El presidente de Francia, Emmanuel Macron, saluda a las tropas en Kuwait acompañado del jeque Mohamed bin Zayed

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, saluda a las tropas en Kuwait acompañado del jeque Mohamed bin Zayed REUTERS/Benoit Tessier

Europa

Mientras Francia arde, Macron viaja al golfo Pérsico buscando soluciones a la crisis de Ormuz y a la agonía de su mandato

Sin acuerdo presupuestario y con una pésima popularidad, el presidente francés usa la baza de la política exterior para tratar de reducir el descontento social.

Más información: Macron acusa a la extrema izquierda de la violencia en las manifestaciones y anuncia la "prohibición de reuniones"

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Francia sufre los peores disturbios en décadas por el alza del coste de la vida, saldándose con 2.400 detenidos y graves daños materiales que han llevado al Gobierno a aplicar toques de queda y barajar el estado de emergencia.

A pesar de la grave crisis interna y las duras críticas por la falta de efectivos policiales, Emmanuel Macron ha iniciado una gira de tres días por el golfo Pérsico para abordar el suministro energético y la navegación en el estrecho de Ormuz.

La inestabilidad social y la crisis fiscal presionan las finanzas públicas francesas, elevando la prima de riesgo y dificultando los recortes de gasto que busca un Gobierno sin mayoría parlamentaria.

El conflicto social desgasta la figura de Macron, mientras sectores de la oposición reclaman mano dura e incluso antiguos aliados sugieren su dimisión anticipada ante el imparable ascenso electoral de Marine Le Pen.

Las multitudinarias manifestaciones para protestar por el alza del coste de la vida y la falta de financiación de los servicios públicos han derivado en Francia durante el fin de semana en los peores disturbios y saqueos de las últimas décadas. El balance habla de 2.400 detenidos, más de 3.000 comercios saqueados y daños como el incendio del histórico ayuntamiento de Limoges.

La gestión del Elíseo ha sido denunciada por los alcaldes de las principales ciudades francesas, que alegan que el bajo número de efectivos policiales desplegados y la falta de previsión del número de personas convocadas contribuyó a que la Policía se viera "superada". El ministro de Interior, Laurent Nuñez, puso su cargo a disposición del presidente.

Sin embargo, Emmanuel Macron no ha aceptado su dimisión y ha encomendado a Nuñez participar en el gabinete de crisis que lidera el primer ministro, Sébastien Lecornu. Aunque la situación sigue siendo volátil, con toques de queda y la posibilidad de decretar el estado de Emergencia, el líder francés, tras pronunciar su discurso del domingo, ha abandonado el país.

En una decisión muy criticada a nivel interno, Macron ha mantenido la gira de tres días prevista por los países del golfo Pérsico, dejando en manos de su gabinete la gestión de la crisis. Este lunes se ha reunido con el emir de Kuwait, el jeque Mishal Al Ahmed al Sabah, y que le llevará también a Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahréin y Catar.

El objetivo del presidente de Francia es contribuir "junto a los líderes de la región" al "retorno a la estabilidad y a la libre navegación en el estrecho de Ormuz", según declaró el Elíseo. Abordará "la garantía y la diversificación" de los suministros energéticos y rutas de transporte, con el objetivo de "limitar las consecuencias de la crisis energética en el día a día de los franceses".

No es la única iniciativa que París desarrolla en la zona. Macron ya desplazó a Arabia Saudí un dispositivo de interceptación para defender infraestructuras petrolíferas de los ataques de los rebeldes hutíes. También fue uno de los impulsores de la coalición de países dispuestos a participar en el desminado de Ormuz una vez se verifique el alto el fuego.

"El objetivo de esta misión era impulsar una iniciativa neutral e independiente que ofrezca una vía de salida a una crisis que, lamentablemente, sigue en un punto muerto", concluía la nota de la presidencia francesa frente al bloqueo en las negociaciones entre Washington y Teherán. La situación, insistían, está en fase "ni de paz ni de guerra".

Soluciones fuera de casa

Las finanzas públicas de Francia, extremadamente tensionadas, otorgan al Gobierno un margen de maniobra muy reducido para aplicar medidas que alivien la indignación por el aumento del coste de la vida. Macron ya se ha visto obligado a incrementar en lo que va de año el gasto de emergencia para ayudar a agricultores, pescadores y transportistas, muy afectados por el alza de los combustibles.

Un manifestante lanza un cono a una barricada en llamas en París.

Un manifestante lanza un cono a una barricada en llamas en París. REUTERS/Abdul Saboor

Las protestas en Francia comenzaron el mes pasado en los institutos, donde el malestar por la falta de profesores y las instalaciones deficientes desembocó en un movimiento más amplio. Por el momento, el Gobierno se ha comprometido a acelerar la incorporación de unos 3.000 profesores adicionales, aunque no ha podido confirmar un aumento de la financiación.

Sin embargo, los disturbios de este fin de semana, que amenazan con prolongar las réplicas incluso hasta las elecciones presidenciales, van a suponer un duro golpe para la confianza empresarial, ya de por sí frágil debido a la crisis fiscal y al auge de los precios de la energía derivados de la guerra de Irán.

Macron, que gobierna en minoría está luchando por sacar adelante recortes de gasto en una Asamblea Nacional (Parlamento) profundamente dividida como parte de su presupuesto para 2027, y corre el riesgo de ser derribado por los partidos de la oposición si no logra alcanzar un acuerdo al menos con alguno de ellos.

El malestar ha pesado sobre la renta variable francesa y el euro, y ha ejercido presión elevando la prima de riesgo frente al bono de referencia alemán a 10 años hasta los 146 puntos básicos, su nivel más alto en dos semanas. Francia se encuentra atrapada entre los mercados de bonos, que exigen contención en el gasto, y los manifestantes, que exigen exactamente lo contrario.

Agonía de Macron, despegue de Le Pen

Las elecciones del año que viene supondrán el final del mandato de Macron tras una década en el poder, ya que no puede concurrir a un tercer mandato consecutivo. Sin embargo, el presidente había insinuado que estaba dispuesto a seguir en política de un modo u otro. Los últimos acontecimientos obstaculizan este horizonte.

Manifestante frente a una barricada en llamas en París.

Manifestante frente a una barricada en llamas en París. REUTERS/Abdul Saboor

Los disturbios impulsarán previsiblemente a la candidata de extrema derecha y gran favorita, Marine Le Pen, que mantiene desde hace tiempo un discurso de mano dura en materia de ley y orden. "Le Pen ya no necesita gastar dinero en hacer campaña", declara a Reuters Jean-Baptiste Moreau, exdiputado del entorno de Macron. "No tiene el camino despejado, tiene una autopista de seis carriles".

Mientras tanto, el candidato de extrema izquierda, Jean-Luc Mélenchon, es objeto de críticas por respaldar a los manifestantes sin condenar de forma clara la violencia. No obstante, Macron es el principal objeto de críticas. Su ex primer ministro Édouard Philippe, ahora candidato presidencial de centro-derecha, afirmó en X que deseaba "decisiones e iniciativas" para "restablecer el orden".

La gira por el golfo conlleva riesgos para Macron, ya que refuerza la idea de un presidente desconectado del sentir popular. La víspera de los disturbios, acudió junto a su esposa Brigitte a un concierto de Céline Dion, lo que ha llevado a sus críticos a compararlos con una versión moderna de Luis XVI y María Antonieta, los monarcas derrocados por la Revolución Francesa.

En una muestra de su impopularidad, antiguos aliados han comenzado a debatir abiertamente si Macron debería abandonar el cargo antes de que finalice su mandato. Moreau, que habló con Macron el domingo, afirmó que le instó a preparar una salida anticipada y evitar otros seis meses de deriva. "No quiere rendirse, ese no es su carácter. Pero eso es lo que debería hacer por el país".