Trump y Meloni hablan en la pasada cumbre del G7 en Francia.

Trump y Meloni hablan en la pasada cumbre del G7 en Francia. Evelyn Hockstein Reuters

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¿Hay alguien dispuesto a exigirle respeto a Trump en la OTAN?

La verdadera prueba de esta cumbre no será cuánto suba el gasto en Defensa. Será si queda un solo líder dispuesto a llamar patán a quien se comporta como tal, aunque sea el gobernante más poderoso del mundo.

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Cabe preguntarse, sin caer en la conspiración, si algún adversario ha dañado tanto el prestigio de Estados Unidos como quien hoy ocupa el Despacho Oval.

Un presidente que alentó el asalto al Capitolio, que desacata resoluciones del Tribunal Supremo, que sostiene en Venezuela una dictadura interina sin mandato constitucional, ¿hasta dónde puede erosionar los contrapesos institucionales sin quebrarlos?

Rusia y China llevan años deseando presentar a Europa y Estados Unidos como bloques enfrentados. Y nadie les ha hecho el trabajo de forma tan diligente como Donald Trump, desde el mismo corazón de la Alianza Atlántica.

Ninguna alianza sobrevive sin respeto. Se puede compartir bandera y presupuesto de defensa, pero si falta el respeto mutuo, lo que queda no es una alianza, sino una tramposa tutela.

La pregunta que sobrevuela Ankara, donde ha arrancado este martes la última cumbre de la OTAN entre dudas explícitas sobre la vigencia real del Artículo 5, no es de índole militar. Es política y moral.

¿Habrá alguien dispuesto a exigir respeto a Donald Trump?

El presidente estadounidense Donald Trump participa en una reunión con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, en el Despacho Oval de la Casa Blanca en Washington, D.C., EE. UU., el 24 de junio de 2026

El presidente estadounidense Donald Trump participa en una reunión con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, en el Despacho Oval de la Casa Blanca en Washington, D.C., EE. UU., el 24 de junio de 2026 Reuters Reuters

Porque el patrón es ya inconfundible.

A Macron, a Starmer y a Merz los ha rebajado con desplantes de intensidad variable, pero ha sido con Giorgia Meloni con quien se ha ensañado. Y ha sido también Meloni la única que le ha respondido hasta ahora con la rotundidad e inmediatez.

Ningún patán se corrige por sí mismo. Sólo lo hace cuando alguien, con la autoridad moral de no hacerle el caldo gordo, le dice basta a la cara.

En ese contexto, la posición de vasallaje de Mark Rutte, el Infantino de la seguridad europea, resulta descorazonadora.

El secretario general de la OTAN llega a Ankara llevándole a Trump el pizarrín del gasto europeo en Defensa y amenazando con tarjetas rojas (éstas sí) a los rezagados como España.

Pedro Sánchez llega al primer encuentro con Trump desde que España rechazara el 5% del PIB y Moncloa negara las bases de Rota y Morón para operaciones ligadas a Irán.

El embajador norteamericano ante la Alianza ha dicho, sin matices, que Trump está "decepcionado" con nuestro país.

Merz le reprochó en marzo, delante de Trump, ser el único socio que no acepta el objetivo común. Y a finales de junio ni siquiera fue invitado a la minicumbre de Berlín donde Starmer, Macron, Meloni y Tusk prepararon esta cita.

Una exclusión que dice tanto sobre el aislamiento de España como sobre el respeto entre aliados.

La reivindicación de soberanía del presidente Sánchez es legítima, pero difícil de sostener con autoridad plena cuando la credibilidad institucional del propio Gobierno se desmorona en los tribunales.

Su esposa, Begoña Gómez, imputada por cuatro delitos de corrupción, tenía intención de acompañarle, pero el juez se lo ha impedido.

Su hermano espera sentencia.

Su ministro y mano derecha, José Luis Ábalos, ya ha sido condenado a 24 años de prisión.

Y el partido del que es secretario general afronta indicios suficientes para ser imputado por financiación ilegal.

El presidente español llega a Turquía con 126 imputados en su entorno, más que sus 121 diputados en el Congreso.

¿Con qué autoridad moral puede reclamar respeto exterior quien no sostiene la confianza institucional en su propio país?

La verdadera prueba de esta cumbre no será cuánto suba el gasto en Defensa ni qué comunicado final se firme sobre Ucrania.

Será si queda en Ankara un solo dirigente dispuesto a mirar a Trump a los ojos y llamar patán a quien se comporta como tal, aunque sea el jefe de Estado más poderoso del planeta.

Yo apostaría a que será Meloni quien más se acerque a hacerlo: nadie ha demostrado más redaños frente a Trump.

Una alianza puede sobrevivir a los errores, pero no a la normalización de la humillación, la adulación y la impunidad.

Y en la base de la seguridad europea está defender la dignidad de quienes la integramos.