Joe Biden, a su llegada a Reino Unido el pasado 10 de junio.

Joe Biden, a su llegada a Reino Unido el pasado 10 de junio.

LA TRIBUNA

España se la juega con la visita de Joe Biden

“Como europeo, no quiero otra alternativa a la relación atlántica. Querer una Unión Europea fuerte y estar a la vanguardia europea no significa trabajar por un contrapoder a los Estados Unidos” (José María Aznar)

14 junio, 2021 02:15

A Joe Biden, presidente de los Estados Unidos, le acompaña en estos días de gira por Europa la expectativa de una primavera en las relaciones euroatlánticas después de cuatro años de helada presidencia de Donald Trump

Sin embargo, tras los apretones de manos (o choque de codos) se juega una partida en la que se decide el futuro de Europa y a la que España llega tarde, sin cartas y con el jugador más mediocre que podíamos enviar: Pedro Sánchez

Para entender qué espera obtener Biden de esta visita, y por qué España no puede permitirse desaprovecharla, debemos comprender el Gran Juego que define la geopolítica del siglo XXI.

Estados Unidos tiene una obsesión: contener el auge de China. 

Este objetivo es tan importante para la política exterior estadounidense que la estrategia de Biden mantiene los elementos centrales de la de Trump, por más que el tono haya cambiado. El ajedrez geopolítico entre Pekín y Washington se juega sobre todo en el Pacífico, donde sus intereses comerciales, militares y diplomáticos chocan con más fuerza, aunque la partida ya ha saltado al océano Índico y, gracias al cambio climático, empieza a librarse en el Ártico.

A no ser que las dos grandes potencias encuentren en los próximos años un modus vivendi que canalice sus rivalidades hacia una competición constructiva, es cuestión de tiempo que un incidente menor, en Taiwán u otra isla del Pacífico, termine por encender la mecha de una contienda cuyo alcance y consecuencias no terminamos de entender.

Como primer mercado mundial, Europa sigue siendo esencial para el crecimiento económico chino

Vistos los ejes que definirán la geopolítica mundial del próximo cuarto de siglo, no sorprende que una Unión Europea situada en el otro extremo de Eurasia desempeñe un papel marginal en la estrategia estadounidense frente a China.

Pero no tendría por qué ser así.

Como primer mercado mundial, Europa sigue siendo esencial para el crecimiento económico chino. Si Washington y Bruselas se coordinaran para reducir la influencia tecnológica china en el continente y su acceso a nuestros mercados, Pekín se vería obligado a reorientar su política exterior y buscar un acomodo con Occidente, evitando el inminente choque de trenes.

La visita de Biden a Europa obedece a esta estrategia y gira en torno a tres grandes eventos. La reunión del G7 en Reino Unido y las cumbres con la OTAN y la Unión Europea, que se celebrará entre hoy y mañana en Bruselas.

Vladímir Putin y su agresiva política en Bielorrusia y Europa Oriental copará la agenda mediática de estos días, pero la decisión de no torpedear el controvertido gasoducto Nordstream 2 entre Rusia y Alemania evidencia que Biden da prioridad a contar con Berlín en su estrategia frente a China, por encima de las preocupaciones de seguridad de sus aliados en Europa central.

Los encuentros de estos días están repitiendo lo que venimos oyendo desde la victoria de Biden en noviembre: que America is back y que es tiempo de dar un nuevo impulso a la causa de la democracia en el mundo.

Pero la controversia de fondo continúa.

Ni los intereses económicos alemanes ni las ambiciones globales francesas pueden seguir ignorando la crueldad china

Las prioridades estadounidenses se desplazan hacia Asia y, si Europa sigue negándose a asumir un mayor peso en su propia defensa y a dar prioridad a los vínculos euroatlánticos por encima de su dependencia económica de China, Washington no está dispuesto a seguir dedicando tropas, tiempo y dinero a sacarnos las castañas del fuego

A Francia y Alemania, arrastrados a disgusto por la rivalidad entra China y Estados Unidos, este alineamiento se lo impondrá la realidad del despotismo chino. Ni los intereses económicos alemanes ni las ambiciones globales francesas pueden seguir ignorando la crueldad china hacia los uigures o el brutal aplastamiento de la autonomía de Hong Kong.

España, sin embargo, puede y debe ser parte activa y entusiasta en este fortalecimiento de la alianza atlántica. Por nuestro propio interés nacional y para evitar vernos arrastrados por la creciente irrelevancia de Europa.

La menor dependencia de China de nuestro país, su envidiable posición estratégica y el mayor peso relativo en el seno de la UE tras el brexit perfilan a España como el mejor socio que Washington puede encontrar en Europa. El abandono de esos vínculos por parte de los sucesivos Gobiernos españoles contribuyeron al último chantaje de Marruecos.

Pero Sánchez es el peor presidente que podríamos tener, en el momento en que España necesita más que nunca reparar sus vínculos con Estados Unidos. Por más que Moncloa se empeñe en vender un encuentro en los márgenes de la cumbre atlántica como una reunión bilateral de primer orden, el hecho de que Joe Biden no se haya puesto al teléfono con Sánchez en todos estos meses es la mejor prueba de la poca confianza que tiene la Casa Blanca en nuestro Gobierno y en las menguantes capacidades españolas.

La geopolítica mundial avanza a toda prisa en una dirección contraria a los intereses de España y de Europa, y el Gobierno, que ya es el que más derrotas diplomáticas acumula en la historia reciente de nuestro país, es incapaz de revertir el rumbo.

Por el bien de España, y el de toda la Unión Europea, empecemos de una vez a jugar la partida

*** José Ramón Bauzá es eurodiputado de Ciudadanos en el Parlamento Europeo y miembro de la delegación para las Relaciones con Estados Unidos del Parlamento Europeo.

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