Imagen del Comando de Sistemas Navales.

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Observatorio de la Defensa

EEUU resucita el acorazado nuclear: la clase Trump, propulsada por reactores, marcará el futuro de la US Navy

El programa contempla la construcción de 15 acorazados clase Trump entre los años fiscales 2028 y 2055.

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Las claves

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Estados Unidos construirá 15 acorazados clase Trump, propulsados por reactores nucleares, entre 2028 y 2055 como eje de su futura estrategia naval.

Estos nuevos buques estarán diseñados para la guerra de alta intensidad, integrando misiles hipersónicos, armas láser, cañones electromagnéticos y sistemas avanzados de mando y control.

La US Navy planea una profunda renovación de su flota, retirando submarinos y portaaviones antiguos, y acelerando la incorporación de capacidades autónomas y buques no tripulados.

El regreso de grandes plataformas nucleares busca reforzar la disuasión estadounidense ante la expansión marítima china y el rearme ruso en el Indo-Pacífico.

Estados Unidos ha decidido recuperar el concepto de acorazado nuclear como eje de su futura estrategia naval. La Marina estadounidense confirmó esta semana que la nueva clase Trump estará propulsada por reactores nucleares y se convertirá en la principal plataforma de combate de superficie de la US Navy durante las próximas décadas.

La decisión aparece recogida en el nuevo plan de construcción naval a 30 años presentado por la Armada estadounidense, un documento que redefine la composición futura de la flota y anticipa una profunda transformación doctrinal orientada a la competición militar con China y Rusia.

El programa contempla la construcción de 15 acorazados clase Trump entre los años fiscales 2028 y 2055, con un coste estimado de hasta 17.000 millones de dólares por unidad, por encima incluso del precio previsto para los nuevos portaaviones de la clase Ford, así lo avanzaba USNI News.

Según señala el documento de la US Navy el nuevo buque no será un sustituto de los destructores Arleigh Burke ni una continuación del programa DDG(X), sino una plataforma completamente distinta concebida para operar en escenarios de guerra de alta intensidad.

“El acorazado nuclear está diseñado para proporcionar a la flota un incremento significativo del poder de combate gracias a una mayor autonomía, más velocidad y capacidad para integrar sistemas avanzados de armas necesarios para la guerra moderna”, señala el documento estratégico.

La US Navy define además la misión principal de la futura clase Trump como una plataforma de ataque masivo de largo alcance y un centro avanzado de mando y control con alta capacidad de supervivencia.

El regreso del acorazado supone un cambio doctrinal de gran alcance para la Marina estadounidense, que llevaba décadas centrando su arquitectura naval en grupos de combate articulados en torno a portaaviones y destructores multimisión.

Gráfico con algunas de las capacidades previstas en el diseño de la clase Trump.

Gráfico con algunas de las capacidades previstas en el diseño de la clase Trump.

Aunque el término “acorazado” remite a los grandes buques artillados del siglo XX, el nuevo BBG(N)-X responde a un concepto completamente diferente, adaptado a la guerra multidominio y al combate naval del siglo XXI.

Los futuros buques desplazarán unas 35.000 toneladas -casi tres veces más que un destructor Arleigh Burke Flight III- y medirán entre 256 y 268 metros de eslora. Además, podrán superar los 30 nudos de velocidad y operar durante largos periodos sin limitaciones logísticas gracias a la propulsión nuclear.

Actualmente, los únicos buques de superficie nucleares de la Marina estadounidense son los portaaviones de las clases Nimitz y Ford. La US Navy no opera un gran combatiente de superficie nuclear desde la retirada en los años noventa del crucero USS Long Beach y de los cruceros de la clase Virginia.

La vuelta a la energía nuclear permitirá alimentar sistemas de combate de enorme demanda energética que la Armada considera esenciales para los futuros escenarios de guerra naval.

El nuevo acorazado integrará amplias baterías de lanzamiento vertical para misiles convencionales, nucleares e hipersónicos, además de armas láser, sistemas de energía dirigida, cañones electromagnéticos railgun y piezas navales de cinco pulgadas.

La combinación de autonomía estratégica, potencia de fuego y generación eléctrica convierte al BBG(N)-X en una plataforma diseñada específicamente para operaciones de alta intensidad frente a potencias equiparables.

Renovación de la US Navy

El nuevo plan naval confirma además una profunda renovación de la flota estadounidense durante las próximas décadas.

La Marina prevé retirar en los próximos cinco años tres de sus cuatro submarinos de misiles guiados, cuatro submarinos balísticos estratégicos y dos portaaviones de las clases Ohio y Nimitz, todos ellos al final de su vida operativa.

Marineros asignados al submarino de ataque rápido de propulsión nuclear de la clase Virginia USS Idaho (SSN-799) atienden el buque durante la ceremonia de puesta en servicio del Idaho en la Base Naval de Submarinos de New London, en Groton, Connecticut, el 25 de abril de 2026.

Marineros asignados al submarino de ataque rápido de propulsión nuclear de la clase Virginia USS Idaho (SSN-799) atienden el buque durante la ceremonia de puesta en servicio del Idaho en la Base Naval de Submarinos de New London, en Groton, Connecticut, el 25 de abril de 2026. US Navy

Entre las bajas previstas en el año fiscal 2027, la Armada planea reciclar el USS Ohio (SSGN-726) y el USS Henry M. Jackson (SSBN-730), así como desmantelar el USS Nimitz (CVN-68). Posteriormente serán retirados el USS Dwight D. Eisenhower y varios submarinos estratégicos adicionales.

También comenzará a partir de 2030 la retirada progresiva de los primeros destructores Arleigh Burke, columna vertebral de la flota de superficie estadounidense desde finales de la Guerra Fría.

Paralelamente, Washington mantendrá la producción de dos submarinos de ataque anuales durante las próximas tres décadas y seguirá construyendo portaaviones clase Ford con una cadencia aproximada de uno cada cuatro años.

El plan revela igualmente que la Marina está revisando el diseño del futuro portaaviones CVN-82, (bautizado oficialmente como USS William J. Clinton), para incrementar su letalidad, mejorar su supervivencia y reducir costes de construcción.

Capacidades autónomas

Junto a los grandes programas tripulados, la US Navy quiere acelerar además la incorporación de capacidades autónomas. El documento prevé la compra inmediata de 36 buques no tripulados de superficie (MUSV) mediante fórmulas extraordinarias de contratación rápida y acuerdos flexibles con la industria.

Con la nueva clase Trump, Estados Unidos busca recuperar capacidad de disuasión naval de alta intensidad en un momento marcado por la expansión marítima china, el rearme ruso y la creciente militarización del Indo-Pacífico.

La apuesta por grandes plataformas nucleares armadas con misiles hipersónicos y sistemas de energía dirigida refleja hasta qué punto Washington considera que la futura competición naval exigirá buques con más autonomía, más potencia eléctrica y una capacidad de supervivencia muy superior a la de los actuales destructores.