El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, preside la reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad Nacional.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, preside la reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad Nacional. EFE

Columnas LA CAMPANA

El Menda Único en Ceuta

El Menda Único es como un vampiro al frente de la gestión del Banco de Sangre.

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Día 30 de julio. Ochenta mil personas invaden Ceuta y el presidente habla: "Ha sido una violación de la integridad territorial de España y de su soberanía".

"La situación es extremadamente grave y requiere una respuesta inmediata", añade el ministro del Interior.

Aunque, por otra parte, "hay cosas que ocurren y no necesariamente tiene que haber una responsabilidad".

Ante este dilema, Sánchez se va de vacaciones.

Mientras en la ciudad invadida se preparan cámaras frigoríficas capaces de albergar a doscientos cadáveres, el Gobierno asume la situación como si fuera un problema menor. Como un atasco en una rotonda.

¿No habría que hacer algo?

La policía vigilando las inmediaciones de la playa del Trampolín en Ceuta.

La policía vigilando las inmediaciones de la playa del Trampolín en Ceuta. EFE

¿Convocar al Parlamento?

¿Permitir la visita del rey para demostrar que Ceuta es tan española como Salamanca?

¿Celebrar allí un consejo extraordinario de ministros?

¿Aprovechar los mecanismos excepcionales previstos en la normativa de la UE sobre inmigración?

¿Pactar cambios legislativos con la oposición?

¿Convocar el Consejo de Seguridad Nacional?

¿Presionar a Rabat?

¿Todo ello a la vez?

Abrumado ante tantas posibilidades, el Gobierno decide hacer nada.

Los periodistas orgánicos, desprovistos de argumentarios oficiales, sufren visiblemente al apoyar al Gobierno. Esta tensión provoca que Máximo Pradera confíe a la IA la redacción de unos extensos posts y que Antonio Papell llame "gilipollas" a un colega.

Para variar, la Unión Europea está algo más deeply concerned de lo habitual, y veintidós países firman una carta que trasluce su malestar hacia el Gobierno español.

El ministro de Exteriores la descarta como una maniobra de la ultraderecha, a pesar de que algunos de los firmantes son de su propia familia política.

3 de agosto. Miles de invasores comienzan a regresar obedientemente a Marruecos. "Otra crisis más que resuelve Pedro Sánchez", dice Óscar Puente.

Resulta imposible dejar de sospechar la participación de Marruecos (que mientras tanto reclama la soberanía de Ceuta y Melilla) en todo este episodio, así que el ministro Albares llama a consultas al embajador de Italia.

Obviamente, también resulta complicado negar la sumisión del Gobierno español a Rabat.

A partir de ese momento, ministros del Gobierno comienzan a visitar Ceuta. Entre otras cosas, para llamar "racistas" a los ceutíes y regañarlos por no solucionar las cosas. Esto es exactamente lo que hace la ministra de Sanidad Mónica García, que añade que afirmar que los inmigrantes pueden transmitir enfermedades es mera xenofobia.

A continuación, ordena vacunarlos.

Posteriormente encarga la supervisión a Fernando Simón.

El Gobierno culpa de la invasión, sucesivamente, a Donald Trump, a una misteriosa injerencia extranjera (excepto la de Marruecos), a una supuesta internacional ultraderechista y a Israel.

Una vocal del Consejo General del Poder Judicial la atribuye, curiosamente, al racismo, que habría atraído a los ochenta mil inmigrantes como una farola a la polilla a la que achicharra.

Ione Belarra, del difunto partido Podemos, se extraña del alboroto provocado por unos miles de inmigrantes teniendo en cuenta que cada año llegan millones de turistas y no pasa nada.

25 de agosto. Todo llega, las vacaciones finalizan, y es necesario volver a la rutina.

Pachi López dice que el Partido Popular promueve discursos xenófobos y recupera un eslogan un puntín gastado: "arrimar el hombro".

El Gobierno declara la "situación de interés para la Seguridad Nacional en Ceuta". Elma Saiz lo califica de hito histórico.

Se crea un mando único para coordinar todas las actuaciones, especialmente la pelea entre el ministro de Interior ("ningún servicio de información atisbó nada parecido") y la de Defensa ("veinticinco miembros del CNI que tienen su destino secreto [al menos hasta ese momento -ndr] en Ceuta realizaron la labor exigible y compartieron y analizaron con las fuerzas de seguridad y la Delegación del Gobierno".

Inmediatamente, la Delegación de Gobierno emite un comunicado desmintiendo a la ministra, que de momento no ha dimitido.

Pero entonces ¿quién tiene razón? "Los dos", dice Pachi López.

Ese mismo día se vota una moción en Melilla que explicita su españolidad y la de Ceuta, y el PSOE vota en contra. Coalición por Melilla, partido enfocado en la comunidad musulmana, vota a favor.

Vehículo militar en Ceuta.

Vehículo militar en Ceuta. Marcos Moreno Europa Press

Al día siguiente la Delegación de Gobierno denuncia que es un bulo que los inmigrantes vayan a ser trasladados a un acuartelamiento y la antigua fábrica de harina de Ceuta. El BOE confirma esos dos emplazamientos.

Mientras tanto, parece ser que Ángel Víctor Torres está, no se sabe muy bien por qué, al frente de no se sabe muy bien qué. "La división y la confrontación sobran", dice. Todo el que quiera venir a Ceuta, que eche una mano.

Por cierto, añade, ¿para qué narices ha venido Aznar?

Luego se filtra que Pedro Sánchez tiene intención de continuar discretamente sus vacaciones en Andorra. Parece que finalmente no lo hará.

En fin. Llevamos ocho años viviendo en una aberración y la anomalía, el campo magnético que lo ha distorsionado todo, es Pedro Sánchez. Ya nadie puede dudar de que ha accedido al poder, sencillamente, para disfrutar de él y no para gestionar los intereses de España.

En este sentido, el Menda Único es como un vampiro al frente de la gestión del Banco de Sangre. De momento ya ha contaminado a su Gobierno, a su partido, a sus votantes y a un número indeterminado de instituciones.

Pero tampoco parece que haya un Van Helsing a la vista.