Después de estos días azules y de este sol de la infamia vendrán las nieves del tiempo y del tango. Correrá el turbión de la Historia, el año de la enésima Champions del Madrid, el año del gallo de Eurovisión como el gallo de Morón. El año que casi destaparon la lápida de Franco, y el año que todas las manos en el fuego acabaron socarradas: sin distinción de credo, raza, color, autobús, vulva, pene o pagador.  Sería en 2017, en PSOE y en mayo cuando se vio que ese partido en el filo de la navaja sólo se consagraría a un principio: "discutido y discutible".

El PSOE llevaba tanto tiempo aproximándose al abismo que ya no asustó a nadie. Entre tanto este Picalagartos hizo kilómetros a una orilla y a otra: del pedrosanchismo  al susanato, y de ahí a la riña de gatos contra una Susana tuneada de permanentes y perfumada de banqueros de los de a largo plazo.

Ahí quedan esos testimonios vividos en primera persona de los seguidores de Sánchez y los de Díaz, que convivíeron con este humilde cronista en esas madrugadas autobuseras donde lo único tangente, la única verdad absoluta, era que el bus rodó por Ciudad Real.

Yo recuerdo aquel empotramiento para este periódico, cuando fui a ver a Sánchez proclamarse candidato a las primarias en mitad de una islita artificial, en mitad de las parameras  y de las rotondas de Dos Hermanas. Recuerdo a sus seguidores, gentes diversas de buena voluntad que aprendieron el estribillo de La Internacional cuando el autocar pasaba por Carmona city.  La Nacional IV no era la Avenida de los Francotiradores de Sarajevo, pero me preguntaron si eran periodista y vi pasar la vida como en una película.

También recuerdo al aparato andaluz en pleno salir del Sur hacia Madrid, sin una consigna ni un abrazo, que lo único importante era armar jaleo y músculo cuando Susana Díaz saliera en IFEMA como inevitable milagro de salvación nacional. 

Hasta Patxi López aportó un algo a su CV hecho desde dentro: una pregunta sobre la nación, ya saben, que dejó a Sánchez a la altura del betún, tierno como el corderito del detergente, por mucho que pase de Hernando el bienqueda en futuribles hipotéticos.

Este debate interno del PSOE no dio para más, ni siquiera para un harakiri revitalizante o definitivo. Las plataformas de Sánchez rogaron memes al contrario. A Susana se le cuadraron catedráticos y Patxi aprendió el discreto de la nadería.

Un veterano socialista vasco me soltó un buff desde Vizcaya: rotundo y cansado para los que lo conocemos a él y a nuestros clásicos.