Mikel Oyarzabal levanta el título de la Copa del Rey.

Mikel Oyarzabal levanta el título de la Copa del Rey. EFE

Columnas SIN SOLTAR AMARRAS

Si no condenas las pitadas no deberías jugar la Copa del Rey

Los clubes tienen que desmarcarse públicamente de comportamientos como los que vivimos en la final de la Copa del Rey.

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Mucho se ha hablado esta semana de los silbidos al himno nacional, de los que fui testigo en el Estadio de la Cartuja donde se jugaba la final de la Copa del Rey de fútbol.

Es bueno aclarar, por si las moscas, que solo una parte del estadio pitó el himno (el resto intentábamos tapar los exabruptos cantando el "lolololo") y que buena cantidad de los aficionados de la Real Sociedad no comparten las faltas de respeto de algunos.

Pero sí es cierto que hubo abucheos, que hubo muchos, que hubo demasiados y que esos abucheos siempre vienen de los hinchas de determinados clubes: el día que haya una final de Copa entre, pongamos, el Real Madrid y el Betis, el Sevilla y el Atlético, el Levante y el Villarreal o el Rayo y el Getafe, ahí no pita ni el Tato.

Podemos hacer de avestruces, fingir que no nos enteramos o echar la culpa al empedrado, diciendo que cada pequeña catástrofe que sucede en los estadios es propia de la condición humana. En eso llevamos muchos años: grave error. Acotar el problema es el primer paso para darle una solución, y hay que pedir a los clubes que tomen partido.

Es cierto que no se puede ordenar a nadie que ponga freno a la libertad de expresión, que en ese vasto campo colocan algunos los insultos al himno. Al himno español, entiéndase: este país se rasgó las vestiduras durante una semana porque unos cientos de cafres abuchearon el himno de Egipto.

Comparto la indignación por el comportamiento rastrero de unos descerebrados frente a un símbolo de otro país, pero casa mal la actitud de rechazo a los pitos para Egipto y la amable comprensión de los insultos dedicados al nuestro por parte de los aficionados de la Real Sociedad.

Miles de personas en la celebración de la Copa del Rey de la Real Sociedad.

Miles de personas en la celebración de la Copa del Rey de la Real Sociedad. EFE

Quizá ha llegado el momento de sentar las bases. Los clubes tienen que mojarse y desmarcarse públicamente de comportamientos como los que vivimos estos días. Manifestar su rechazo y su condena hacia la falta de respeto a los símbolos de todos, incluso a los símbolos de algunos.

Por eso me atrevo a sugerir que se exija a los clubes una pública manifestación de condena a las salidas de pata de banco de una parte de su afición; cosa, por cierto, perfectamente compatible con la libertad de cada uno para hacer lo que considere y la (relativa) incapacidad de los equipos para intervenir en ella.

Aceptemos que un equipo de Primera División no es capaz de ejercer un control mínimo sobre sus aficionados, pero pidamos al mismo equipo que condene oficialmente el comportamiento rastrero de sus hinchas.

Esa condena debería ser un requisito oficial para jugar la próxima Copa del Rey. Y el que no quiera desmarcarse, pues que se borre de la competición.

Vamos a darle una vuelta antes de que los equidistantes tengan que hacer juegos malabares para llamar fachas a los que pitan el himno de Egipto y libérrimos a los que pitan el de España.