Tanques Type 10 en acción durante el simulacro anual de Año Nuevo de la 1.ª Brigada Aerotransportada de la Fuerza Terrestre de Autodefensa de Japón, en el campo de ejercicios de Narashino (Funabashi, este de Tokio), el 11 de enero de 2026.

Tanques Type 10 en acción durante el simulacro anual de Año Nuevo de la 1.ª Brigada Aerotransportada de la Fuerza Terrestre de Autodefensa de Japón, en el campo de ejercicios de Narashino (Funabashi, este de Tokio), el 11 de enero de 2026. Reuters

Observatorio de la Defensa

Japón rompe su tabú a la exportación de armamento en medio de la incertidumbre sobre el liderazgo de EEUU

La medida llega ante las dudas sobre el compromiso de EEUU con la OTAN y la presión que Ucrania e Irán ejercen sobre su industria militar.

Más información: China acusa a Japón de cruzar la línea de la autodefensa con el despliegue de misiles capaces de alcanzar los 1.000 Km

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Las claves

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Japón aprueba una reforma histórica que flexibiliza la exportación de armamento, rompiendo con décadas de restricciones impuestas por su Constitución pacifista.

La medida responde a la incertidumbre sobre el liderazgo de EEUU en la OTAN y busca posicionar a Japón como proveedor clave en el mercado global de defensa.

Filipinas y Polonia figuran entre los primeros países interesados en adquirir tecnología militar japonesa, como fragatas y sistemas avanzados de defensa.

El cambio genera debates internos en Japón, donde algunas compañías temen riesgos reputacionales, aunque crece la aceptación de la nueva política exportadora.

Japón se prepara para consumar un giro histórico en su política de seguridad con una inminente reforma que flexibilizará sus estrictas normas sobre exportación de armamento, una decisión que ya despierta el interés de países desde Europa del Este hasta el Sudeste Asiático.

Impulsada por la primera ministra Sanae Takaichi, la reforma será aprobada este mes tras obtener el respaldo del partido gobernante. Culmina así un proceso iniciado hace más de una década por Shinzo Abe para estrechar la cooperación militar con los aliados.

La medida llega en medio de crecientes dudas sobre el compromiso de Estados Unidos con la OTAN, bajo la presidencia de Donald Trump, y de la presión que los conflictos en Ucrania e Irán ejercen sobre la industria de defensa estadounidense.

En este contexto, Tokio busca así reactivar su base industrial de defensa y posicionarse como proveedor relevante en un mercado global en plena reconfiguración, donde aliados tradicionales de Washington exploran alternativas ante cuellos de botella y riesgos políticos.

Con una industria avanzada y capacidad de expansión, Japón parece decidido a cerrar definitivamente el paréntesis estratégico heredado de la Segunda Guerra Mundial. Como apuntan analistas del sector, citados por Reuters, su regreso al centro del tablero internacional es inevitable. Esta vez, además, como exportador de armamento.

Fin del aislamiento industrial

Durante décadas, Japón ha mantenido un perfil deliberadamente bajo en el comercio internacional de armamento, condicionado por su Constitución pacifista.

Sin embargo, bajo esa contención política ha madurado una base industrial de defensa de primer nivel, sostenida por un gasto anual cercano a los 60.000 millones de dólares.

Submarinos diésel-eléctricos de última generación como la clase Sōryū.

Submarinos diésel-eléctricos de última generación como la clase Sōryū. Fuerza Marítima de Autodefensa de Japón

Esa capacidad se traduce en sistemas de alta complejidad tecnológica: submarinos diésel-eléctricos de última generación como la clase Sōryū, cazas avanzados como el Mitsubishi F-2 —y el futuro caza FX de sexta generación—, radares de alerta temprana para defensa antimisiles balísticos o misiles antibuque como el Type 12, actualmente en proceso de modernización.

Gigantes industriales como Toshiba y Mitsubishi Electric ya han comenzado a adaptar su estructura a la apertura exterior.

Ambas compañías están ampliando plantillas, invirtiendo en nuevas instalaciones y reforzando sus divisiones de exportación; en el caso de Mitsubishi Electric, con un despliegue comercial creciente en plazas clave como Londres y Singapur.

El viraje no responde únicamente a criterios económicos. Forma parte de una estrategia más amplia de Tokio para reforzar las capacidades de sus socios, ganar autonomía industrial y contribuir a la diversificación de las cadenas de suministro en defensa, en un momento en que la dependencia de Estados Unidos se percibe cada vez más como un riesgo estratégico.

Volatilidad en Washington

El giro japonés llega en un momento especialmente sensible para Europa. Diversos diplomáticos comunitarios reconocen a Reuters que la volatilidad política en Washington —incluyendo las amenazas de Trump de abandonar la OTAN— está acelerando la búsqueda de proveedores alternativos.

Según el Stockholm International Peace Research Institute, Estados Unidos ha dominado tradicionalmente el mercado global de armamento, llegando a concentrar hasta el 95% de las importaciones japonesas y más del 80% en aliados clave.

Sin embargo, los retrasos en entregas y el control sobre tecnologías sensibles han generado crecientes fricciones.

En este escenario, Japón emerge como una alternativa creíble, junto a Corea del Sur, en la reconfiguración de las cadenas de suministro militar.

Primeros beneficiarios

Entre los primeros potenciales beneficiarios de la apertura japonesa figuran Filipinas y Polonia, dos países inmersos en ambiciosos procesos de modernización militar en entornos estratégicos cada vez más exigentes.

En el caso filipino, Tokio sopesa autorizar la transferencia de fragatas de segunda mano —probablemente unidades derivadas de la clase Abukuma— en el marco del programa de modernización naval conocido como Horizon 3.

Destructores de escolta de segunda mano de la clase Abukuma.

Destructores de escolta de segunda mano de la clase Abukuma.

Ya en julio de 2025, se confirmó, por parte de medios oficiales, la transferencia de seis destructores de escolta de segunda mano de la clase Abukuma a la Marina de Filipinas.

La operación, que podría convertirse en uno de los primeros contratos bajo el nuevo marco regulatorio, abriría la puerta a futuras ventas de sistemas de defensa aérea y antimisiles, en un contexto de creciente fricción con China en el mar de China Meridional.

Por su parte, Varsovia —en pleno despliegue de su plan Technical Modernization Plan 2021–2035— identifica a Japón como un socio tecnológico capaz de complementar nichos críticos de capacidad, especialmente en guerra electrónica, sensores avanzados y sistemas antidrones.

La cooperación ya ha comenzado a tomar forma a través de contactos industriales y acuerdos preliminares entre empresas, en línea con la estrategia polaca de diversificar proveedores y acelerar la transferencia tecnológica.

Otros países, como Ucrania, también han detectado oportunidades en el nuevo marco japonés. Empresas de ambos países preparan iniciativas conjuntas en el ámbito de los drones, una tecnología clave en el conflicto contra Rusia.

En paralelo, Asia se perfila como el principal mercado para sistemas completos, mientras que Europa, Australia y Estados Unidos ofrecen oportunidades en componentes y desarrollo conjunto.

Riesgos reputacionales

Pese al impulso político, la transición no está exenta de tensiones. Algunas compañías japonesas con fuerte exposición al mercado civil temen que su participación en exportaciones militares pueda dañar su imagen.

El caso de Toyota ilustra estas reticencias: una de sus filiales rechazó recientemente suministrar componentes para vehículos militares en Europa, alegando incompatibilidad con su política corporativa.

No obstante, el cambio de percepción parece estar en marcha dentro del sector. “El riesgo reputacional ya no es lo que era”, reconocen directivos industriales, en línea con una narrativa gubernamental que vincula estas exportaciones a la estabilidad internacional.