Varias personas evacúan a un herido en un atentado en Kabul.

Varias personas evacúan a un herido en un atentado en Kabul. Reuters

Oriente Próximo

Afganistán asesta un golpe al Daesh con la muerte de uno de sus comandantes más sangrientos

Se le atribuye la autoría de los últimos atentados en el país. Los terroristas ya han nombrado sucesor. 

Las Fuerzas Aéreas de Afganistán han asestado un nuevo golpe al grupo yihadista Estado Islámico (EI) con la muerte en un bombardeo el viernes del líder de la formación en la provincia norteña de Jawzjan, Qair Hekmat.

El antiguo comandante talibán que el año pasado se cambió de bando para unirse a las filas del Estado Islámico, Hekmat era "uno de los miembros clave del EI en el norte de Afganistán y estaba planeando y liderando la mayoría de los ataques terroristas y destructivos del grupo en la provincia de Jawzjan".

Así lo describió en un comunicado el Ministerio de Defensa afgano, al precisar que el bombardeo fue llevado a cabo ayer en el área de Sar-Dara del distrito de Darzab y que el EI ya ha nombrado a un sucesor para comandar la provincia de Jawzjan.

"Después de que muriese, los miembros de este grupo nombraron al maestro Habib-ul-Rahman, residente nativo de la provincia de Balkh (norte), como su sucesor para liderar las actividades del EI en Jawzjan", apuntó el ministerio.

El Cuerpo Shaheen 209 del Ejército, a cargo del norte del país, y el portavoz del Ministerio de Defensa, Mohammad Radminish, habían afirmado inicialmente que Hekmat era el líder del Estado Islámico en Afganistán.

Sin embargo, el director de Asuntos Públicos del Ministerio de Defensa, Rasoul Muhammad, y el portavoz del Ministerio de Interior, Nasrat Rahimi, confirmaron a Efe que era el comandante de los yihadistas en Jawzjan.

"Previamente era el comandante del EI en Nangarhar (este), pero después de que se viesen presionados y varios de ellos muriesen huyó a Jawzjan y allí estaba trabajando como el comandante principal de los combatientes del EI en la provincia", apuntó esa última fuente.

Fronteriza con Pakistán y clave en las comunicaciones entre los dos países, Nangarhar sirve de principal bastión al Estado Islámico desde su aparición en Afganistán en 2015.

Desde entonces, y aunque las autoridades han afirmado en diversas ocasiones que han reducido su presencia a unas pocas zonas remotas, la formación yihadista ha reclamado algunos de los atentados más sangrientos en el país.

El último de envergadura, a finales del mes pasado, cuando un atentado suicida reivindicado por el EI causó más de una treintena de muertos y 65 heridos en Kabul en el día en que se celebra el Año Nuevo afgano.

Días más tarde, el 25 de marzo, tres personas murieron, incluidos los dos atacantes, y otras siete resultaron heridas después de que un insurgente del EI detonara el chaleco cargado de explosivos que portaba encima cerca de una mezquita de la minoría chií en el oeste del país.

Las fuerzas de Estados Unidos en el país todavía no se han pronunciado al respecto de la muerte del comandante yihadista para Jawzjan.

Tampoco lo han hecho los propios yihadistas a través de ninguno de sus canales habituales de difusión.

En abril de 2017, murió el antiguo jefe del EI en el país, Abdul Hasib, en una operación de las fuerzas afganas y de EEUU en Nangarhar, tres semanas después de que Washington lanzase en la zona una de las bombas más potentes de su arsenal convencional con el objetivo de destruir uno de los últimos bastiones del EI.

Apenas nueve meses antes, en julio de 2016, el anterior líder del grupo, Hafiz Sayed Khan, falleció en un bombardeo de EEUU también en Nangarhar.

Afganistán atraviesa una de sus etapas más sangrientas desde que en enero de 2015 la OTAN pusiera fin a su misión de combate en el país, donde continúa en tareas de entrenamiento y asesoramiento a las fuerzas afganas