La ministra de Igualdad, Irene Montero, en una imagen de archivo.

La ministra de Igualdad, Irene Montero, en una imagen de archivo. Efe

LA LISTA DEL SÉPTIMO DÍA

Los machismos que pasan desapercibidos bajo el radar de Igualdad

El Ministerio de Igualdad ha permitido que el machismo campe esta semana a sus anchas, fiel a la tesis de que lo importante nunca es el qué, sino el quién. 

28 febrero, 2021 01:59

1. Máximo Pradera

El pasado jueves, Máximo Pradera publicó en el diario Público un artículo en el que le deseaba un cáncer a Macarena Olona, José María Aznar y Donald Trump. Un artículo que no habría pasado el filtro de ningún otro diario de este país. 

Que los antojos de Pradera respecto a Aznar y Trump pasaran desapercibidos en el Ministerio de Igualdad es hasta lógico: sabido es que el negociado de Igualdad sólo ampara al 50% de los ciudadanos.

Pero que pasaran desapercibidos los ataques a Macarena Olona parece confirmar que el objetivo del Ministerio de Igualdad no es sólo cimentar la desigualdad entre hombres y mujeres, sino también entre mujeres de derechas y mujeres de izquierdas

2. José Zaragoza

Si algo ha quedado claro a lo largo de esta semana es que el heteropatriarcado sí entiende de ideologías.

Sólo así se entiende que las burlas de José Zaragoza (PSC) contra Andrea Levy no hayan hecho sonar la más mínima alerta en los despachos de Igualdad. Aparentemente, humillar a una mujer por las secuelas de su enfermedad, siempre que esa mujer sea de derechas, no llega siquiera a micromachismo. 

Al menos, eso sí, Igualdad no ha dicho que Levy se lo merezca. Ahí han estado magnánimos. 

3. Victoria Abril y Ana Obregón

Tampoco se ha librado esta semana la actriz Victoria Abril de su correspondiente linchamiento mediático a cuenta de sus opiniones sobre la epidemia de Covid-19, que ella llama plandemia.

Abril defiende maguferías conspiranoicas, sí. Pero también es una magufería la teoría de la no existencia del sexo biológico, y cualquier crítica a esta se considera delito de leso machismo. ¿Es que acaso hay paparruchas correctas y paparruchas incorrectas, según el Ministerio de Igualdad?  

Algo similar ha ocurrido con Ana Obregón, que esta semana ha criticado, por irresponsables, los actos convocados para el 8-M, ganándose así los ataques de los troles que Podemos alimenta en las redes sociales y que azuza contra el enemigo imaginario del momento, en función de sus intereses políticos.  

4. Las manifestaciones del 8-M

Podemos convierte todos sus errores en un reto vital, e Irene Montero destaca entre sus compañeros de partido como la más empecinada de todos ellos. La insistencia de Podemos en celebrar de una manera u otra el 8-M, como si los 100.000 muertos por Covid-19 no hubieran existido jamás, dice muy poco de la preocupación del Ministerio de Igualdad por la salud de las mujeres que podrían acudir a esas concentraciones. 

Es llamativo que la exacerbada sensibilidad del Ministerio de Igualdad, que ve machismo hasta en la señalética de los lavabos, no haya visto problema alguno en llamar a cientos de miles a mujeres a meterse en la boca del lobo de la Covid-19. 

5. Una ley que desprotege a las mujeres

¿Qué puede ser peor para el autor de una ley que pretende proteger a las mujeres que desprotegerlas por su desconocimiento de la técnica jurídica más básica?

El dictamen del CGPJ sobre la ley del sí es sí de Irene Montero es demoledor para el orgullo de Montero. Porque en ese dictamen no sólo se acusa a su ley de dejar en la estacada a las mujeres víctimas de violencia.

También se la acusa de vulnerar la presunción de inocencia y de desatender las circunstancias que rodean el hecho delictivo. Es decir, si este ha sido cometido o no con violencia, o si el sujeto pasivo consiente o no, entre otros elementos básicos del delito. 

Una visión piadosa del Ministerio de Igualdad sostiene que lo mejor que puede ocurrir con este es que no sirva para nada. Pero si lo que hace una y otra vez es empeorar las cosas, entonces ¿qué sentido tiene su misma existencia? 

6. Instrumentalización de las víctimas

Varios grupos parlamentarios recitaron el pasado martes en el Congreso los nombres de las 1.081 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas desde 2003. La medida fue aplaudida por todos los grupos parlamentarios de la Cámara, excepto Vox. 

Más allá de la opinión que se tenga de este tipo de gestos, o de la sinceridad de la emoción de quien los impulsa, lo cierto es que un gesto similar (el de Vox recitando los nombres de los asesinados por ETA) fue calificado de "instrumentalización de las víctimas". 

¿En qué quedamos? ¿Qué víctimas pueden (y deben) ser instrumentalizadas y cuáles no? ¿Hay víctimas de primera, como las de ETA, que no deben ser instrumentalizadas, y víctimas de segunda, las mujeres asesinadas, que pueden ser manoseadas por Podemos, sin siquiera pedir permiso a sus familias?

7. Victoria Rosell

Pocas cosas degradan más el verdadero feminismo que recurrir al ya consabido machismo cada vez que una mujer no consigue lo que se le antoja.

Es el caso de la juez y diputada de Podemos Victoria Rosell, que ha sido vetada por el PP como vocal del Consejo General del Poder Judicial por su evidente parcialidad ideológica. Parcialidad que queda de manifiesto cuando declara en público que el poder judicial "no es judicial, sino político, porque emana del Parlamento".

Una aberración jurídica que justificaría que los diputados de PSOE y Podemos puentearan a los jueces y dictaran sentencias al gusto del Gobierno dado que, a fin de cuentas, "el poder judicial emana del Parlamento" y las leyes se obedecen y desobedecen en función de cómo interpreten esos diputados el resultado de las elecciones. 

Por otro lado, si el Poder Judicial emana del Parlamento, y los votos del PP en el Parlamento son necesarios para su nombramiento, ¿qué problema tiene Rosell con ese veto? A fin de cuentas, es un veto que "emana del Parlamento". 

Habría sido conveniente, en cualquier caso, que el Ministerio de Igualdad informara a Rosell de que eso que ella ataca, es decir la separación de poderes, no tiene nada que ver con el feminismo, sino con las reglas más elementales del Estado de derecho. 

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