El ministro de Defensa ruso, Sergei Shoigu, y su homólogo bielorruso, Viktor Khrenin, en la feria militar Army-2023

El ministro de Defensa ruso, Sergei Shoigu, y su homólogo bielorruso, Viktor Khrenin, en la feria militar Army-2023 Reuters

Europa

"Carne de cañón": Rusia vuelve a apelar a los presidiarios para sus tácticas suicidas en Ucrania

Se les utiliza siempre para las operaciones más arriesgadas, donde la cantidad de soldados sustituye a la calidad del armamento y a la estrategia.

15 agosto, 2023 02:10

Hasta 49.000 presidiarios rusos participaron en la toma de Bakhmut por parte del Grupo Wagner. Se les ofrecía huir del régimen de torturas constantes e inseguridad en los distintos centros penitenciarios y un salario inimaginable en la vida civil. A cambio, tan solo seis meses en el frente incluyendo la correspondiente formación. Desprovistos de experiencia en la mayoría de los casos, Prigozhin los utilizó como mera "carne de cañón" que mandar como infantería en sus misiones suicidas.

Hasta el 20% de los alistados acabaron muriendo en Ucrania, en torno a los diez mil hombres. Eso, prácticamente en un solo frente y en bastante menos de un año. Se calcula que otros quince mil quedaron heridos de diversa gravedad. En total, la mitad de los voluntarios cayó en acto de servicio para engordar el ego de Prigozhin y afianzar su carrera política.

Eso sí, los supervivientes recibieron el dinero prometido, al igual que sus familias, y efectivamente quedaron en libertad. Algunos, incluso, fueron condecorados por su valentía por el propio Vladimir Putin. Otros, devastados, reincidieron en la criminalidad nada más llegar a Rusia.

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Ahora que Wagner ha caído en desgracia -nadie sabe muy bien qué es de ellos, se rumoreó su marcha de Bielorrusia y, en Níger, los rebeldes de la junta les esperan como agua de mayo-, es el Ministerio de Defensa el que se encarga de hacer leva en las prisiones. Como el año pasado, los alicientes son obvios: salir de colonias penitenciarias sobrepobladas, huir de los malos tratos físicos de guardianes y compañeros y la promesa de la libertad en caso de supervivencia. Los juegos del hambre en versión Kremlin.

La diferencia es que el Ministerio de Defensa no es Wagner. O al menos eso comentan fuentes anónimas a The New York Times. De entrada, la enorme devaluación del rublo hace que los sueldos sean objetivamente inferiores, en torno a los 2.000 euros al mes por los casi 3.000 de la anterior quinta. Aparte, no hay garantías de pago y sí enormes presiones para volver a alistarse una vez cumplido su tiempo de combate, lo que, en la práctica, les sigue convirtiendo en presos del estado.

Confusos y borrachos

Por lo demás, su papel en el frente es exactamente el mismo: servir de blanco fácil para el ejército enemigo, que gasta con ellos la munición que no gastará con los cuerpos de élite. Metida de lleno en una guerra de desgaste, Rusia tiene claro que la vida de sus soldados, sobre todo de los no profesionales -no solo presidiarios, sino también movilizados forzosos- es prescindible si así se consigue erosionar al otro bando.

La diferencia, tal vez, es que en esta ocasión no hay un Bakhmut, es decir, Rusia no está a la ofensiva sino a la defensiva. Eso, en principio, debe limitar el número de bajas. Se supone que la mayoría de estos presidiarios están en unidades de primera línea de fuego en lugares en principio poco problemáticos como debería ser el sur de Jersón. Tal vez ese exceso de confianza ha ayudado a que Ucrania haya conseguido cruzar el río Dniéper por al menos dos lugares, junto a las ruinas del puente Antonovski y en las inmediaciones de la ciudad de Kozachi Lageri.

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La moral de las tropas rusas es uno de los principales problemas para el Kremlin desde el inicio de la guerra, pero tampoco se aprecia mucho interés en remediarlo: en las últimas horas, hemos visto imágenes de soldados rusos retrocediendo en desbandada tras un contraataque fallido en Klischiivka (afueras de Bakhmut) y los lugareños insisten en que buena parte del éxito ucraniano en Robotyne, Urozhaine y otras ciudades importantes del sur de Zaporiyia y el oeste de Donetsk tiene que ver con el elevado de embriaguez de las tropas de ocupación.

"No somos seres humanos"

"Para ellos no somos seres humanos, solo criminales", dice la fuente anónima del Times en referencia al trato de sus comandantes. "Había muertos por todas partes, y nos prohibían recoger sus cuerpos", añade al hablar de unos enfrentamientos en las orillas del río Dniéper ya en mayo de los que apenas se informó en su momento.

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Es imposible saber el número de prisioneros fallecidos desde que el ministerio de defensa los utiliza para su propio ejército. La BBC calcula que representan la mayoría de bajas en los últimos meses dado que se les utiliza siempre para las operaciones más arriesgadas, donde la cantidad de soldados sustituye a la calidad del armamento y a cualquier otro tipo de táctica militar.

"¿Qué demonios hago aquí?", se preguntaba meses atrás otra de las fuentes del periódico estadounidense, un soldado ya fallecido. "No veo al enemigo, solo las explosiones que hacen que salte de un lado a otro como un conejo", añadía. "No es nuestra guerra", confiesa el primer interlocutor anónimo, "es completamente inhumano". Ahora mismo, tras pasar por un hospital de Crimea, descansa las secuelas de las heridas recibidas en la pierna tras un ataque suicida que fue repelido con éxito por Ucrania en el eterno Dniéper. Aún no sabe si cobrará lo que le queda pendiente o no. Teme que le vuelvan a enviar al frente. Él prefiere la cárcel.