Volodímir Zelenski durante su visita del lunes a la Base Naval de Portsmouth.

Volodímir Zelenski durante su visita del lunes a la Base Naval de Portsmouth. Simon Jones Reuters

Oriente Próximo

Las guerras de Irán y Ucrania se cruzan en el Caspio: Teherán acusa a Zelenski de atacar a su buque y aleja a Putin de Trump

Un ataque ucraniano en el mar Caspio mató el sábado a un marinero iraní y soldó formalmente dos guerras que hasta ahora discurrían en paralelo.

Teherán habla de acto criminal y promete respuesta, pero lo cierto es que sus drones llevan cuatro años atacando Kiev.

Más información: Washington investiga si Moscú facilitó tecnología e inteligencia a Irán para atacar bases de la CIA en Oriente Próximo

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Las claves

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Ucrania ha atacado con drones buques utilizados para transporte militar entre Rusia e Irán en el mar Caspio, una zona hasta ahora fuera de su alcance operativo.

Irán ha protestado enérgicamente, acusando a Ucrania de atacar un buque comercial y advirtiendo que estas acciones pueden expandir la guerra ruso-ucraniana.

Irán ha suministrado a Rusia miles de drones Shahed, que han sido usados intensivamente en Ucrania y también en ataques contra objetivos en Oriente Medio.

El ataque en el Caspio busca mostrar la capacidad de Ucrania como socio estratégico ante Estados Unidos, en medio de tensiones y negociaciones sobre tecnología antidrones.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, fue el encargado de hacer saltar la liebre el pasado sábado en la red social X. Como parte de un mensaje dedicado a los ataques ucranianos de largo alcance contra objetivos rusos, anunció que sus fuerzas habían logrado "resultados muy sólidos" en el mar Caspio.

En concreto, Zelenski señaló haber alcanzado "buques utilizados en envíos de carga militar relacionados con Irán, además de un buque de guerra". No obstante, no dio más detalles ni identificó las embarcaciones.

Posteriormente, el diario Kyiv Post señaló como blancos a los cargueros Port Olya 2 y Begey, a los que se atribuye el transporte de logística militar entre Rusia e Irán. Es un salto operativo relevante.

A lo largo de la guerra, Kiev ha ido ampliando el radio de sus drones y misiles hasta alcanzar centros logísticos, aeródromos y activos navales cada vez más profundos en la retaguardia rusa. Sin embargo, el Caspio había quedado fuera de cualquier perímetro que hasta ahora se hubiera considerado alcanzable.

La indignación iraní ha sido inmediata… con un inevitable aroma a impostura dramática. El Ministerio de Exteriores convocó el domingo al encargado de negocios ucraniano en Teherán para protestar por lo que describió como un ataque "hostil y criminal" contra un buque comercial iraní.

Según la agencia estatal IRNA, la incursión habría provocado su explosión y causado la muerte de un marinero y heridas a otros tripulantes. El ministerio acusó a Kiev de violar el artículo 2.4 de la Carta de Naciones Unidas y advirtió de que podía inflamar y expandir la guerra ruso-ucraniana, sosteniendo sin inmutarse que Irán nunca había intervenido en ese conflicto.

El propio ministro del ramo, Abás Araqchi, fue más lejos en X: dijo haber hablado con la alta representante de la UE, Kaja Kallas, y con su homólogo ruso, Serguéi Lavrov. El objetivo era dejar claro que lo hecho por "el gorrón de Kiev" no puede quedar sin respuesta, atribuyendo la operación a una instigación israelí destinada a "arrastrar a Europa a su guerra".

El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, (derecha) se reúne con su homólogo iraní, Abbas Araqchi, en Cholpon-Ata, Rusia.

El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, (derecha) se reúne con su homólogo iraní, Abbas Araqchi, en Cholpon-Ata, Rusia. Reuters

El Caspio es la fachada norte de Irán y la puerta de su corredor comercial hacia Rusia, una vía que ha ganado peso a medida que el sur del país iba quedando estrangulado.

Tohid Asadi, corresponsal de Al Jazeera en Teherán, resumió así la incomodidad iraní: los ataques en la costa norte están "ejerciendo una presión adicional" sobre su comercio marítimo, justo cuando el país afronta el bloqueo estadounidense en la costa sur.

La ruta de los Shahed

La afirmación iraní de no haber intervenido nunca en la guerra de Ucrania choca con el registro documental, incluido el de la propia diplomacia iraní.

El 5 de noviembre de 2022, tras meses de desmentidos, el entonces ministro de Exteriores, Hosein Amir Abdolahian, admitía ante la prensa en Teherán: "Entregamos a Rusia un número limitado de drones meses antes de la guerra de Ucrania".

Negó, eso sí, el envío de misiles, que calificó de acusación "completamente falsa". Sin embargo, las cifras que manejaba la inteligencia militar ucraniana a finales de aquel año no dejaban lugar a la duda.

El dron iraní Shahed-136.

El dron iraní Shahed-136. EL ESPAÑOL

Irán habría suministrado alrededor de 1.700 aparatos no tripulados a Rusia, entre ellos drones suicidas de la serie Shahed y varios aparatos de reconocimiento y ataque Mohajer-6, además de munición de artillería y de blindados.

El Shahed-136 es un aparato de ala delta y motor de pistón, con unos 200 kilos de peso y una cabeza de guerra de unos 50 —elevada a 90 en las versiones rusas posteriores a 2024—. Cuenta con un alcance operativo de 2.500 kilómetros y una velocidad máxima en torno a los 185 kilómetros por hora, lo que ha llevado a algunos analistas a describirlo como el misil de crucero "para los pobres".

Según el Instituto para la Ciencia y la Seguridad Internacional, la empresa rusa JSC Alabuga firmó a comienzos de 2023 un contrato de franquicia con Irán valorado en 1.750 millones de dólares. Su propósito era suministrar 6.000 de estos aparatos al ejército ruso antes de septiembre de 2025.

Rusia rebautizó el modelo como Geran-2 y localizó su fabricación en la zona económica especial de Alabuga, en Tartaristán. El resultado de ese acuerdo ha disparado la producción de estos drones, algo que Irán nunca habría podido sostener por su cuenta.

El mismo instituto cifra en 8.161 los aparatos de tipo Shahed lanzados por Rusia contra Ucrania solo en mayo de 2026 —señuelos incluidos—. De ellos, estima que 5.181 eran unidades de ataque Shahed o Geran, con una media diaria de 263 lanzamientos que superó los récords previos de marzo y abril.

En sus informes anteriores, el instituto calculaba que en torno al 14% de estos drones lograba penetrar las defensas aéreas ucranianas, causando un daño particularmente severo sobre la infraestructura energética del país.

El Proyecto de Defensa Anti-Misiles del citado instituto documenta además el camino de ida y vuelta que ha vivido el arma: la misma familia de aparatos que Rusia emplea contra Ucrania como Guerán-1 y Guerán-2 es la que Irán ha utilizado de forma extensiva contra Israel, los estados del Golfo y las bases estadounidenses en la región.

En palabras del presidente Zelenski a Sky News ante esta posible escalada: "Los iraníes y los norcoreanos ya nos han atacado. Espero que no intensifiquen estos ataques, pero debemos estar preparados para todo".

El camino de Kiev hacia la Casa Blanca

Esa experiencia acumulada es exactamente la que Kiev lleva casi un año intentando vender en Washington, con resultados mejorables.

Según reveló el portal Axios, Zelenski ofreció a Donald Trump, en una reunión a puerta cerrada en la Casa Blanca el 18 de agosto de 2025, drones interceptores ucranianos.

Donald Trump pronuncia un discurso sobre el programa de inversión con ventajas fiscales Trump Accounts en el instituto Wheeler High School en Marietta, Georgia.

Donald Trump pronuncia un discurso sobre el programa de inversión con ventajas fiscales "Trump Accounts" en el instituto Wheeler High School en Marietta, Georgia. Evelyn Hockstein Reuters

Lo hizo mediante una presentación titulada "Making US-Ukraine Drone Industry Great", que incluía un mapa de Oriente Medio y una advertencia que el tiempo convertiría en profética: "Irán está mejorando el diseño de su dron de ataque unidireccional Shahed".

El documento proponía crear centros de combate de drones en Turquía, Jordania y los países del Golfo, estimando que Ucrania podía ayudar a fabricar hasta 20 millones de unidades. Pese al esfuerzo, la oferta no prosperó.

El giro llegó con la guerra ya empezada y de forma poco ordenada.

El 5 de marzo, Zelenski anunció en X que Ucrania había recibido "una petición de Estados Unidos de apoyo específico en la protección contra los 'Shahed' en la región de Oriente Medio" y que había ordenado facilitar los medios y la presencia de especialistas ucranianos. Trump, preguntado por Reuters, respondió que aceptaría ayuda de cualquier país.

Una semana después, sin embargo, el presidente estadounidense zanjaba el asunto en el programa radiofónico de Brian Kilmeade: "No, no necesitamos su ayuda para nuestra defensa antidrones". Algo que, para variar, no era del todo cierto...

La revista Time informó este mes de que, tras un ataque con drones iraníes que mató a seis soldados estadounidenses en Kuwait en marzo, la Administración recurrió a Kiev. A petición de Washington, Ucrania instaló su sistema de defensa aérea Sky Map en la base saudí Prince Sultan, donde sirven más de 2.000 estadounidenses.

Para entonces, Zelenski ya había convertido esa capacidad en moneda diplomática: recorrió Arabia Saudí, Emiratos, Catar y Jordania ofreciendo tecnología antidrones a cambio de apoyo financiero y de defensa aérea.

En ese sentido, son varios los expertos que entienden que, con el ataque en el Caspio, Kiev quiere demostrar su valor como socio ante un Estados Unidos que le suministra interceptores Patriot y que, recientemente, ha autorizado su fabricación en Ucrania.

La CIA llega adonde Kiev llegó en abril

En esa misma gira por Oriente Próximo, el presidente ucraniano sostuvo que su país había registrado "vigilancia satelital rusa activa sobre los estados del Golfo y las instalaciones militares estadounidenses allí situadas".

Describió además el mecanismo con suma precisión: "Esas imágenes llegan después a Irán. Hay una correlación clara entre las imágenes satelitales rusas de estos emplazamientos y los ataques iraníes, tanto antes de los ataques, en su preparación, como después, para evaluar el daño infligido".

La inteligencia ucraniana dictaminó que los satélites rusos habían realizado al menos 24 barridos sobre 46 objetivos en once países de Oriente Medio entre el 21 y el 31 de marzo. Cinco de ellos estuvieron concentrados sobre la Ciudad Militar del Rey Khalid, en Arabia Saudí, con el objetivo de localizar elementos del sistema antimisiles THAAD.

Washington ha tardado cuatro meses en llegar al mismo lugar.

Según informó Reuters la semana pasada, citando a cuatro personas familiarizadas con las evaluaciones, la comunidad de inteligencia estadounidense investiga si Rusia facilitó a Irán información de objetivos o tecnología avanzada de drones para los ataques contra instalaciones de la CIA en el Golfo, sin haber alcanzado aún conclusiones firmes.

Los analistas citan como indicios la eficacia y la aparente precisión de esos ataques. Al menos dos emplazamientos de la agencia fueron alcanzados en marzo, uno de ellos la estación de la CIA en Arabia Saudí, ubicada en la embajada estadounidense en Riad.

La posición del presidente estadounidense ha oscilado durante todo el proceso. En marzo, reconoció que Vladímir Putin "podría estar ayudándoles un poco", en referencia a Irán.

Por su parte, el 21 de julio, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, ya admitía ante una comisión del Senado que existe "alineamiento de adversarios" y que Rusia y China están "facilitando algunas de las cosas que Irán viene haciendo".

No fue suficiente para Trump, quien, tres días después, escribía en Truth Social que Xi Jinping y Putin le habían asegurado que no venderían armas a Teherán y que, en su opinión, ninguno de los dos países "estaba participando".

Preguntado por las acusaciones de Zelenski, según recogió Al Jazeera, su respuesta fue: "Le preguntaré a Putin sobre ello. Ya lo averiguaremos".

Le diga lo que le diga su amigo ruso, lo cierto es que el tablero se está inclinando hacia Kiev en el terreno de las relaciones públicas dentro de Estados Unidos e incluso dentro del movimiento MAGA.

Laura Loomer, una de las voces con más ascendiente sobre el entorno presidencial y antigua columnista de la cadena rusa RT, viajó esta semana a Kiev, entrevistó a Zelenski y se retractó de sus posiciones anteriores con una frase que resume el desplazamiento: "Lo admito, caí en la propaganda rusa". No fue la única.