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. Sofía Moro Esquire

EL PASEÍLLO

El chalé de Íñigo Errejón

La pose del dirigente de Podemos para 'Esquire' le queda holgada: lanza el balón al aire y no dan ganas de comprarse ese traje de Adolfo Domínguez.

1 julio, 2018 01:31

Quinientos años después del nacimiento de Podemos a Íñigo Errejón también le ha crecido sin darse cuenta un chalé. Es triste recordárselo porque el suyo no tiene piscina, cientos de metros cuadrados, tinaja soñadora ni un porche que decorar con crujientes butacas trenzadas, donde a la vida le tintinean los hielos y pasar, pasa más suave. Por suerte tampoco ha hecho apología de lo peor de Madrid: esa playa construida en la franja de las ciudades-a-20 minutos, una orilla que ya linda con Despeñaperros.

Las fotografías de la revista Esquire escenifican una mudanza metafórica a un terreno cercano y, por lo tanto, sin polémica. Esa zona está abarrotada de treintañeros que esperan ser alcanzados por la madurez y ahí se ha colocado Errejón, mirando al infinito con gafas de sol y apretando mandíbula. El sino de una generación está en posar de por vida y él lo ha entendido cumbre.

Por Madrid pululan mujercitas y hombrecitos a medio hacer expertos en colas kilométricas de eventos gratuitos, distraídos con cualquier plato que lleve cilantro, gastadores de sus suelditos, a los que alguien tiene que ir a pedirles el voto. Errejón ha sido el primero en acercarse. Viene del otro lado mezclándose con ellos, insinuando consenso, construyendo desde cero la instatransición de los retratos que arrasan en megustas. Las quejas sobre la imposibilidad de arrancar una vida, apretados en la ficción de vivir al mes decorada por las franquicias, se escuchan mejor bajo el cartel luminoso de una cabecera cool, masculina pero no mucho, a la que el público llega pensando “este es mi tipo”. Intercambiarán impresiones en la puerta de Casa Coronas, en un Lateral o como mucho en Ponzano.

La verdad es que las fotos son buenas aunque les falta naturalidad. Errejón no es Borja Sémper: la pose le queda demasiado holgada. Lanza el balón al aire y no dan ganas de comprarse ese traje de Adolfo Domínguez, más bien lo contrario. Errejón ha cambiado de barrio sin necesidad de estar embarazado, habría espantado al votante que busca, que se sofistica sin avanzar. El nuevo álbum choca frontalmente con el antiguo. De aquella imagen del instituto abrazado con Pablo Iglesias que parecía sustentar una idea política conquistadora, el futuro de la democracia española, no se han llevado ni la amistad. El traslado lo han hecho comprando muebles nuevos.

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