Varios Su-25UB de la Fuerza Aérea de Bielorrusia.

Varios Su-25UB de la Fuerza Aérea de Bielorrusia. -

Observatorio de la Defensa

Bielorrusia se prepara para ensamblar los Su-25 rusos y ampliar su industria aeronáutica militar

Será un refuerzo de la integración industrial y militar entre Bielorrusia y Rusia.

En febrero de 2026, Bielorrusia recibió una nueva remesa de cazas Su-30SM2.

Más información: Los soldados rusos engañan al Kremlin simulando victorias en Ucrania con vídeos creados por la IA para evitar reprimendas

Publicada
Las claves
Las claves

Bielorrusia prepara la planta 558 de Baránovichi para producir y ensamblar el avión de ataque ruso Su-25, ampliando su capacidad industrial militar.

El proyecto incluye la construcción de más de 20.000 m² de nuevas instalaciones y la colaboración con 18 empresas para fabricar componentes aeronáuticos.

La iniciativa responde a la estrategia de Minsk de convertirse en un nodo industrial clave para la aviación militar rusa, reforzando la integración con Moscú.

El ensamblaje local del Su-25 permitirá a Rusia contar con capacidades adicionales para fabricar, reparar y modernizar estos aviones, relevantes en la guerra de Ucrania.

Bielorrusia prepara la planta 558 de Baránovichi para producir componentes aeronáuticos del Su-25 ruso y ensamblar los cazas en su territorio, en un paso clave para recuperar su capacidad de fabricación de aviones de combate. Con ello también se refuerzan las relaciones entre Minsk y Moscú.

Una investigación de BELPOL News señala que la planta 558 de Baránovichi está preparando nuevas instalaciones para asumir trabajos de mayor complejidad. Según el Comité Estatal de la Industria Militar de Bielorrusia, el complejo ha construido más de 20.000 m² de nuevas naves productivas.

La propia industria bielorrusa asegura que la factoría ya puede producir piezas y conjuntos para una amplia gama de aeronaves —Su-27, Su-30, MiG-29, Be-200, Tu-214, Il-76MD-90A, MC-21, LMS-901 Baikal y Su-25— y mantiene más de 70 contratos con 18 empresas para la fabricación de componentes aeronáuticos.

La recuperación de la producción del Su-25 en Bielorrusia no es una iniciativa nueva. El propio presidente bielorruso, Alexandr Lukashenko, planteó públicamente el proyecto en febrero de 2023, durante una reunión con Vladímir Putin.

Dos meses después, en abril de ese año, el entonces embajador bielorruso en Rusia, Dmitry Krutoy, precisó que el objetivo no era simplemente fabricar piezas, sino alcanzar la capacidad necesaria para realizar el ensamblaje final del avión de ataque.

Según explicó entonces Krutoy, Rusia había proporcionado a Minsk la documentación técnica necesaria, mientras que Bielorrusia pretendía ampliar progresivamente sus capacidades industriales, pasando de la fabricación de motores y componentes a la construcción de aeronaves completas.

El movimiento adquiere especial relevancia en el contexto de la creciente integración de las industrias de defensa de ambos países. Bielorrusia se ha convertido en uno de los principales socios militares de Rusia y ha puesto buena parte de sus capacidades industriales a disposición de Moscú, especialmente desde el inicio de la guerra de Ucrania.

El proyecto permitiría además a Rusia contar con una capacidad adicional para fabricar, reparar y modernizar sus aviones de ataque, en un momento en el que el Su-25 continúa desempeñando un papel relevante en las operaciones sobre Ucrania.

Nueva línea de producción

El Su-25, diseñado durante la Unión Soviética para proporcionar apoyo aéreo cercano a las fuerzas terrestres, dejó de fabricarse en serie después de la desaparición de la URSS. Su principal centro de producción se encontraba en Tiflis, en la actual Georgia, donde la planta aeronáutica comenzó a fabricar el modelo a finales de los años setenta.

La segunda gran instalación vinculada a su producción fue la planta aeronáutica de Ulan-Udé, en Rusia, especializada principalmente en las versiones biplaza Su-25UB y Su-25UBK, además del Su-25UTG.

Tras la desintegración soviética, la producción en serie del avión prácticamente desapareció. Rusia pasó a concentrar sus esfuerzos en reparar, modernizar y prolongar la vida operativa de los Su-25 existentes, una tarea en la que la planta 558 de Baránovichi ya cuenta con experiencia.

Precisamente esa experiencia constituye la base sobre la que Minsk pretende ahora dar un paso más: fabricar localmente un número creciente de componentes y alcanzar el ensamblaje completo del avión.

El movimiento coincide además con el refuerzo de la propia Fuerza Aérea bielorrusa. En febrero de 2026, Bielorrusia recibió una nueva remesa de cazas Su-30SM2, consolidando su progresiva integración con las capacidades aéreas rusas.

Más que la aparición inmediata de una nueva flota de Su-25, el proyecto apunta por tanto a algo más amplio: la transformación de Bielorrusia en un nodo industrial adicional de la aviación militar rusa, aprovechando unas instalaciones que hasta ahora habían estado principalmente orientadas a la reparación, modernización y fabricación de componentes.

Si Minsk consigue culminar el salto desde la producción de piezas hasta el ensamblaje final, Rusia dispondría de una segunda capacidad industrial para el Su-25 fuera de sus principales centros históricos de producción y reparación.

El proyecto refuerza así la interdependencia militar e industrial entre Moscú y Minsk, en plena reorganización de la industria de defensa rusa por las exigencias de la guerra de Ucrania y las sanciones occidentales.