Domingo de otoño cálido, como para echarse novia formal. Casi un Domingo de Ramos con su sol y su calor y su misterio de cosas nuevas. Entrevista en La Vanguardia a Carmen Calvo; las piernas vicepresidenciales cruzadas y extendidas en actitud de diva ideologizada; blanco pardo en las telas y en las texturas, un sillón cómodo y también blanco, y algo parecido a una sonrisa en la vicepresidenta que lleva una camisa que presuntamente sea de seda con unas flores que presuntamente sean flores estampadas -o manchas sin significación evidente-. Después de los esperpentos de Celaá de los viernes, sorteando preguntas y evitando a periodistas, con mucho de dossieres y un disparate al pretender portavocear el vacío, el Gobierno se nos comunica con Carmen Calvo. Calvo repantingada en el sofá y en los quioscos de toda Cataluña. Evidentemente, Calvo responde con colmillo y oficio, quizá algún intento de sonrisa, y esa oratoria de quien tiene 'su' Estado en la cabeza.


Lo de los presos es lo más resultón de la entrevista, una consigna del Ejecutivo de los repentes; dice la todopoderosatodoCalvo que no se puede alargar más el ¿sufrimiento?, ¿aburrimiento?, preventivo de los golpistas hasta que llegue el juicio. Si la semana pasada los Jordis recordaban con orgullo a ese vandalismo soberanista que botaba sobre los coches de la Guardia Civil, hoy es el Gobierno quien se acuerda de los prusespresos en toda su infinita misericordia. Hasta Ábalos, que lo teníamos por cuota de coherencia, salió a decir que fue el Estado el que se independizó de Cataluña en esa Fiesta de la Rosa que ya no es lo que fue antaño. También dijo Ábalos -usuario del taxi y la prudencia- que Cunillera es una señora libertadora que tiene mucho de humanitarismo. Eso.

Pero que nada nos distraiga de Calvo entrevistada y de sus mensajes, nítidos y con poco margen de bandazos - a pesar de los suyos-. La vicepresidenta da a los propios bandazos la categoría de transparencia, "Dios, la transparencia" -como JRJ-, y con eso queda todo dicho.

Tuvo para todos la egabrense en la entrevista, pero nótese la distancia gélida con la que trata a Robles: "tiene mucha solvencia política, tiene la confianza del presidente. No hubo más trastienda". Obsérvese la cercanía entre "confianza" y "trastienda" con lo que la semántica/gramática parda de Calvo tiene de poco inocente.

Se está quedando en el país un clima que barrunta indultos. Cunillera los quiere en casa - a los golpistas- y el meapilismo indepe y no indepe ya tiene a Arcadi en la diana por una metáfora rufianesca. Se está quedando España como María del Carmen Calvo Poyato mismamente quiere. Dios nos guarde...