Pedro Sánchez, este lunes, durante su entrevista en la cadena SER.

Pedro Sánchez, este lunes, durante su entrevista en la cadena SER. EFE

Opinión

La locura del 'rey Sánchez' (Mentiras y disparates en una entrevista inaudita)

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Felipe VI se sienta en el trono desde el 19 de junio de 2014. O sea, lleva reinando doce años, dos meses y doce días, y no "más de 20 años", como ha manifestado este lunes Pedro Sánchez hasta en tres ocasiones.

El presidente del Gobierno ha reaparecido en la SER tras sus largas vacaciones en una entrevista que ha alcanzado tintes surrealistas en varios momentos, al punto de recordarnos —puestos a establecer comparaciones monárquicas— al inglés Jorge III, que ha pasado a la historia por sus arrebatos locoides.

Lo más estrambótico ha sido su inaudita comparación con Felipe VI. No ha dudado en subrayar que él ha cumplido "ocho años gobernando este país" mientras "el Rey lleva reinando más de veinte".

¿Está sugiriendo que él tiene derecho a permanecer en la Moncloa con carácter vitalicio, como la Constitución prevé para el caso del monarca? ¿Quizás que el Rey debería ir pensando en la sucesión?

Pero Sánchez ha llevado al barro además a Felipe VI para presumir de su propio compromiso con Ceuta. "¿Cuántas veces ha ido el Rey a Ceuta y Melilla?", se ha preguntado, para responder a continuación: "He sido el presidente del Gobierno en ejercicio que más veces ha ido".

El argumento es falaz, por cuanto el Rey no decide dónde viaja; necesita la aprobación del Gobierno. Y de sus doce años en el trono, ocho han sido con Sánchez como presidente y sólo cuatro con Mariano Rajoy.

Ningún presidente había ido nunca tan lejos. La mera equiparación es un inquietante síntoma de megalomanía.

Pero no ha sido la única manipulación de datos en quien presume una y otra vez de números y de transparencia.

Sánchez ha comenzado diciendo que en Ceuta entraron 70.000 personas de forma ilegal. La cifra no se corresponde con la oficial que ha dado su propio Gobierno de 72.000.

Y ha señalado que el "noventa y tantos por ciento de esos migrantes salieron de forma voluntaria el 30 y el 31 de julio", y que ahora sólo quedan en la ciudad autónoma "en torno a 5.000".

Si se han marchado ya "nueve de cada diez" inmigrantes, dando por bueno que un 10% permanece en Ceuta, eso significaría que aún quedan 7.000, en el mejor de los casos para las cuentas del presidente.

Pero Sánchez ha caído en su propio enredo al subrayar que el Estado va a habilitar hasta "6.000 plazas para poder atender a todos esos migrantes". ¿Por qué, si sólo hay 5.000?

Otro tanto cabe decir en cuanto a los menores. Parece increíble que alguien tan perfeccionista y tan escrupuloso con la defensa de los derechos de las personas dé datos erróneos en este punto.

Según ha declarado, hay en la ciudad autónoma "1.200 menores no acompañados". Pero según las cuentas oficiales del Ministerio de Infancia son 1.478, a los que Sira Rego dice que hay que añadir alrededor de otros 1.200 aún sin filiar. La desviación no es precisamente pequeña: de 1.200 a unos 2.700.

El presidente del Gobierno ha comparado en varios momentos la crisis de Ceuta con las llegadas de cayucos a Canarias de 2021 y 2022. "He vivido otras crisis migratorias", ha dicho, para recordar que, 23.000 y 22.000 personas alcanzaron las islas esos años, respectivamente.

La equiparación no se sostiene: hablamos de apenas una tercera parte de las que invadieron Ceuta y de un dato anual, frente a una llegada masiva, de golpe, en sólo 48 horas.

Incluso ha presumido de los datos que está registrando Ceuta estos años en cuanto a entradas irregulares por su frontera -"bastante estable respecto a épocas anteriores", si exceptuamos la avalancha de este verano-, que es como decirle a un moribundo que tiene un corte en el dedo meñique... si dejamos a un lado que tiene partida la columna vertebral.

Otra provocación en el cálculo del presidente es la del tiempo que se tardó en decretar el "mando único". Al ser preguntado por la "lentitud" en tomar decisiones, Sánchez ha dicho que se optó por recurrir a ese recurso tras solicitarlo el presidente de Ceuta. Lo que no ha dicho Sánchez es que Juan Jesús Vivas realizó la petición el mismo 30 de julio y que el Gobierno accedió el 25 de agosto.

La entrevista ha estado repleta de silencios, omisiones y afirmaciones que revelan que la cuesta de Ceuta es demasiado alta para el Pedro Sánchez de 2026.

Por ejemplo, no ha podido responder a la pregunta de Aimar Bretos de qué ganan las mafias con la entrada a nado de los migrantes, si es que son estas las que se encuentran detrás de la invasión, tal y como se empeña en repetir el Gobierno. Sánchez se ha salido por la tangente: "¿Y qué gana Marruecos?".

Ha exculpado una y otra vez a Rabat y, citando como fuente de autoridad al "Servicio de Acción Exterior Europea", ha señalado a "redes sociales asociadas tanto a Rusia como también a Israel, y a una internacional ultraderechista que utiliza la migración para atacar". Otro bulo, puesto que este departamento de la UE nunca ha hablado de Israel, sólo de Rusia.

Inmediatamente después ha presumido de mantener una política internacional "coherente y valiente". Acaso, ¿ha sido coherente la posición con el Sáhara? ¿Está siendo valiente con Marruecos?

La gente que se concentró en la frontera horas antes de la invasión equivale a un estadio Bernabéu lleno. Pregunten a los vecinos de Chamartín si notan qué día hay partido grande.

También ha dejado Sánchez otra pregunta sin respuesta, la de si va a dar el rango de "agentes de la autoridad" a los militares que Defensa ha enviado a Ceuta y que ya han sufrido varios ataques. Ni sí ni no. El presidente se ha limitado a decir que la Fiscalía y los jueces "están actuando".

Cuando se le ha recordado que dos de sus ministros, Fernando Grande-Marlaska y Margarita Robles, aseguraron que "todos" los que habían entrado ilegalmente serían devueltos a Marruecos, ha vuelto a escurrir el bulto: "Es que la mayoría ha regresado".

Que no ha sido el mejor día de Sánchez ha quedado claro también cuando ha asegurado que la mayoría de los que asaltaron Ceuta lo hicieron por razones "económicas" y "no humanitarias", como si pasar hambre no lo fuera, o al menos no lo suficiente para la compasión o la acogida. A ver qué dicen ahora las oenegés.

La forma de justificar sus interminables vacaciones, las más largas de un presidente de España en tres décadas, no le dejan en mejor lugar. "Sé que para la oposición no tengo derecho a tener vacaciones", ha dicho. "He trabajado y he descansado, también ese es mi derecho. Y he estado con mi familia. Es un derecho que también tenemos los políticos".

Es un derecho que también tiene Juan Jesús Vivas y que no ha ejercido porque decidió mantenerse al frente para pilotar la crisis.

Hasta que llegó la reina Victoria, Jorge III tuvo el récord de estancia en el trono británico. Cierto es que, al final, lo hizo sordo, ciego e ido. Su vida se llevó al cine con el sugerente título de La locura del rey Jorge. La película se estrenó en 1994, aquí sí, presidente, veinte años antes de que Felipe VI fuera coronado.