Una patera con 40 personas pone rumbo al Reino Unido desde la costa francesa.

Una patera con 40 personas pone rumbo al Reino Unido desde la costa francesa. Reuters

LA TRIBUNA

Valores intrínsecos vs. valores estéticos del voluntariado

Sólo con ejemplos de vida, mediante la generosidad y el sacrificio, la equidad será posible.

3 diciembre, 2021 01:05

Cualquiera de los progresos que se hagan, ya sea a nivel científico, técnico o humano, por poner algunos ejemplos de los más relevantes, siempre se harán necesarios a través del trabajo en equipo de los unos con los otros.

Y así sucede, también, en el trayecto que va de la solidaridad hacia una sociedad más justa, aunque todavía lejos de la equidad. 

Y así debiera suceder con las instituciones y entidades, porque competir o desnaturalizar al otro en la ignorancia o la minusvaloración hará que una parte avance de forma, incluso, desmedida, pero no lo hará desde la armonía que supuestamente se defiende, la que pretende avanzar desde la cooperación.

No cabe la menor duda de que la mercantilización del modelo social en el que vivimos genera organizaciones ciudadanas que arrastran, aunque no sea siempre así, un valor añadido para el mantenimiento de un staff que oscila por los criterios impuestos por quienes tienen la capacidad de decisión para ello, y no por los fines que dieron lugar a su nacimiento, constituyendo un medio donde obtener buenos resultados, incluso económicos. Un modo indecoroso de vida si se hace sirviendo a unos intereses que no son los que promueven el verdadero compromiso con la esencia del ser de la entidad, aunque no juzgo a quien, aun siendo su modo de vivir, lo hace desde la ética del compromiso, asumiendo, incluso, el riesgo de perder el estatus ganado honestamente por servir a los fines que no viola.

Mercantilización, por otro lado, que puede suponer también importantes réditos para algunas Administraciones en su ánimo de blanquear la imagen a modo de responsabilidad social corporativa, concebida esta no necesariamente como empresa con recorrido económico, sino a través de la clara disfunción de quienes las dirigen desde el acomodo clientelar, y de quienes, por otro lado, convencidos, gestionan sus vidas dentro del compromiso a lo demás. 

Pero ello no es óbice para que personas voluntarias en el marco de unos proyectos, que dan desinteresadamente parte de lo que son, encubran o disimulen de manera involuntaria o inconsciente, a través de sus acciones más que justificadas, el otro lado del péndulo que trata sutilmente de equilibrar la situación. 

"Uno de los valores más asombrosos del ser humano si tenemos en cuenta el modus vivendi en el que estamos instalados es la capacidad para darse a los demás sin esperar respuesta compensatoria"

Son las contradicciones de una sociedad donde, a pesar de que en no pocas ocasiones la anomía vicie sus estructuras sociales, ello no dificulta, sin embargo, para que la solidaridad tenga vigor para suplir o disminuir muchas situaciones enfermizas de la exclusión o de la desigualdad, aunque aquella, la solidaridad, deba ejercitarse (para que se haga plenamente realidad) en el marco de una organización definida en sus objetivos y fines. 

Uno de los valores más asombrosos del ser humano si tenemos en cuenta el modus vivendi en el que estamos instalados es la capacidad para darse a los demás sin esperar respuesta compensatoria o, incluso, sin esperar repercusión de intereses: tal vez sea simplemente la creencia del deber o de la responsabilidad cumplida por motivos religiosos, morales o éticos que tenemos para nuestros semejantes

Y ahí es donde la acción de las personas que ennoblecen la condición humana obtiene los mayores réditos. 

No debiera ser el estado de solidaridad, que se podría rebautizar como el suplantador necesario, una parte estructural del modelo social que tenemos. Y no debiera perpetuarse en cualquier sociedad que de modo sincero aspire a una plena equidad entre sus ciudadanos, porque no debiera ser la solidaridad el estado natural de las sociedades organizadas, ya que puede convertirse en una perversión de sí misma cuando se suplantan las responsabilidades políticas y determinados derechos inherentes al ser humano quedan al arbitrio de la respuesta generosa de los demás o de las instituciones públicas o privadas.

"Cualquier aditivo que justifique un gasto moldeado como inversión social perecerá y estará condenado a repetirse indefinidamente en el tiempo"

Un sistema social que aspire a dignificar a quienes forman parte de él debe conceptualizar normas exigentes y progresivas de modo universal que ofrezcan las mismas oportunidades, independientemente de la condición con la que uno nazca o vehicule en su madurez. 

Leyes que no ofrezcan capítulos parcheados sobre los derechos y obligaciones que conlleva ser ciudadano pleno de un Estado. 

Cualquier aditivo que justifique un gasto moldeado como inversión social perecerá y estará condenado a repetirse indefinidamente en el tiempo. ¿Tal vez es así como las instituciones, Administraciones y organizaciones sociales aspiramos a que sea? 

El libre albedrío determina en nosotros el modo en que queremos situarnos en la sociedad a la hora de un mayor o menor compromiso con la misma. El libre albedrío es un derecho individual natural que nos asiste, pero que no tendrá repercusión alguna, no encenderá ninguna mecha para el cambio social, si no prende junto a otras personas organizadamente en estructuras sólidas y críticas que cuestionen la caridad de las acciones (aunque estas solventen situaciones paliativas) y que denuncien de modo asertivo, exigente, la fragilidad moral del sistema.

El voluntariado, como una expresión influyente de la solidaridad, no actúa quirúrgicamente sobre los problemas: los parchea justificándose a sí mismo. 

El voluntariado, lamentablemente, cada vez más absorto por cómo se dispone de modo mercantilizado a la hora de concebirse, terminará por convertirse, si no se alzan voces que no tengan miedo a defender lo más intrínseco de lo que él mismo debe provocar, en un obsequiado reconocimiento estético con valores curriculares.

Por ello, cada vez se hace más urgente y necesario amplificar, ampliar e, incluso, desmesurar, las bondades de quienes de forma comprometida lo están con los valores de la solidaridad y el voluntariado, aunque no esté en ellos la introspectiva de sus acciones, ni tampoco la búsqueda del reconocimiento oportunista

Cada vez debiéramos estar más lejos de para quienes la solidaridad sirve de estética visión del ego. Y de ello no están exentas algunas de las instituciones públicas y las entidades privadas. 

Las hay, por supuesto, muy nobles, pero tenemos la doble vertiente que es necesario también poner sobre la mesa: la otra cara nada idílica de organizaciones sociales como instituciones públicas, aunque no por ello pretendo de ningún modo generalizar, lo que sería injusto. 

Vivimos una época donde el marketing, la venta social de la imagen, se convierte para unos en un proceso curricular que trata de destacar las supuestas bondades flotantes que, sobre una colchoneta inflable, sólo necesitan del empujón de un alfiler para traspasar la desnudez pasada por agua.

"El escepticismo se apodera cada vez más de muchos de nosotros por la utilización que se hace de quienes se regocijan en el ser humano con sus virtudes puestas al servicio del mismo ser humano"

Por eso es urgente y permanentemente necesario dar más voz a quienes desde la coherencia, y sin que ellos tengan que ser siempre conscientes, marcan la diferencia entre la versión oficial y la versión no siempre reconocida ni conocida: en definitiva, la madeja de la verdadera historia de las almas, que se entiende sólo si sabemos de la intrahistoria de la que es acompañada. 

El escepticismo se apodera cada vez más de muchos de nosotros por la utilización que se hace de quienes se regocijan en el ser humano con sus virtudes puestas al servicio del mismo ser humano, porque en ocasiones, y no de modo infrecuente, la bondad puesta al servicio de los demás es objeto de mercancía para otros. Por tanto, nos asomamos a la ventana de una doble utilización de los destinatarios.

¿Será este un motivo suficiente para frenar los lazos que han de permanecer vivos entre quienes necesitan de nosotros y nosotros mismos? 

No tengo respuestas. Aunque creo que más vale una acción emborronada que la inacción, que sólo lleva a la pasividad cómplice.

Cómo dejamos nuestro poso en este tránsito, no se sabe bien hacia dónde, es lo importante para quienes tenemos nuestras dudas más allá de lo que nos mueve el corazón.

Lo importante: cómo vivimos y cómo lo hacemos ante los demás. 

Hay personas que son portadoras de valores que deben ser potenciados, reconocidos, arbitrados en su justa medida y lanzados al viento para seguir germinando la semilla de la parte noble de los seres humanos, porque incluso no siendo yo experto en nada, sí creo que posiblemente y para muchos siglos sepamos que no hay paraíso, al menos en este planeta: hay un camino que convierte la dialéctica, la lucha de contrarios, la que empuja por un lado, por una sociedad más igualitaria y justa, y el otro, la que de forma eterna traza visceralmente los instintos más egoístas que los seres humanos también portamos.

Y este es hoy nuestro reconocimiento desde la Plataforma del Voluntariado de la Región de Murcia: para todas aquellas personas que dignifican los sentimientos más nobles, las bondades más elípticas y, aún con todas sus dudas, hacen de los derechos humanos su inabarcable conquista, porque sólo con los ejemplos de vida, con la generosidad y el sacrificio, la equidad es posible.

*** Roberto Barceló Vivancos es presidente de la Plataforma del Voluntariado de la Región de Murcia.

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