Pedro Sánchez, Carmen Calvo y Pablo Iglesias en el Congreso de los Diputados.

Pedro Sánchez, Carmen Calvo y Pablo Iglesias en el Congreso de los Diputados. Efe

LA LISTA DEL SÉPTIMO DÍA

¿Ha muerto la izquierda? 40 claves del asesinato de una ideología a manos de PSOE y Podemos

Pactan con la ultraderecha nacionalista, exaltan las identidades particulares y trabajan por la desigualdad de los ciudadanos españoles. ¿Sigue siendo eso "la izquierda"?

23 febrero, 2020 02:27

1. En la España constitucional han existido tres partidos que han defendido los principios de la izquierda democrática, a veces conocida como socialdemocracia y a veces, con mayor osadía dado el certificado de antecedentes penales de la cosa, como socialismo.

2. Esos tres partidos son el PSOE de Felipe González, UPyD y Ciudadanos. 

3. El resto de lo que en España se ha llamado tradicionalmente "izquierda" no es más que izquierda no democrática, es decir comunismo.

4. También ese extraño híbrido de populismo, doctrina social falangista, modas altoburguesas de la identidad, filias castrenses bolivarianas y formas monárquicas que es Podemos. 

5. El PSOE de Felipe González murió con la corrupción y los crímenes de Estado, pero hasta eso le habría perdonado su público de no ser por la llegada a la secretaría general de un José Luis Rodríguez Zapatero sin mayores referentes políticos, intelectuales, culturales o morales.

6. Un Zapatero que exterminó cualquier rastro de socialdemocracia que pudiera quedar en el partido. 

7. UPyD murió a manos de los medios de prensa alimentados por el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero.

8. A día de hoy, la inmensa mayoría de los españoles sigue creyendo que UPyD cayó por los errores de una Rosa Díez que, en el peor de los casos, son sólo los que puede esperarse que cometa un partido embrionario que busca su espacio en el ecosistema político español

9. Ciudadanos anda recuperándose de las graves heridas provocadas durante el atentado que intentó acabar con su vida y del cual fue autor el PSOE de Pedro Sánchez, que es la versión corregida y aumentada del PSOE de Zapatero. 

10. A día de hoy, la inmensa mayoría de los españoles sigue creyendo que fue Ciudadanos el que no quiso pactar con un Pedro Sánchez que antes habría renunciado voluntariamente el poder que aceptar una sola de las exigencias de sentido común, estrictamente socialdemócratas, que le planteaba Ciudadanos.

11. Por ejemplo, la de comprometerse a no atentar contra la igualdad de todos los españoles.

12. Ni siquiera eso aceptó un Pedro Sánchez que llama "progresismo" a detraer inversiones de las regiones pobres como Extremadura para pagar las deudas de las ricas como Cataluña

13. La situación actual es paradójica. El PSOE de 2020, que nada tiene que ver ya con los valores tradicionales de la socialdemocracia, se ha arrogado la representación de "la izquierda" y mandado a las catacumbas de "la extrema derecha" no sólo a UPyD y Ciudadanos, sino también a aquellos socialistas de los años ochenta y noventa que han osado mostrarse críticos con los actuales responsables del partido.

14. La paradoja es aún mayor. El PSOE de 2020 no sólo reniega de los socialistas de 1980, sino también del socialismo que ellos mismos defendían en 2019

15. Empiezan a brotar por doquier los artículos de intelectuales y periodistas de izquierdas que dicen sentirse desconcertados por la deriva del PSOE.

16. La deriva de Podemos la dan por descontada porque la mayoría de ellos no confío nunca en Pablo Iglesias e Irene Montero.

17. Son intelectuales y periodistas como Félix Ovejero, Alberto Olmos, Andrés Herzog o Juan Claudio de Ramón, entre otros. Gente que dice añorar una izquierda antinacionalista o qué se pregunta a qué intereses responde esta "izquierda" de hoy.

18. En este artículo, imprescindible para comprender el desconcierto de alguien que se considera a sí mismo de izquierdas, Alberto Olmos escribe: "Así surgió la izquierda que hoy conocemos: dejó de lado la igualdad y empezó a promocionar su propia línea de artículos exclusivos, conformada por un abanico de identidades irredentas cuyos problemas se achacarían siempre al capitalismo". 

19. Luego, Olmos añade:

"Los refugiados les enternecen; los mendigos, no; las mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas (70) les conmueven; los suicidios (3000; 700 de mujeres), no; los inmigrantes cuentan con su solidaridad; los obreros, los pobres, los barrios marginales de su propia ciudad, no; los transexuales les importan; los muertos en accidente laboral (400), no; creen en el cambio climático, y luchan verbalmente contra él, pero no contra su propia adicción al consumo que, a fin de cuentas, lo causa; respetan escrupulosamente a las mujeres, salvo que sean de derechas, sesgo que vuelve una simple chiquillada llamar puta a Arrimadas o imbécil a Díaz Ayuso; PP, Ciudadanos y Vox son fachas; PNV y JxCat, no; defienden la corrección política, mientras tildan de 'carapolla' a Martínez Almeida; creen en la libertad de expresión, salvo que alguien diga algo distinto a lo que ellos piensan, momento en el que se convierte en un facha". 

20. En este artículo, Juan Claudio de Ramón se resigna a lo que parece ser ya el sentir mayoritario entre esos españoles que se dicen de izquierdas mientras votan al PSOE y a Podemos y exigen a gritos pactar con Otegi, Junqueras, Urkullu, Torra y los cantonalistas del villorrio soberano antes que con Inés Arrimadas o Pablo Casado.  

21. "Quien manda en España", dice Juan Claudio de Ramón, "no acepta que el discurso de lo común español sea un discurso propio de la izquierda. Algunas de las mejores inteligencias del país creen que semejante estado de cosas es una anomalía y quieren combatirlo. Simpatizo, pero me temo que sus esfuerzos les abocan a la melancolía. No es que no haga falta, es que no es viable". 

22. En este otro artículo, el periodista David Mejía recuerda que "en España defienden el concierto vasco tanto el economista liberal Juan Ramón Rallo como los dirigentes de Podemos. Estos últimos son capaces, en el mismo discurso, de clamar contra la competencia que tienen las autonomías para bonificar el impuesto de sucesiones, y de defender el derecho de Cataluña a la secesión unilateral. Es su tónica general: por un lado va el eslogan y por otro los actos, que suelen servir para dinamitar el principio de igualdad de oportunidades".

23. En esta entrevista, Félix Ovejero afirma que "en España hay un espacio político por cubrir, por razones de principio y de eficacia electoral: la izquierda antinacionalista. Después de todo el PSOE, una cáscara intelectualmente vacía, está en compañías mucho más reaccionarias que Vox, con partidos que apelan a variantes de la etnia para negarse a redistribuir. Vox es un partido conservador. Esos son reaccionarios y algunos probadamente golpistas".

24. El simple hecho de calificar a Vox de "partido conservador", que es lo que es, y de "reaccionarios y golpistas" a los partidos nacionalistas, que es lo que son, supone una enmienda a la totalidad de la narrativa del PSOE y de Podemos. Anatema. 

25. En su nuevo libro, Sobrevivir al naufragio, una continuación oficiosa de su anterior La deriva reaccionaria de la izquierda, Ovejero escribe: 

"La victoria del PSOE [en 2004] no fue resultado de la calidad de sus ideas, de que un saludable virus republicano se hubiera extendido entre la población, sino del brutal atentado terrorista del 11 de marzo de aquel año –algo que, aunque sólo sea para reivindicar la buena ciencia social, se puede afirmar con rotundidad; así lo mostró García-Montalvo en un artículo publicado en 2011, en Review of Economics and Statistics, cuando, acudiendo a un ingenioso procedimiento para responder a la pregunta que tantas veces nos carcome en la vida (¿qué habría pasado si las cosas hubiesen seguido otro curso?), proyectó los resultados de una hipotética votación sin atentado a partir de una singular muestra hasta entonces desatendida: la formada por aquellos que habían votado por correo días antes de la tragedia. Y concluyó que, en condiciones normales, sin atentado, Zapatero no habría ganado".

26. En un escenario político e intelectual sereno y normalizado, en España se consideraría de izquierdas, y sin mayores debates, a todos los mencionados anteriormente. También a Félix de Azúa, Antonio Escohotado, Albert BoadellaFernando Savater, por poner cuatro ejemplos absurdos. 

27. En la España actual, todos ellos han sido desterrados a los yermos de la derecha por esa oclocracia "progresista" que vegeta en las instituciones y las televisiones a cargo del presupuesto público. Y si no han sido desterrados personalmente, con nombres y apellidos, sí han sido desterradas sus ideas

28. El caso de Podemos es paradigmático. El partido de Iglesias y Montero se dice republicano aunque replica sin rubor, y probablemente de forma intencionada, las formas y los rituales de la monarquía.

29. Pero no las formas y los rituales de una monarquía democrática como la española, la británica o la holandesa, sino las formas y los rituales de una monarquía absolutista

30. Y de ahí los vídeos de la reina madre de Podemos. Esos en los que puede verse a su corte de damas de cámara, aquellas que le deben salario y posición social, agasajando a su soberana con pasteles y lisonjas.

31. Una escena que, protagonizada por Inés Arrimadas, Cayetana Álvarez de Toledo, Isabel Díaz Ayuso o Bea Fanjul habría provocado su adiós definitivo a la política. De "caciquismo", "culto al líder", "cesarismo" y "despotismo" no habrían bajado los calificativos en La Sexta.

32. Probablemente, hasta se habría citado al señorito Iván, a la 'milana bonita' y al Paco 'el bajo' de Los santos inocentes. Por una vez, con razón. 

33. En la Corte de Podemos, tu jornal y tu posición en la jerarquía social no dependen de factores objetivos como el mérito, la inteligencia o la experiencia, sino de factores caprichosos y aleatorios como tu ardor en la defensa de las supersticiones ideológicas de moda o de los arcanos deseos del matrimonio regente.

34. Y de ahí que el favor del líder deba ser suplicado mediante escenificaciones de pleitesía más propia de otras épocas y regímenes que de una democracia del siglo XXI. 

35. Lo decía J.R. Delacroix en Twitter. La frase "el pueblo quiere más trabajo, subamos el sueldo mínimo" es el "si el pueblo no tiene pan, que coma pasteles" de la María Antonieta de la Francia de finales del siglo XVIII. 

36. Más allá de las formas, inéditas en cuarenta años de democracia, está el fondo de las políticas de la izquierda realmente existente. Por ejemplo, su sumisión a los nacionalismos identitarios periféricos, a los que PSOE y Podemos consideran aliados en la lucha contra la Constitución, el Estado de derecho y la monarquía parlamentaria

37. O su obsesión por controlar todas las instituciones del Estado mediante la colocación de afines a los que apenas se exige sumisión a las consignas del líder: CIS, agencia EFE, RTVE, Fiscalía…

38. O su nada disimulado asalto a la independencia del Poder Judicial, una de las señales más claras de que una democracia está metarmofoseando hacia un régimen, en el mejor de los casos, rayano en la autocracia

39. ¿Un socialismo nacionalista, identitario, irracional, naturalista, populista y defensor de la idea de que la voluntad del pueblo está por encima de la ley? Eso ha tenido un nombre histórico, sobre todo durante la década de los años treinta del siglo pasado, y no era precisamente "izquierda". 

40. Quizá la opción correcta no sea la de rebelarse contra la realidad exigiendo un retorno a las esencias de la izquierda sino aceptar que la palabra 'izquierda' no designa ya el mismo objeto que designaba hace años. Lo lógico sería que fuera esa 'izquierda' actual, que ha okupado el nombre de la antigua, la que cambiara de nombre dado que el actual no le pertenece. ¿Pero quién renuncia a una imagen de marca de tanto y tan probado éxito histórico

41. Quizá sea hora de empezar a hablar de ideas progresistas/liberales y de ideas regresivas/reaccionarias en vez de hablar de ideas de derechas o de ideas de izquierdas. Es decir, de disociar el concepto 'progresismo' de la retrógrada izquierda actual. Pero esa labor le corresponde a los citados en este artículo, no a la derecha.

Como dicen los anglosajones, "no es mi circo, no son mis monos".  

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