparando durante el combate en la región de Donetsk. Efe / Ministerio de Defensa de Rusia

LA TRIBUNA

¿Qué supondrá para Moscú la conquista de Soledar?

Soledar puede ser el primer paso de Moscú para conquistar el Donbás, o un error estratégico en el que Rusia ha sobrevalorado sus fuerzas. 

18 enero, 2023 02:22

Miles y miles de bajas, cientos de prisioneros, las morgues saturadas, los camilleros hartos de transportar heridos. Podría ser la descripción de la Batalla del Somme en plena Gran Guerra. Pero es Ucrania. Es Soledar.

Soledar es una localidad minera del Donbás. Un pueblo grande de 10.000 habitantes y con las clásicas casas de una sola planta del mundo rural eslavo. La localidad creció a rebufo de sus inmensas minas de sal y yeso, que cuentan con túneles de veinte metros de altura y decenas de kilómetros de galerías.

Una imagen por satélite de edificios destruidos en Soledar, Ucrania, el 11 de enero de 2023.

Una imagen por satélite de edificios destruidos en Soledar, Ucrania, el 11 de enero de 2023. Efe

El pueblo se divide en barrios dispersos en tres núcleos: este, oeste y norte. No es una sola masa de edificios. El centro histórico se encuentra en el núcleo oeste, cerca de la mina de sal y la estación de tren usada para transportar las materias primas.

Pero el principal valor de Soledar (y de la vecina ciudad de Bakhmut) es que constituye el centro de la segunda línea fortificada ucraniana. Romper una línea por el centro permite rodearla por la izquierda o por la derecha, generando un gran dilema al defensor sobre dónde concentrar sus reservas para taponar la brecha. Por el contrario, una ruptura en el flanco sólo puede proseguir en una dirección.

La primera línea fortificada (1LF en adelante) se construyó sobre el frente del Donbás tras la guerra de 2014. El norte y el sur cayeron en la primera fase de la guerra cuando, con un exitoso avance ruso desde Crimea y desde el oblast de Belgorod, la rodearon por la espalda. Forzaron así el retroceso del ejército ucraniano.

El centro de la 1LF ha resistido hasta hoy, aunque ha perdido algunas posiciones. El resto, entre Popasna y Svitlodarsk (el último tramo en caer), fue tomado durante la ofensiva del Donbás después de un mes de intensos asaltos frontales, entre abril y mayo.

Por suerte, para proteger las ciudades de Lysichansk y Severodonetsk, los ucranianos habían preparado un tramo de cincuenta kilómetros con una línea fortificada secundaria (2LF) que va desde Kurdiumivka hasta Siversk. Y que luego se apoya en las dos ciudades mencionadas.

A fecha de enero, Lysychansk y Severodonetsk han caído. Pero, por suerte para Ucrania, la 2LF sigue en pie, apoyada sobre el río Donets al norte.

"La función estratégica de las fortificaciones es imponer un enorme coste forzando a los rusos a realizar asaltos frontales"

La segunda línea fortificada cuenta con zanjas antitanque, innumerables trincheras y alambradas, y abundantes campos de minas. También con zonas de destrucción preseleccionadas para la artillería, búnkeres y casamatas bien ocultos que controlan sectores de tiro claves, posiciones de observación y puestos de tiro para blindados.

Toda la obra fortificada se ha erigido en los últimos siete años y es irreplicable. O sea, no se puede reconstruir fácilmente. 

La función estratégica de las fortificaciones es imponer un enorme coste, forzando a los rusos a realizar asaltos frontales. ¿Cuántas unidades que se podrían haber usado en otras zonas del frente se han quemado realizando gravosos asaltos frontales? El peaje de responder a esta pregunta es el objetivo de la 2LF.

El desgaste estratégico impuesto por las fortificaciones se observa en el ritmo de avance. Desde que cayera Popasna el 7 de mayo hasta el día de hoy, Rusia ha avanzado 22 kilómetros. Esto es, 84 metros al día. Este escaso ritmo de avance, pese a estar a la ofensiva, nos indica el gran coste estratégico en términos de bajas. Y de tiempo perdido.

A nivel táctico y operacional, la línea fortificada debe proporcionar superioridad durante el combate y tiempo adicional al alto mando para decidir adónde desplaza sus reservas para taponar las brechas y efectuar contraataques locales mediante infantería y blindados.

En cualquier caso, los rusos han irrumpido en la ciudad, que tras diez días de combates ha caído. Pero lo importante es lo que sucederá a continuación. Una vez rota la línea, hay que aprovechar para avanzar rápido. Y para esto último es vital contar con abundantes reservas, ya que las fatigadas tropas que han liderado el asalto inicial no están en disposición de proseguir el ataque. Y necesitan pasar el testigo del asalto a un segundo escalón de tropas.

"La capacidad rusa para sostener el avance y asegurar ambas urbes sin exponerse a nuevas derrotas está por ver"

El momento de introducir las reservas para que releven a la primera oleada de atacantes es fundamental para conseguir la explotación de la posible ruptura obtenida en Soledar y ganar el máximo territorio posible en las direcciones que faciliten ulteriores maniobras.

Al otro lado de la colina, para Ucrania es clave desplazar suficientes refuerzos como para contener y taponar la brecha abierta por Rusia.

Por tanto, lo importante será observar la tendencia durante el próximo mes. Si los rusos logran profundizar en sus avances más allá de Soledar y empiezan a amenazar la carretera que abastece Bakhmut, ello indicará que Rusia aún tiene resuello. Si el avance concluye a las afueras de Soledar, significará que ha sido una ruptura parcial defectuosa por la que Moscú ha pagado un elevado peaje estratégico.

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Sea como fuere, ni Soledar ni ninguna otra posición de la 2LF tienen valor estratégico per se. Al fin y al cabo son localidades con menos de 50.000 habitantes. Lo que sí tiene valor estratégico es el objetivo político de Rusia (conquistar el Donbás), que está simbolizado por Kramatorsk y Slaviansk. Esas son las únicas ciudades importantes de la región que no están en manos de Moscú.

Kramatorsk y Slaviansk suman 270.000 habitantes, tienen un elevado valor simbólico y constituyen el objetivo político de Rusia. Tomar Soledar y romper la línea fortificada permite a los rusos aproximarse a ambas ciudades, que ya sólo distan 30 kilómetros del frente. Sin embargo, la capacidad rusa para sostener el avance y asegurar ambas urbes sin exponerse a nuevas derrotas está por ver.

Soledar puede ser el primer paso de Moscú para alcanzar su objetivo político mínimo, o puede ser el inicio de un error estratégico en el que Rusia ha sobrevalorado sus fuerzas. Podría terminar por convertirse en el enésimo símbolo de una guerra completamente estancada en la que cada metro de tierra se paga con demasiados litros de sangre.

*** Yago Rodríguez es analista militar y geopolítico, y director de The Political Room.

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