La ejecutiva de Ciudadanos ha aprobado este lunes y por unanimidad la doctrina para abordar los pactos en autonomías y ayuntamientos. Si bien el PP se consolida como "socio preferente", la dirección del partido se opone a cualquier tipo de entendimiento con Vox. 

Ahora bien, en las regiones donde sea imposible el acuerdo con los populares, los liberales podrán llegar a acuerdos puntuales con aquellos barones y alcaldables socialistas que se desmarquen en público de las "políticas territoriales" de Pedro Sánchez. 

Vía andaluza

En puridad, Ciudadanos aboga por reeditar la vía andaluza, una adquisición de compromisos mutua con el PP y esperar el sí de Vox. Ante la complejísima situación política, no cabe duda de que el partido de Rivera avanza en la buena dirección, si bien es probable que la necesaria gobernabilidad le aboque en algún momento a tener que replantearse los vetos categóricos a izquierda (Podemos) y a derecha (Vox). 

La clave no está tanto en con quién se pacta sino qué se pacta. Y el caso del Ayuntamiento de Madrid es el más ilustrativo, en tanto que el órdago de Ciudadanos a Vox podría acabar con Manuela Carmena repitiendo como alcaldesa. Lo ideal es que Ciudadanos pacte con todos sin ceder en lo fundamental, en lugar de que sea el PP el que acabe concediendo a Vox mucho más de lo tolerable.

Escrúpulos

El caso de Barcelona también es ilustrativo. Ciudadanos, como sostiene Manuel Valls, debe optar por la idea del mal menor y permitir que Ada Colau sea alcaldesa frente a un perfil como el de Ernest Maragall, que encarna el separatismo que Ciudadanos quiere combatir.

Si en Ciudadanos entienden que el apoyo a Colau "generaría desconfianza" en el electorado, aún más incomprensible sería que la formación naranja -y por una cuestión de escrúpulos- permitiese entregar Barcelona al independentismo más acendrado. El centro es también una cuestión de cintura y pragmatismo.