Un compungido Volódimir Zelenski durante su visita al primer ministro británico, Andy Burham.

Un compungido Volódimir Zelenski durante su visita al primer ministro británico, Andy Burham. HENRY NICHOLLS/Pool via REUTERS

Europa

Europa trata de aplacar la cólera de Zelenski tras la "traición" de EEUU por temor a dar a Trump el pretexto para apoyar a Putin

La UE pide al presidente ucraniano "contención" después de que dijera sentirse "traicionado" por la interrupción del servicio Starlink y reanudara el bombardeo a refinerías rusas.

Más información: Putin ignora la tregua de Trump y castiga las centrales de energía de Ucrania mientras Zelenski acusa a EEUU de desprotegerles

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Los líderes de la Unión Europea pedirán a Volodímir Zelenski que modere sus críticas públicas hacia Donald Trump para evitar un mayor deterioro de las relaciones entre Kiev y Washington.

Trump acusó al presidente ucraniano de encarecer los combustibles debido a los ataques contra refinerías rusas y llegó a sugerir la necesidad de un cambio de liderazgo en Ucrania.

Zelenski rechazó frenar los ataques energéticos tras suspenderlos tres días y afirmó que solo aceptaría una tregua a cambio del suministro de más misiles Patriot.

Europa teme perder el respaldo militar y la inteligencia estratégica de EEUU, mientras Ucrania demuestra su capacidad militar tras liberar terreno y afectar un 30% de la producción de refinerías rusas.

Los dirigentes de la Unión Europea tienen pensado pedir este viernes al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, que modere sus críticas públicas a Donald Trump, según han contado al Financial Times tres altos funcionarios al tanto de los preparativos de la cumbre que se está celebrando en Bruselas. El mensaje, añaden, será de apoyo, pero también de firmeza.

"Probablemente, Zelenski tenga razón, pero no siempre hace falta decirlo en voz alta", resume uno de ellos. Lo que temen en las capitales europeas es que las palabras cada vez más crudas del presidente ucraniano deterioren aún más la relación de Kiev con Washington, en pleno acercamiento de Trump a Vladímir Putin.

El vínculo entre el presidente estadounidense y el ucraniano atraviesa su peor momento desde el rapapolvo que Trump le echó a Zelenski en el Despacho Oval en febrero de 2025, aunque los problemas vienen de mucho antes. De hecho, las cosas entre ambos líderes se torcieron casi desde el principio.

En julio de 2019, con el ucraniano recién llegado al cargo y casi 400 millones de dólares de ayuda militar congelados por Washington, Trump le pidió por teléfono que investigara a Joe Biden y a su hijo Hunter, que había sido consejero de la gasística Burisma.

La llamada le costó al republicano su primer impeachment, del que el Senado lo absolvió en febrero de 2020. Con Putin, en cambio, siempre se ha mostrado mucho más indulgente: en agosto de 2025, lo recibió con alfombra roja en Alaska, seis meses después de llamar a Zelenski "dictador sin elecciones".

Lo ocurrido en los últimos días va mucho más allá. Trump, que se juega el control del Congreso en las elecciones legislativas del 3 de noviembre con los carburantes por las nubes, habló el viernes 9 con Putin, calificó la conversación de "todo un éxito" y anunció que Rusia suministraría de inmediato más de 300.000 toneladas de diésel a Estados Unidos y al resto del mundo.

El Tesoro autorizó esas ventas, pese a las sanciones, hasta abril de 2027, y al día siguiente, Trump culpó a Zelenski de la subida de los precios por atacar refinerías rusas. Un reproche, como poco, parcial: a nadie se le escapa que las continuas subidas de la gasolina y el diésel -hasta un 20% en España, por ejemplo, desde mediados de julio- se deben principalmente a la guerra de Irán.

Ese mismo sábado, Trump añadió más leña al fuego al asegurar que "ha llegado el momento de que Ucrania tenga un nuevo presidente". Kiril Dmitriev, enviado de Putin, lo celebró como "un momento icónico e histórico", y Elon Musk se sumó desde X con un "Zelenski ha ido demasiado lejos".

En paralelo, el ejército ucraniano viene denunciando que, desde hace unos días, sus drones pierden la conexión por satélite en cuanto superan unos 160 kilómetros por hora. Esa conexión depende de Starshield, la versión militar de Starlink, y el corte afecta precisamente a los aparatos más rápidos, como los interceptores con los que Ucrania derriba los drones rusos.

Lo curioso es que Musk se ha desentendido del problema: según él, los límites de esa versión militar los decide el ejército de Estados Unidos y, en última instancia, el presidente. Dos altos funcionarios estadounidenses, sin embargo, aseguraron a la CNN que la orden no había salido de tan arriba.

Se acabó lo que se daba

Pese a todo, Zelenski insiste en no achantarse. Lleva más de cuatro años y medio en guerra y nunca ha sido un político al uso: llegó a la presidencia desde la televisión, donde protagonizó Servidor del pueblo, una serie sobre un profesor de instituto que acababa al frente del país.

Estos días se está desahogando a gusto contra Trump después de años de obligada prudencia. Al portal de noticias Axios le dijo que el acuerdo con Moscú "parece un regalo de cumpleaños para Putin", que había cumplido 74 años dos días antes, y en Fox News le recordó a Trump que el gasóleo está caro por el bloqueo de Ormuz y no por los drones ucranianos.

Ante el Foro de Seguridad de Varsovia llegó a proponer a los Estados Unidos un "acuerdo del gasóleo" con Ucrania, porque Kiev, dijo, tiene mucho que decir sobre si las refinerías rusas funcionan o no.

Un edificio en Kiev incendiado por el ataque de un dron,

Un edificio en Kiev incendiado por el ataque de un dron, REUTERS/Sergiy Chalyi

La entrevista que publicó este jueves el Financial Times no tiene desperdicio. Zelenski cuenta que Ucrania suspendió durante tres días sus ataques contra refinerías para respetar la "tregua energética" que Trump anunció por sorpresa el domingo 11, mientras Rusia seguía golpeando la red eléctrica ucraniana.

"Se acabó el veto. Hasta aquí hemos llegado", zanjó contundente. Anoche, los drones ucranianos incendiaron la refinería de Riazán, que abastece a Moscú y concentra el 5% de la capacidad de refinado rusa.

Zelenski solo volvería a frenar los ataques a cambio de más misiles Patriot, que considera el "mínimo" imprescindible. En la misma entrevista le reprocha a Trump su debilidad por los autócratas y los ultrarricos: "Le encanta esa gente y la respeta".

No se quedó ahí Zelenski. Según el líder ucraniano, militares estadounidenses llegaron a advertir a los ucranianos: "Si no paráis, os cortamos la inteligencia". El lunes y el martes, los misiles balísticos rusos cayeron sobre Kiev sin el aviso previo que suelen dar los satélites aliados.

Trump asegura que Washington sigue compartiendo información, y el ministro de Exteriores ucraniano, Andrí Sibiga, atribuyó el fallo a un tipo especial de armamento.

Zelenski, en cambio, lo ve como una toma de partido. "Duele que el presidente Trump elija un bando y que no sea el nuestro. Si dice que quiere mediar, debería quedarse en el medio", le dijo en una entrevista al periodista británico Piers Morgan.

Trabajadores de un supermercado limpian los destrozos causados por un dron ruso en Odesa, Ucrania.

Trabajadores de un supermercado limpian los destrozos causados por un dron ruso en Odesa, Ucrania. REUTERS/Nina Liashonok

Dos miedos y un solo culpable

Los europeos echan de menos la mencionada prudencia… y no les faltan motivos. Estados Unidos ya no da dinero a Ucrania - solo le vende armas que pagan los ucranianos y sus socios europeos - y la Unión, junto al Reino Unido, Canadá y algún aliado asiático, se ha convertido en el gran sostén de Kiev.

El primer ministro británico, Andy Burnham, que sustituyó a Keir Starmer en julio y recibió a Zelenski el miércoles en Downing Street, ya ha dicho que su papel consiste en intentar volver a tender puentes con Washington.

Ucrania tampoco está para perder amigos: Corea del Sur ha llamado a consultas a su embajador después de que Zelenski revelara ante la ONU el traslado a Seúl de dos prisioneros norcoreanos, una operación que el gobierno surcoreano consideraba confidencial.

Europa tiene miedo de Rusia y, a la vez, tiene miedo de Trump. Su defensa y la de Ucrania dependen del paraguas estadounidense, empezando por los satélites que detectan el lanzamiento de cada misil ruso.

Fabian Hoffmann, experto en misiles del Instituto Noruego de Estudios de Defensa, advierte de que los europeos tienen una capacidad “muy limitada” para sustituir esa alerta temprana.

Según fuentes europeas y ucranianas citadas por la CBS, la Casa Blanca habría amenazado también con frenar las compras europeas de armamento estadounidense para Kiev si continúan los ataques a refinerías.

La presión, como se ve, crece y no se limita a los ucranianos. El Financial Times informó este jueves de la propuesta del enviado especial de Trump, Steve Witkoff, y el yerno del presidente, Jared Kushner, para descongelar parte de los activos rusos inmovilizados en Europa y pasarlos a un fondo controlado por Washington.

Aunque Europa, de momento, se ha negado, lo cierto es que, entre irritar a Trump o incomodar a Zelenski, parece más proclive a lo segundo, lo cual no deja de ser contradictorio, pues viene a indicar que el ucraniano es el más débil aunque se llenen la boca de discursos encendidos en su favor.

Por ejemplo, Kaja Kallas, jefa de la diplomacia europea, recordó este jueves que hay que presionar "al agresor para que pare la guerra, no a la víctima para que se rinda", y el canciller alemán, Friedrich Merz, afirmó que lo que está en juego en Ucrania es "el orden político de Europa".

Es decir, en privado piden silencio al presidente que, según dicen en público, es quien sostiene ese orden con la sangre de sus ciudadanos.

¿Débil? Que pregunten en Limán

Lo paradójico de este paternalismo es que Ucrania ha construido en cuatro años el ejército más curtido del continente. Según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, por sus siglas en inglés), tiene 677.000 militares en activo, más del triple que Francia, lo que convierte a su ejército en la segunda fuerza de Europa tras la rusa y en la única que se ha medido con ella a gran escala.

Maneja una de las mayores flotas de drones del mundo y fabrica sus propios misiles, como el balístico táctico FP-7, que estrenó a principios de octubre. Este verano ha demostrado de lo que es capaz: en agosto, Kiev anunció que sus tropas de asalto aéreo habían recuperado 745 kilómetros cuadrados en el sureste del país desde finales de enero.

En septiembre, además, se hicieron públicos los detalles de la Operación Vivaldi, con la que el Tercer Cuerpo de Ejército ha liberado ya 277 kilómetros cuadrados y 16 localidades alrededor de Limán, en el Donbás, a base de drones y robots terrestres que le ahorran bajas propias.

Según el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), la operación ha reducido de forma sustancial el saliente ruso al norte de la ciudad, contra la que Moscú llevaba más de año y medio lanzando a sus tropas.

Rusia, mientras tanto, se desgasta sin avanzar. El Estado Mayor ucraniano le atribuye 46.230 bajas en septiembre, su peor cifra del año, y el ISW calcula que ese mes perdió más terreno del que ganó y que su reclutamiento ya no cubre las pérdidas.

El presidente de la patronal rusa, Aleksandr Shojin, admitió en agosto que los ataques ucranianos, los mismos que Trump exige ahora detener, habían reducido entre un 25% y un 30% la producción de las refinerías rusas.

Ni con la medalla del Nobel

Zelenski ya intentó contentar a Trump por las buenas, que es en el fondo lo que ahora le piden los europeos. Tras la bronca del Despacho Oval, volvió a la Casa Blanca en agosto de 2025 y dio las gracias nueve veces en el primer minuto de la reunión. Hoy Trump pide su relevo.

María Corina Machado fue más lejos y en enero le regaló la medalla de su Nobel de la Paz, pero Trump siguió respaldando en Venezuela a Delcy Rodríguez, la vicepresidenta de Nicolás Maduro que asumió el poder después de que Estados Unidos capturara a su jefe.

Si ni las nueve gracias de Zelenski ni la medalla de Machado han ablandado a Trump, es difícil que lo consiga ahora el silencio del ucraniano, y Europa tendrá que acostumbrarse a vivir con miedo.

Porque lo cierto es que la derrota rusa, por puro desgaste, es hoy más probable que el 24 de febrero de 2022, cuando pocos daban a Kiev más de unos días de resistencia.

Es todavía un escenario remoto, por supuesto, y sin Estados Unidos lo sería aún más, pero es el único final que Zelenski puede defender ante los suyos.

Cuando este jueves repitió que Ucrania seguiría luchando hasta que Rusia perdiera, Musk le respondió: "Y así sigue la matanza… Es hora de que Zelenski se vaya".

Trump, mientras tanto, al culparle del precio del gasóleo por atacar las refinerías que sostienen la invasión, viene a reprocharle a un país que defienda su territorio y a sus ciudadanos. Callarse ante esas acusaciones puede ser lo más inteligente, pero no es lo propio de un valiente guerrero.