Europa

El histórico Ayuntamiento de Limoges sufre graves daños en un incendio provocado durante las manifestaciones en Francia

Una persona ha fallecido después de sufrir una parada cardiorrespiratoria en medio de las protestas.

Más información: La derecha reclama investigar al grupo de Mélenchon y Podemos en la Eurocámara por instigar la violencia estudiantil en Francia

Cristina Muñiz | Agencias E. Rodríguez
Publicada
Actualizada
LO ESENCIAL
Exclusivo suscriptores
LO ESENCIAL
Generado con IA

El histórico Ayuntamiento de Limoges, construido en el siglo XIX, ha quedado prácticamente destruido tras ser incendiado por manifestantes violentos.

Las protestas multitudinarias en toda Francia reunieron a más de 500.000 personas por el descontento social, la inflación y la pérdida de poder adquisitivo.

La jornada se saldó con una persona fallecida, al menos 1.200 detenidos y 150 agentes de las fuerzas de seguridad heridos.

El primer ministro Sébastien Lecornu denunció una maniobra política detrás de los disturbios y aseguró que el Gobierno no se dejará intimidar por la violencia.

Las protestas en Francia, en un principio lideradas por los estudiantes pero a las que ahora se han sumado muchos trabajadores llevados por un profundo malestar, se han convertido en una oleada de violencia y enfrentamientos.

A su paso, los manifestantes han dejado calles destrozadas, vehículos rotos y señales del caos que se esta viviendo. En medio de todo ello, una persona ha fallecido tras sufrir una parada cardiorrespiratoria.

Una de sus víctimas ha sido el Ayuntamiento de Limoges, declarado monumento histórico y construido en el último cuarto del siglo XIX. Poco queda de lo que fue.

Ha sido prácticamente destruido devorado por las llamas de un incendio provocado durante un ataque de manifestantes.

"No hay palabras para condenar lo que ha ocurrido, de tan abyecto que es", declaró el alcalde de esta ciudad del centro de Francia, Guillaume Guérin, en declaraciones a los medios esta noche, cuatro horas después de que varios cientos de personas incendiaran hacia las 17.00 horas el Ayuntamiento y dejaran varios coches volcados delante del edificio.

Los asaltantes fueron evacuados rápidamente, pero las llamas no pudieron ser extinguidas y se propagaron a las plantas superiores y alcanzaron la techumbre que terminó derrumbándose.

"Desde mañana vamos a asegurar una continuidad del servicio, vamos a organizarnos. Han destruido un edificio que los habitantes de Limoges aman, pero no han destruido el servicio público. Es un monumento que quema, pero no la República", afirmó Guérin.

El primer edil se mostró convencido de que la justicia actuará y envió "un mensaje a los delincuentes: 'seréis detenidos".

A su juicio, los policías nacionales que estaban encargados de la seguridad de las protestas en la ciudad "no tenían suficientes medios" para contener "el millar" de manifestantes violentos que participaban en el desfile.

Luego, según su relato, los policías municipales que estaban en el Ayuntamiento lograron escapar cuando "esos bárbaros entraron explicando que los iban a matar".

Insistió en que ese comportamiento "no es estupidez, es odio a la bandera francesa (...), odio a las instituciones, odio a los directores de instituto, odio a los polis, odio a los políticos, odio a todo lo que encarna la autoridad".

El edificio del Ayuntamiento se había construido entre 1876 y 1883 sobre la base del antiguo Ayuntamiento de París con una mezcla de estilos de finales del Renacimiento y de la época de Luis XIII.

Pasadas las ocho y media de la tarde, las llamas alcanzaron la cubierta y provocaron el derrumbe del campanario, elevando una enorme columna de humo sobre la ciudad. El fuego se propagó velozmente por un ala del consistorio y calcinó el tejado, dejando las vigas al borde del colapso estructural.

Movilizaciones multitudinarias

La movilización reunió a decenas de miles de personas en todo el país —500.000 según el sindicato CGT—, a seis meses de las elecciones presidenciales, con reivindicaciones relacionadas con la inflación, el precio de los carburantes y la pérdida de poder adquisitivo.

Sin embargo, aunque muchas de las marchas transcurrieron con normalidad, los incidentes violentos focalizaron la atención de la jornada en París, Lyon, Marsella o Lille, donde se produjeron sucesos graves, especialmente en estas dos últimas ciudades donde fueron asaltados sus respectivos ayuntamientos.

De hecho, el primer ministro francés, Sébastien Lecornu, llegó a afirmar que detrás de la violencia en la que degeneraron algunas de las protestas sociales de este sábado hay una maniobra política.

A su vez, también anunció que 1.200 personas fueron detenidas tan solo en un día, en el que además 150 policías y gendarmes resultaron heridos.

En una comparecencia ante la prensa poco antes de la medianoche del sábado durante una salida para manifestar su apoyo a las fuerzas del orden, Lecornu indicó que su ministro de Justicia, Gerald Darmanin, ha dado instrucciones a los fiscales para que pidan prisión provisional para los detenidos.

Justificó esas instrucciones porque los arrestados presentan "perfiles particularmente violentos y peligrosos".

"No se puede permitir que una minoría destroce y que sean siempre los mismos los que pagan", añadió después de haber hecho hincapié en que en París se habían intentado atacar "los centros de poder" como el palacio del Elíseo, Matignon, que es la residencia oficial del primer ministro, o la Asamblea Nacional.

"Por lo tanto es claramente una maniobra política que acepta la violencia", añadió antes de subrayar que "no nos dejaremos intimidar".

Los alcaldes de París, Marsella y Lyon, tres de las ciudades más afectadas por los destrozos y los pillajes, han solicitado una reunión con Lecornu a principios de la próxima semana, "dada la magnitud de los daños y la gravedad de la situación" relacionada con la violencia, el vandalismo y los saqueos ocurridos en sus ciudades el sábado.

"Exigimos un diagnóstico preciso que explique la cadena de acontecimientos que condujeron a esta situación. Esto no puede ni debe volver a ocurrir", escribieron el socialista Emmanuel Grégoire (París), el independiente de izquierdas Benoît Payan (Marsella) y el ecologista Grégory Doucet (Lyon) en un comunicado conjunto.

Los tres cargos electos afirmaron que incluyen a todos los alcaldes de los municipios afectados en su iniciativa.

Las manifestaciones que se desarrollaron por todo el país con una larga lista de reivindicaciones y convocadas por un variado conglomerado de colectivos, empezando por los estudiantes, pero también miembros de los 'chalecos amarillos' o empleados de servicios públicos reunieron a 550.000 personas, según el Gobierno y hasta más de 800.000, según los organizadores.

Una asistencia masiva —110.000 sólo en París, de acuerdo con el Ministerio del Interior—, que superó muy ampliamente las expectativas del Ejecutivo, que en vísperas de esta jornada había indicado que serían como mucho 150.000 en todo el país.

Otra sorpresa relativa fue el nivel y la amplitud de la violencia en muchas ciudades, con ataques a edificios públicos (el que más marcó la destrucción por un incendio del histórico edificio del Ayuntamiento de Limoges) y saqueos de cientos de comercios.

"No nos dejaremos intimidar"

El primer ministro Sébastien Lecornu declaró este sábado que Francia no se dejaría "intimidar" por la violencia después de que decenas de miles de personas protestaran contra el aumento de los costes y el deterioro de los servicios públicos, meses antes de las elecciones presidenciales.

"A quienes claramente quieren usar esta violencia como un 'calentamiento' antes de las elecciones presidenciales, les digo claramente: no nos dejaremos intimidar. Nadie impondrá su agenda política mediante la violencia", escribió en una publicación en X.

En la cabecera de la marcha parisina iba el líder de La Francia Insumisa y candidato a la Presidencia francesa, Jean-Luc Mélenchon, quien fue señalado por la líder ultraderechista y también rival al Elíseo, Marine Le Pen, por "legitimar la violencia" y buscar "precipitar al país en el caos".

Su delfín, Jordan Bardella, afirmó que los responsables de los incidentes eran los "profesionales del caos" y acusó a la extrema izquierda de desacreditar las reivindicaciones sociales. Por su parte, Mélenchon, criticó la cobertura televisiva de los disturbios y destacó el carácter pacífico de numerosas concentraciones.

La convocatoria surgió de un vídeo viral publicado en TikTok a comienzos de septiembre y ganó apoyo ante el aumento de los precios de la gasolina y del coste de la vida. Sus promotores buscaron recuperar el impulso del movimiento de los 'chalecos amarillos' de 2018 y 2019, que marcó el primer mandato del presidente francés, Emmanuel Macron.

La movilización reunió a estudiantes, trabajadores, jubilados, agricultores, activistas climáticos y militantes antifascistas. Varias figuras del movimiento original de los 'chalecos amarillos' respaldaron la convocatoria, que también coincidió con las protestas estudiantiles iniciadas en septiembre para reclamar mejores condiciones educativas.