El cantante Carlos Baute en la Puerta del Sol.

El cantante Carlos Baute en la Puerta del Sol. Redes sociales.

Columnas

Carlos Baute, fustígate y ¡pide perdón!

Se ha impuesto ese principio de repugnancia moral que hace que se vea más deplorable un cántico racista que encarcelar por las ideas o expoliar una economía, como lleva haciendo el chavismo, junto a Delcy Rodríguez, durante casi treinta años.

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"Lo lamento sinceramente. Lo digo con humildad, con responsabilidad y con total honestidad".

Paf. Así se disculpaba Carlos Baute por jalear los gritos de "que se vaya la mona" en relación a Delcy Rodríguez, la presidenta encargada de Venezuela, durante el multitudinario evento celebrado en la Puerta del Sol a raíz de la presencia de la opositora y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado.

"Me dejé llevar por la emoción, y hoy lo digo con claridad: fue un error. No debí hacerlo".

Paf. Paf. Las palabras del artista venezolano se estampan en los oídos de quienes se oponen a la sumisión del relato igualitario.

Son profundamente censurables estos epítetos en el escenario porque no representan ni los valores ni la tolerancia a la que se aspira a transformar cualquier sociedad. Y porque están desterrados del lenguaje por lo que nos delata.

Es más, ni siquiera debería haber existido perdón porque no debió haberse producido ese aquelarre público con tintes racistas sobre un escenario en la principal plaza de la capital española, destino favorito de cientos de miles de venezolanos que vienen a refugiarse de la opresión en su país.

Mono es una expresión que ha ido evolucionando en Venezuela. Según hemos aprendido a raíz de esta reciente y tremendista polémica, el término comenzó a utilizarse entre la oposición para referirse de manera peyorativa a aquellos simpatizantes de clase baja del chavismo. Se puede debatir si es más racismo que clasismo, pero lo que es innegable es el símil racial, que no puede ser más que reprobado.

Lo que escapa de todo sentido es que esta polémica haya acaparado tantos titulares y espacios televisivos. A día de hoy sigue generando contenido este episodio por el que a Baute ya le llaman racista, misógino y, por supuesto, facha (no podía faltar esta palabra que produce ese regustito en cierta parte de la izquierda y que sirve para aglutinar todo aquello que no encaja en el puzle de su ideología).

Carlos Baute se disculpa en sus redes.

Carlos Baute se disculpa en sus redes. RRSS Carlos Baute

De esta forma, se ha impuesto ese principio de repugnancia moral que hace que se vea más deplorable un cántico racista que asesinar, encarcelar por las ideas o expoliar una economía, como lleva haciendo el régimen de Chávez y Nicolás Maduro durante casi treinta años.

La ONG venezolana de derechos humanos Foro Penal contabiliza 19.087 detenciones por motivos políticos en el país desde el año 2014 hasta la fecha y, a día de hoy, siguen encarcelados 473 ciudadanos y otros 11.000 continúan sujetos a medidas restrictivas de libertad, según estima. Eso, sin mencionar el miedo de los familiares a denunciar, aún a día de hoy, las detenciones por temor a represalias.

Pero, Carlos, pide perdón.

Los cuerpos de seguridad, que se lucen en prácticas abusivas para asegurar el control civil, y un sistema de justicia pervertido por años de apropiación y corrupción, han sido denunciados una y otra vez por las asociaciones civiles y la oposición.

Carlos, vuelve a pedir perdón.

María Corina, en la Puerta del Sol.

María Corina, en la Puerta del Sol. Isabel Infantes. Reuters.

Y esta es sólo una parte más de un régimen que ha deteriorado el sistema electoral, cambiando las reglas de juego a conveniencia y desatendiendo a los observadores internacionales. Que ha creado órganos de gobierno paralelos para desplazar a la Asamblea Nacional, neutralizado a los adversarios políticos persiguiéndolos, encarcelándolos o, directamente, haciéndolos desaparecer. Que ha cerrado o comprado todos los medios críticos. Y que, atesorando toneladas de petróleo, ha hundido a la economía en un manto de hiperinflación, desplome del PIB y una escasez de alimentos y medicina, derivando en una situación de pobreza para más del 86% de la población, según denuncian las ONG.

Carlos, haz el favor. Fustígate. Pide perdón.

Me rebelo contra quienes tapan los abusos sistemáticos de un régimen mientras elevan un episodio condenable (por supuesto) al centro absoluto del debate. Porque convierten el lenguaje en un campo de batalla para no pisar el terreno incómodo de los hechos tan tremendamente devastadores que las organizaciones llevan años denunciando.

"Cuando vengan los fascistas, como la señora esta [María Corina Machado], que está encerrada como cucaracha pensando cómo colocar bombas para matar gente y niños, que se encuentren con la fuerza indestructible del Poder Popular", espetó Delcy Rodríguez durante un Congreso Pedagógico de Maestros.

Ella, cómplice y colaboradora indispensable en el expolio humano y económico de un país y que actúa siempre bajo la orden de un todopoderoso que le susurra al oído, ya sea Nicolás Maduro o Donald Trump, se ha convertido hoy en víctima de un canto racista. Intolerable.

Si algo nos han enseñado quienes vinieron antes es que los modales y el respeto importan. Pero no todos están convencidos de que cada ciudadano sea digno de un mínimo respeto social. Y deben actuar con cierta hipocresía para que no se les note, especialmente en público, si quieren evitar las consecuencias, que, en el caso de Baute, se ha materializado en un linchamiento colectivo.

Delcy Rodríguez en un evento en Maracaibo.

Delcy Rodríguez en un evento en Maracaibo. REUTERS/Isaac Urrutia

El historiador Timothy Snyder, que tanto ha retratado a los totalitarismos, habla de cómo los movimientos políticos polarizadores en la Europa del siglo XXI dependen de lo que llamaba una mentira mediana. Así animan a sus seguidores a involucrarse en una realidad alternativa.

Una realidad, en este caso, en la que se ha perdido todo el sentido de la proporción.

Hay familias que no saben cuándo volverán a ver a los suyos. Padres que buscan medicamentos en el contrabando. Una generación que ha aprendido a hacer rápido las maletas. Y que no confía en el sistema político del que Delcy Rodríguez ha sido portavoz y sostén.

Pero sólo leerás titulares de los insultos de Carlos Baute.

Se dice que lo único que tienen en común los belgas es el fútbol y la corona. En España se podría apuntar que ha sido el fútbol y el apoyo mayoritario a la diáspora venezolana, a la que los sucesivos gobiernos han dado apoyo económico y humanitario. Hasta ahora. Hasta que empezamos a discutir incluso también sobre eso.

Una vez más, España dividida.

Pero, Carlos, pide perdón.